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Energía

Plantean apoyo fiscal para incentivar producción de gas natural

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, informó que Petróleos Mexicanos (Pemex) se encuentra en búsqueda de una empresa privada que les ayude con la extracción de gas natural en aguas profundas del Golfo de México.

“Estamos buscando la forma de rehabilitar esas plataformas. Solo podríamos hacerlo con inversión privada en sociedad, buscando que tengamos nosotros la mayoría”, anunció.

Durante su conferencia de prensa, AMLO aseguró que su gobierno evalúa procurar un subsidio fiscal para incentivar la extracción de gas por parte de privados.

En diciembre pasado, durante la presentación de la nueva estrategia de negocios de la empresa productiva del estado, su director general, Octavio Romero Oropeza, aseguró que retomará el desarrollo del activo Lakach, que fue suspendido en 2016 y que le ha representado pérdidas a la empresa por 64.8 millones de dólares.

El proyecto Lakach es un yacimiento de gas natural en aguas profundas del Golfo de México, el cual cuenta con 8 pozos perforados en 2006 y con el que se esperaban recuperar 938 mil millones de pies cúbicos diarios de gas.

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Incidente en Salina Cruz reaviva alertas en Pemex

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Incidente en Salina Cruz reaviva alertas en Pemex

La noche del 21 de junio se registró un incidente con fuego visible en el entorno operativo de la refinería Antonio Dovalí Jaime, en Salina Cruz, Oaxaca, en una franja cercana a la colonia Aviación y al corredor que conecta la planta con la terminal marítima. Horas después, Petróleos Mexicanos (Pemex) informó que controló una fuga de combustóleo en el kilómetro 2+500 del ducto de 16 pulgadas Refinería-Terminal Marítima, mientras autoridades locales y corporaciones de auxilio mantuvieron presencia en la zona.

De acuerdo con la información oficial disponible, personal especializado de Pemex acudió al punto de la pérdida de contención, localizó la filtración, la eliminó y comenzó la recolección del producto expuesto. La empresa precisó que el material recuperado fue llevado a la propia refinería para su manejo bajo sus procedimientos internos y añadió que mantendría vigilancia en el perímetro.

Fuga de combustóleo en zona de Aviación

El episodio generó inquietud entre habitantes de Salina Cruz porque el resplandor y el fuego fueron perceptibles desde distintos puntos de la ciudad, especialmente en áreas cercanas a la colonia Aviación. En esa misma zona se ubica parte del tendido de ductos que enlaza a la refinería con la terminal marítima, una franja industrial sensible por su cercanía con sectores habitados.

En los reportes recabados tras el hecho, Protección Civil indicó de manera preliminar que una hipótesis apuntaba a un manejo inadecuado del drenado de combustible dentro de la instalación, aunque esa versión debía quedar sujeta a revisión técnica. Más tarde, voceros de la refinería señalaron que no se trató de una emergencia mayor, sino de una maniobra controlada de desfogue vinculada con tareas de limpieza, una explicación que buscó desactivar la percepción de riesgo inmediato entre la población, aunque no disipó del todo las dudas públicas sobre el origen del evento.

Antecedentes de incidentes en 2026

El caso no ocurrió en aislamiento. El 9 de junio, Pemex informó sobre otra pérdida de contención en Salina Cruz y señaló que suspendió la operación del sistema de transporte para despresurizar la línea afectada, además de desplegar personal especializado para la atención del evento. En ese episodio, la empresa evitó calificar formalmente el hecho como derrame, aunque imágenes difundidas públicamente mostraron escurrimientos de líquido oscuro sobre una vialidad de la zona.

Antes de ello, el 11 de mayo, la refinería enfrentó un incendio o explosión que dejó seis personas lesionadas, según reportes periodísticos. Posteriormente, Pemex confirmó que uno de los trabajadores heridos falleció, lo que colocó de nuevo en el centro del debate las condiciones de seguridad industrial dentro del complejo.

La repetición de contingencias en un lapso corto coloca presión sobre la gestión operativa del complejo y sobre la capacidad institucional para prevenir eventos mayores. También abre una discusión sobre la calidad del mantenimiento, la integridad de ductos y equipos, y los protocolos de comunicación con la ciudadanía cuando las instalaciones colindan con zonas urbanas.

Refinería estratégica del Pacífico mexicano

La refinería Ing. Antonio Dovalí Jaime fue inaugurada el 4 de agosto de 1979 y, durante décadas, figuró entre las instalaciones clave del sistema nacional de refinación en la costa del Pacífico. La cobertura consultada refiere que ocupa 767 hectáreas, cuenta con 56 áreas de proceso y procesa en promedio alrededor de 240 mil barriles diarios.

Además de abastecer operaciones de refinación, la infraestructura de Salina Cruz se conecta con una terminal marítima que participa en el movimiento de hidrocarburos hacia mercados internacionales. Esa condición vuelve particularmente delicado cualquier incidente en ductos o plantas de proceso, porque sus efectos potenciales abarcan seguridad industrial, continuidad operativa, impacto ambiental y percepción social en una ciudad que convive cotidianamente con instalaciones petroleras.

Rehabilitación, producción y riesgo

En años recientes, Pemex ha insistido en la rehabilitación del Sistema Nacional de Refinación para elevar proceso y disponibilidad de plantas. Sin embargo, la secuencia de eventos registrada en Salina Cruz durante 2026 sugiere que la discusión no puede limitarse al volumen procesado, sino que debe incorporar con más fuerza variables de confiabilidad, mantenimiento preventivo y gestión del riesgo.

Para el debate público, el punto de fondo no es solo si el incidente del 21 de junio resultó un incendio asociado a una contingencia o un desfogue controlado. La cuestión de mayor relevancia es si la empresa puede ofrecer evidencia técnica suficiente para acreditar que sus maniobras, sus ductos y sus sistemas de seguridad operan sin poner en riesgo recurrente a trabajadores y poblaciones vecinas, especialmente en un corredor como el de Aviación, donde los incidentes ya dejaron de percibirse como hechos aislados.

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EE. UU. e Irán: negociaciones rotas y Ormuz cerrado

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EE. UU. e Irán: negociaciones rotas y Ormuz cerrado

Las negociaciones entre Washington y Teherán han entrado en su fase más crítica. Con conversaciones suspendidas en Suiza, un estrecho estratégico bloqueado y amenazas cruzadas entre las dos potencias, el mundo contiene la respiración ante un conflicto que podría redefinir el mapa energético global.

La diplomacia entre Estados Unidos e Irán atraviesa una encrucijada sin precedentes en la era Trump 2.0. Los intentos por convertir una tregua provisional en un acuerdo duradero han chocado contra una muralla de desconfianza mutua, presiones domésticas y agendas que, por ahora, parecen irreconciliables. En el centro del tablero, el Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en la principal ficha de negociación y, al mismo tiempo, en el mayor riesgo para la estabilidad energética internacional.

El colapso de la mesa de Suiza y la escalada en Ormuz

Las conversaciones directas que se llevaban a cabo en territorio suizo quedaron en suspenso cuando la delegación iraní abandonó las negociaciones en respuesta a declaraciones públicas del presidente Donald Trump contra la República Islámica, según indicaron fuentes cercanas al proceso. El episodio reveló la fragilidad del canal diplomático: aun con mediadores activos, una sola declaración presidencial basta para desestabilizar semanas de avances.

El contexto es particularmente volátil. Días antes, los gobiernos habían presentado lo que describieron como un progreso significativo: un alto el fuego temporal y una reapertura parcial del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, ese entendimiento se deterioró con rapidez. Teherán decretó un nuevo cierre del paso marítimo como represalia por ataques registrados en Líbano, y Trump respondió advirtiendo que Washington podría imponer sus propias medidas unilaterales sobre esa ruta si las negociaciones fracasaban definitivamente.

El Estrecho de Ormuz, con apenas 33 kilómetros en su punto más angosto, es el mayor cuello de botella energético del planeta. Según la Agencia Internacional de Energía, por él transita alrededor del 20% del petróleo comercializado a escala global. Un cierre prolongado dispararía los precios del crudo, golpearía a economías importadoras de Asia y Europa, y pondría en jaque a los propios países exportadores del Golfo, que también dependen de ese corredor para sus ingresos.

Tres ejes de conflicto que bloquean cualquier acuerdo

Los equipos negociadores han identificado al menos tres nodos de tensión que han resultado imposibles de desanudar hasta ahora.

El primero es el control del Estrecho de Ormuz. Washington exige garantías de libre tránsito energético bajo supervisión internacional, mientras Teherán sostiene que cualquier mecanismo de ese tipo equivaldría a ceder soberanía sobre aguas que considera estratégicas. Para Irán, la capacidad de cerrar Ormuz no es solo una herramienta militar: es su principal carta de disuasión frente a la superioridad convencional estadounidense.

El segundo eje es el programa nuclear y de misiles. La administración Trump ha insistido en que cualquier alivio de sanciones debe ir acompañado de inspecciones amplias y restricciones al enriquecimiento de uranio, así como límites al desarrollo de misiles balísticos de largo alcance. Teherán rechaza estas condiciones señalando que atentan contra su seguridad estratégica, especialmente en un momento en que su aparato de defensa está debilitado por años de guerra y sanciones.

El tercer punto en disputa es la red regional de aliados iraníes. Estados Unidos ha planteado que Irán reduzca su apoyo a Hezbolá y a otras milicias activas en Líbano, Iraq, Yemen y Siria. Para Teherán, sin embargo, ese entramado de actores no estatales representa el núcleo de su doctrina de disuasión ampliada, y su desmontaje en esta etapa equivaldría a negociar desde una posición de debilidad total.

La mediación de Pakistán y el fracaso del “pacto limitado”

Tras un mes y medio de escalada militar en Oriente Medio, ambas potencias acordaron un alto el fuego de dos semanas y abrieron un canal negociador. Las primeras conversaciones se realizaron en Omán, país que históricamente ha actuado como puente entre Washington y Teherán, y posteriormente el proceso pasó a manos de Pakistán, que mantiene vínculos históricos con ambas partes y alberga la mayor comunidad shií fuera de Irán.

Esa primera ronda concluyó sin acuerdo, lo que obligó a reducir las ambiciones: en lugar de un entendimiento integral, los negociadores intentaron construir un “pacto limitado” centrado exclusivamente en el cese de hostilidades y en garantizar el tránsito por Ormuz, dejando para una fase posterior los asuntos estructurales —programa nuclear, sanciones, influencia regional—. Pero incluso ese formato mínimo ha encontrado obstáculos: los dos gobiernos discrepan sobre el calendario de alivio de sanciones, el alcance de las inspecciones y los mecanismos de verificación en el estrecho.

Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en el Golfo Pérsico e impuesto un bloqueo a puertos iraníes, combinando presión militar y económica para forzar concesiones. Irán, por su parte, utiliza el ritmo de su programa nuclear y el cierre de Ormuz como señales de que puede escalar el costo si Washington no cede en puntos clave. En el plano interno, el gobierno iraní necesita mostrar ante su base política que cualquier acuerdo representa un alivio económico tangible tras una guerra devastadora, no una rendición ante las demandas estadounidenses.

Tres escenarios que marcan el horizonte

Los analistas que siguen el proceso identifican tres trayectorias posibles en el corto plazo.

El primero es una escalada controlada: el cierre de Ormuz y las provocaciones cruzadas podrían derivar en incidentes navales o en ataques indirectos en terceros países, manteniendo la tensión elevada pero sin desencadenar un choque frontal mientras continúa una negociación intermitente. Este escenario es el más probable en el corto plazo, pero el más peligroso si alguno de los dos lados calcula mal.

El segundo es un congelamiento con “pacto mínimo”: Washington y Teherán podrían terminar aceptando un entendimiento muy acotado —garantías básicas de tránsito en Ormuz y mecanismos elementales de verificación— que estabilice la situación militar sin resolver ni el expediente nuclear ni la disputa regional. Sería un alivio temporal para los mercados energéticos, pero dejaría pendiente una bomba de tiempo diplomática.

El tercero, y el más disruptivo, es la ruptura abierta: si Irán sostiene el cierre del estrecho y Estados Unidos decide pasar de las amenazas a acciones contundentes —forzar el paso de convoyes navales o atacar infraestructura iraní—, el marco negociador colapsaría y la crisis se extendería a los mercados globales de energía con consecuencias impredecibles.

La comunidad internacional, encabezada por China e India —los dos mayores compradores de crudo de la región—, observa con alarma una dinámica en la que las señales de distensión duran horas y las de escalada, días. El tiempo de las salidas fáciles parece haberse agotado.

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PEMEX y Petrobras firman un memorando de entendimiento

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PEMEX y Petrobras firman un memorando de entendimiento

Diversas fuentes oficiales y periodísticas coinciden, se trata de un acuerdo de entendimiento o memorando de entendimiento entre PEMEX y Petrobras. La presidenta Claudia Sheinbaum ha descrito reiteradamente que se firmará “un acuerdo de entendimiento” en junio de 2026, orientado a la exploración de aguas profundas y a la eventual explotación mixta en el Golfo de México.

Análisis sectoriales especializados precisan que se concretó un Memorándum de Entendimiento (MoU) enfocado en cooperación técnica, transferencia tecnológica y estudios conjuntos, y subrayan que el instrumento es no vinculante en términos comerciales hasta que se deriven contratos posteriores. Medios como Imagen del Golfo detallan que el convenio es un MoU de cooperación que no supone privatización ni integración empresarial, sino un marco para compartir conocimientos y tecnologías.

Alcances técnicos: aguas profundas, campos maduros y biocombustibles

El eje central del MoU es abrir un canal formal de cooperación en exploración y producción en aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, aprovechando la experiencia de Petrobras, considerada líder mundial en este segmento. La mandataria mexicana ha insistido en que busca aprovechar metodologías brasileñas para perforar en tirantes superiores a 500 metros y analizar el potencial remanente en yacimientos como Cantarell.

Un segundo pilar es la optimización de campos maduros mediante técnicas de recuperación secundaria y terciaria que Petrobras ya aplica en Brasil para encontrar petróleo a mayor profundidad debajo de yacimientos agotados en apariencia. El análisis de Energy News México destaca que el MoU se concentra precisamente en aguas profundas/ultraprofundas del Golfo y en la optimización de campos maduros, con potencial de detonar entre 8,000 y 15,000 millones de dólares de inversión offshore incremental hacia 2030, sujeto a que se concreten contratos derivados.

De forma complementaria, tanto las declaraciones oficiales como la prensa económica señalan posibles colaboraciones en refinación, gas natural y biocombustibles, particularmente biodiésel y etanol a partir de caña, en línea con la agenda más amplia de energía y transición que dialogan México y Brasil.

Declaraciones del gobierno mexicano

En conferencias matutinas, Claudia Sheinbaum ha explicado que el acuerdo se firmaría en junio de 2026, tras una propuesta directa del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva para una alianza PEMEX–Petrobras en el Golfo de México. Sheinbaum ha insistido en que Petrobras es “experto en exploración y producción de aguas profundas” y en una técnica particular para analizar si en campos maduros, como Cantarell, existen reservas a mayor profundidad.

La plataforma oficial Proyectos México recoge la mención de la conferencia del 2 de junio de 2026, donde la presidenta reitera que se va a firmar un acuerdo con Petrobras precisamente por su especialización en aguas profundas y en la revalorización de campos maduros. En la cobertura de Bloomberg Línea, se confirma que el gobierno prevé firmar en junio un acuerdo de entendimiento sobre exploración de aguas profundas, como respuesta a la caída de producción de PEMEX y la necesidad de reponer reservas.

En notas previas, como las de El País y otros medios nacionales, se documenta que desde marzo la mandataria analizaba la propuesta de Lula para una alianza estratégica PEMEX–Petrobras en aguas profundas del Golfo, con visitas técnicas programadas en abril y mayo para evaluar la viabilidad. Esta secuencia refuerza que el MoU es la formalización de un proceso de acercamiento político y técnico que inició meses antes.

Visión desde Petrobras y el lado brasileño

Del lado brasileño, la presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, ha detallado en medios que se prevé firmar un memorando de entendimiento y acuerdos de confidencialidad con PEMEX. Según sus declaraciones, esto permitiría iniciar estudios conjuntos en áreas de tecnología, exploración, producción y refinación, con la visita del director de PEMEX a Brasil para formalizar estos primeros instrumentos.

Coberturas de medios brasileños señalan que Petrobras espera cerrar el memorando con PEMEX “aún este mes de junio”, destacando que el documentos listará diversas áreas de cooperación, intercambio de datos y evaluación de nuevas oportunidades de negocios. Informes económicos apuntan a que la alianza se inscribe en una estrategia de Petrobras para aprovechar la mayor demanda global de crudo y derivados, diversificando sus socios en América Latina.

En conjunto, la narrativa brasileña confirma que el primer paso es un MoU acompañado de acuerdos de confidencialidad, indispensable para compartir información técnica sensible y evaluar proyectos sin compromisos comerciales inmediatos.

Naturaleza jurídica y límites actuales del MoU

Hasta la fecha de las notas consultadas, no hay referencia pública a un texto íntegro del convenio disponible en Gaceta Parlamentaria, Diario Oficial de la Federación o anexos públicos de comunicados oficiales. Los medios y fuentes oficiales hablan del memorando “a firmar” o “recién firmado”, pero no enlazan a la versión PDF ni a anexos técnicos.

Especialistas citados en análisis sectoriales subrayan que el instrumento es un Memorándum de Entendimiento: no es un contrato de operación conjunta, ni una joint venture accionaria, ni implica cesión de campos. Se trata de un marco de cooperación no vinculante que establece objetivos generales, áreas de trabajo y mecanismos de intercambio de personal y metodologías, cuya materialización exige contratos específicos posteriores, sujetos a aprobación de autoridades como CNH y SENER.

Además, algunas notas destacan que el MoU es confidencial en su fase inicial, especialmente en lo relativo a intercambio de datos sísmicos, información geológica y términos de posibles esquemas de explotación mixta. Por ello, es probable que solo cuando se deriven contratos concretos (servicios técnicos, farm-ins, contratos mixtos) se publiquen expedientes con mayor detalle en los canales regulatorios mexicanos.

Implicaciones para el offshore mexicano hacia 2030

Según el análisis de Energy News México, la firma del MoU llega en un momento en que la producción de hidrocarburos líquidos de PEMEX ronda 1.61 millones de barriles diarios (enero–octubre 2025), por debajo de la meta de 1.8 millones al 2030 fijada en su Plan Estratégico 2025–2030. El documento sostiene que la cooperación con Petrobras puede destrabar entre 8,000 y 15,000 millones de dólares de inversión offshore incremental al 2030, siempre que el MoU se traduzca en contratos operativos efectivos.

El mismo análisis estima un potencial de producción incremental atribuible a proyectos habilitados por la tecnología de Petrobras de entre 150,000 y 230,000 barriles diarios hacia 2030, aproximadamente 10–15% de la meta nacional de producción. Áreas como el Cinturón Plegado Perdido (proyecto Trión y descubrimientos contiguos), Campeche Oriente y campos maduros como Cantarell y Ku‑Maloob‑Zaap aparecen como los principales beneficiarios.

La cooperación se alinearía con el uso del vehículo de inversión de 250,000 millones de pesos administrado vía Banobras para financiar proyectos energéticos estratégicos y con la figura de contratos mixtos que el gobierno evalúa para varios proyectos. No obstante, el impacto real dependerá de factores como la disponibilidad de equipos especializados, la situación financiera de PEMEX, la capacidad de ejecución interna y la coordinación regulatoria.

¿Existe el texto íntegro del convenio en abierto?

Con la información disponible hasta el 20 de junio de 2026, no hay evidencia de que el texto íntegro del MoU PEMEX–Petrobras se haya publicado en fuentes oficiales abiertas. Ni las notas de prensa, ni Proyectos México, ni los medios financieros citan o enlazan a un documento completo en formato PDF o similar, lo que sugiere que el acuerdo se mantiene como instrumento técnico–confidencial en esta fase.

Es razonable suponer que, si del MoU se derivan contratos específicos de exploración, producción o inversión, estos deberán pasar por los cauces regulatorios mexicanos (CNH, SENER, posiblemente Hacienda), donde sí se generan expedientes públicos con versiones íntegras o testadas de los documentos. Mientras tanto, quienes requieran revisar el texto con fines jurídicos o periodísticos podrían recurrir a una solicitud de información vía Plataforma Nacional de Transparencia dirigida a PEMEX o SENER, pidiendo el “Memorando de Entendimiento y/o acuerdos de confidencialidad firmados entre PEMEX y Petrobras en 2026”.

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