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Pierde terreno Pemex y el mercado de combustibles

Pierde terreno Pemex y el mercado de combustibles

El objetivo gubernamental de que las gasolinas no aumenten en términos reales, puede ser perjudicial para Petróleos Mexicanos

Fluvio Ruíz Alarcón

En el número anterior de nuestra revista, señalamos que la focalización de esfuerzos de Petróleos Mexicanos, rumbo al final del sexenio, sería un terreno fértil para el análisis en los meses por venir.

En este sentido, un punto muy importante, es el referente a la voluntad de Pemex de recuperar su participación en el mercado nacional de combustibles. Aquí vale la pena recordar que el objetivo implícito de la primera de las dos reformas hechas el año pasado a la Ley de Hidrocarburos, era precisamente gestionar los permisos de importación de crudo y las capacidades de transporte, almacenamiento y distribución de los operadores privados, de tal manera que estos solo cubrieran la porción del mercado de combustibles que la petrolera nacional no pudiera satisfacer. Asimismo, la segunda reforma a la Ley buscaba decretar que ya existen condiciones efectivas de competencia en el mercado de combustibles, por lo que se vuelve innecesario mantener la regulación asimétrica sobre Petróleos Mexicanos. A raíz de diversos amparos interpuestos frente a ambas reformas, su aplicación ha sido suspendida mientras estén en revisión por parte del Poder Judicial.

Ahora bien, uno de los principales objetivos de la reforma energética de 2013-2014, fue la constitución de un mercado interno de combustibles. Esto significaba desplazar a Pemex de las porciones más rentables del mismo y, en ese afán, en la segunda mitad del sexenio anterior se reformó la Ley de Hidrocarburos y se emitieron diversas disposiciones administrativas y regulatorias para acelerar el proceso de substitución creciente de Pemex en la importación, transporte, almacenamiento y distribución de refinados. Sin embargo, a finales de la administración pasada y a pesar del otorgamiento de cientos de permisos de importación, Pemex seguía produciendo o importando, la cuasi totalidad de los combustibles consumidos en México.

A raíz de las facilidades otorgadas a los operadores privados para mitigar el desabasto provocado por las medidas implementadas al inicio de esta administración, en contra del robo y comercio ilegal de combustibles, la penetración del sector privado en el mercado de combustibles ha ido en franco crecimiento. De representar una porción marginal (0.1%) de la venta de combustibles en noviembre de 2018; hoy alcanza el 22% de la venta de gasolinas y el 27% de la de diesel, como proporción del volumen comercializado en el país. Esta expansión se explica también por las dificultades operativas que enfrenta Pemex Transformación Industrial.

En efecto, Pemex tuvo en 2020 el menor porcentaje de proceso de crudo en relación a su capacidad instalada (37%), desde que el Sistema Nacional de Refinación consta de seis refinerías, tras el cierre de la refinería de Azcapotzalco en1992. Este indicador mejoró significativamente en 2021; pero se mantiene por debajo del 50%.

La posibilidad de consolidar este indicador sigue estando limitada por la producción de combustóleo. Entre agosto de 2020 y noviembre de 2021, la producción de combustóleo superó a la producción de gasolinas en el SNR, situación que apenas se invirtió en diciembre del año pasado, cuando se produjeron 255,400 barriles diarios de gasolinas frente a 212,000 barriles diarios de combustóleo. Sin embargo, en enero de este año, el diferencial se cerró: el promedio diario de barriles de gasolina producidos fue de 271,200; apenas superior al de combustóleo, que alcanzó los 268,800.

El promedio de producción anual de combustóleo en 2021 fue de 244,300 barriles diarios, frente a los 232,900 barriles diarios que se produjeron de gasolina en promedio. Este hecho, incide en la operación y eficiencia del sistema nacional de refinación, puesto que los procesos deben disminuir en tanto se da salida al combustóleo acumulado.

Del lado de la comercialización de petrolíferos, de acuerdo a la Onexpo, al 31 de enero pasado, 6,904 estaciones de servicio (53.5% del total) operaban bajo la franquicia de Pemex y 5,999 (46.5%) lo hacían bajo otras marcas. Asimismo, aunque 1,286 estaciones sin su franquicia, siguen comprando combustibles producidos o importados por Pemex, el dato no deja de ser significativo de su pérdida de mercado interno.

Por otro lado, el objetivo gubernamental de que las gasolinas no aumenten en términos reales, en un escenario persistente de precios elevados del petróleo, puede ser perjudicial para Pemex, quien podría terminar abasteciendo a precios subsidiados las regiones menos rentables para el negocio sí, a pesar de haberse eliminado el cobro del IEPS, el incremento de los precios resultantes supera significativamente a la inflación acumulada desde diciembre de 2018. Sobre todo en el marco de la guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada al momento de escribir estas líneas.

En ese contexto, tendríamos que empezar a preguntarnos ¿cuál es la fiscalidad social, energética y ambientalmente óptima de los combustibles fósiles? ¿el sacrificio fiscal de 104,076 millones de pesos que hizo el Estado en 2021 para controlar los precios de las gasolinas y el diesel, no podría haber tenido un mejor destino?

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