Petróleo
Pemex aumenta la producción 40% de refinados y va por más
En menos de un año, México dio un giro de timón en su mapa energético: la refinación de crudo creció 40% y el discurso de autosuficiencia dejó de ser solo promesa para traducirse en números duros y en decisiones de inversión de gran calado. Entre octubre de 2024 y julio de 2025, el Sistema Nacional de Refinación pasó de procesar 731 a 1,023 mil barriles diarios, impulsado por mejoras operativas y por la incorporación plena de la refinería Olmeca, en Dos Bocas, al engranaje productivo del país.
El salto no es menor: la producción de destilados de alto valor –gasolina, diésel y turbosina– se elevó 48%, mientras el combustóleo, ese rezago de la vieja refinería mexicana, redujo su peso en la mezcla de 24% a 18%, síntoma de un uso más eficiente de cada barril. Esta recomposición del portafolio permite a Petróleos Mexicanos (Pemex) colocar más combustibles en el mercado interno y depender menos de un producto pesado, más difícil de comercializar y más cuestionado ambientalmente.
Menos importaciones y un mercado más blindado
El avance en refinación ya se refleja en las aduanas. En el mismo periodo, las importaciones de destilados cayeron 26%, al pasar de 536,000 a 398,000 barriles diarios, con descensos claros en compras de gasolina, diésel y turbosina. Menos barcos descargando combustibles significa menos exposición a choques de precios internacionales, a tensiones geopolíticas y a restricciones logísticas que pueden encarecer de un día para otro el costo de mover personas y mercancías en el país.
Este ajuste se alinea con el objetivo político de abastecer el mercado interno con producción nacional y reconfigura la conversación sobre seguridad energética. La narrativa de “soberanía” deja de ser consigna para convertirse en un juego de equilibrios: más producción local, pero también más responsabilidad fiscal y ambiental para una empresa que sigue arrastrando deuda, pasivos laborales y una ruta compleja de transición energética.
Reservas, pozos y la apuesta de largo plazo
En paralelo a la expansión, Pemex se juega una apuesta de fondo en exploración: añadir más de 2,000 millones de barriles de petróleo a reservas probadas mediante la perforación de 269 pozos exploratorios en seis proyectos estratégicos en Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Campeche. El mensaje es claro: no se trata solo de exprimir campos maduros, sino de sostener, al menos por una década, la plataforma de consumo interno.
El plan 2024‑2030 fija como techo producir alrededor de 1.8 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos durante el próximo sexenio. Para llegar ahí se prevén más de 2,000 perforaciones y 1,300 reparaciones mayores, con una inversión superior a 220,000 millones de pesos únicamente en exploración y desarrollo. Detrás de las cifras se perfila un nuevo contrato político: el gobierno exige disciplina productiva y compromisos de sustentabilidad; la empresa reclama márgenes de maniobra y certidumbre presupuestal para ejecutar proyectos que maduran en horizontes de años, no de ciclos electorales.
Gas natural, la nueva palanca de la política energética
Si el petróleo mantiene la narrativa histórica, el gas natural se consolida como el eje de la política energética 2025‑2030. Pemex proyecta elevar la producción a 5,000 millones de pies cúbicos diarios mediante más de 1,000 perforaciones y 970 reparaciones mayores en 12 proyectos que aportarían 61% de la producción total. El objetivo es doble: reducir la fuerte dependencia de importaciones desde Estados Unidos y, al mismo tiempo, usar el gas como combustible de transición para la generación eléctrica y para la industria.
Las estimaciones oficiales hablan de ingresos del orden de 5,000 millones de pesos por crudo y 1.9 billones de pesos por gas, asociados a una inversión cercana a 238,000 millones de pesos. Pemex aumenta la producción 40% y va por más justo en un contexto en el que el gas se perfila como “moneda dura” de la política económica, al cruzar la frontera entre seguridad energética, recaudación fiscal y competitividad industrial. La apuesta, sin embargo, exige controlar emisiones de metano, reducir la quema en campo y dialogar con los compromisos climáticos internacionales que hoy pesan tanto como las calificaciones crediticias.
En este rediseño institucional, la coordinación con la Secretaría de Energía (SENER) será clave para equilibrar metas de producción, transición energética y participación privada en infraestructura de transporte y almacenamiento, en particular en regiones donde los gasoductos aún no cubren la demanda industrial.
GNL: de consumidor dependiente a nodo exportador
El giro gasífero no termina en el ducto. México empieza a posicionarse en la cadena de valor del gas natural licuado con proyectos que buscan capturar oportunidades en mercados internacionales, particularmente en Asia y Europa. El proyecto Fast LNG 1, la primera instalación flotante de gas natural licuado del país, destaca por su capacidad de 1.4 millones de toneladas anuales y una inversión cercana a 2,000 millones de dólares. Su lógica es aprovechar el gas disponible en la región para procesarlo y enviarlo a clientes que hoy buscan diversificar proveedores tras años de volatilidad geopolítica.
A este esquema se suman complejos como Energía Costa Azul y Saguaro Energía, que colocan a México como un nodo emergente de exportación de GNL en América del Norte. Lejos de la imagen de un sistema aislado, el país se inserta en un entramado regional en el que el gas texano, la infraestructura mexicana y la demanda global se cruzan para definir precios, contratos y márgenes de ganancia. El reto será no repetir la historia del petróleo: depender en exceso de un ciclo de precios y descuidar la planeación de largo plazo.
Infraestructura pesada: el papel silencioso de Sarens
Detrás de cada cifra de producción y de cada anuncio de inversión hay una coreografía de acero, concreto y maniobras milimétricas. En ese terreno, Sarens se ha consolidado como un socio estratégico para la expansión energética mexicana, al participar tanto en la construcción de nuevas instalaciones petroleras y gasíferas como en la rehabilitación y ampliación de refinerías e infraestructura crítica. Su rol ilustra que la autosuficiencia también se construye con capacidades logísticas y de ingeniería de alto nivel.
La empresa ha intervenido en la refinería de Dos Bocas y en complejos internacionales como Corpus Christi, Fort Hills y Skikda, aportando grúas de gran capacidad, transporte pesado y soluciones de ingeniería que permiten ejecutar maniobras superiores a las 1,000 toneladas con altos estándares de seguridad. Este eslabón, a menudo invisible en la discusión pública, marca la diferencia entre un proyecto que cumple calendario y presupuesto, y otro que se hunde en sobrecostos y retrasos.
Pemex aumenta la producción 40% y va por más
El plan integral de Pemex prevé que la combinación de más reservas, refinación más eficiente y mayor producción de gas impulse los ingresos fiscales y genere multiplicadores económicos en las regiones petroleras del sureste, reforzando al sector como motor de crecimiento. Para estados como Tabasco, Veracruz o Campeche, cada pozo, cada planta y cada ducto se traduce en empleo, servicios y cadenas de proveeduría que reconfiguran la economía local.
No obstante, el punto de partida es complejo. Pemex arrastra una base de producción declinante y enfrenta el reto de que los nuevos proyectos compensen la caída natural de campos maduros, al tiempo que gestiona una deuda elevada, presiones de liquidez y un escrutinio creciente sobre emisiones y riesgos ambientales. Pemex aumenta la producción 40% y va por más, pero lo hace caminando en una cuerda floja donde la disciplina financiera y la transparencia serán tan decisivas como los barriles adicionales. En paralelo, Petróleos Mexicanos (Pemex) debe demostrar que cada peso invertido se traduce en reservas, producción y menores pasivos ambientales, y no solo en un nuevo capítulo de sobreendeudamiento.
Al final, el éxito de esta ofensiva energética dependerá de algo más que cifras récord: de la capacidad del Estado para regular con rigor, del mercado para señalar desvíos y de la propia empresa para asumir que el mundo empuja hacia una matriz más limpia, incluso mientras México exprime sus últimas ventajas fósiles.
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Petróleo
Aumento salarial de 3.5% a trabajadores de Pemex es rechazado por mayoría de secciones del sindicato

La mayoría de las 36 secciones del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana se perfila a rechazar el aumento salarial de 3.5% a trabajadores de Pemex. Consideran que la propuesta está por debajo de la inflación y afecta el poder adquisitivo de la base laboral.
El miércoles arrancó el proceso de consulta en al menos nueve secciones a través de asambleas generales extraordinarias. El único punto formal de discusión fue un informe sobre los avances de la revisión salarial 2026-2027.
Tras analizar la propuesta de la empresa, que también contempla un incremento del 2 por ciento en prestaciones, los trabajadores decidieron no aprobarla. El rechazo se extendió el día siguiente a otras dirigencias locales.
¿Por qué se rechaza el aumento salarial de 3.5% a trabajadores de Pemex?
Las secciones argumentan que el porcentaje propuesto no compensa la pérdida del poder adquisitivo. Señalaron que se encuentra por debajo de los niveles de inflación actuales.
Entre las secciones que ya rechazaron la propuesta se encuentran la 52 de Guadalajara, Jalisco; la 45 y la 43 de la Ciudad de México; la 29 de Comalcalco, Tabasco; la 26 de Las Choapas, Veracruz; la 13 de Cerro Azul, Veracruz, y la 9 de Veracruz.
El miércoles también votaron en contra las secciones 47 de Ciudad del Carmen, Campeche; 35 de Tula, Hidalgo; 34 de la Ciudad de México; 31 de Coatzacoalcos; 25 de Ciudad Naranjos y 22 de Agua Dulce, estas últimas de Veracruz.
Durante las asambleas, el grueso de las secciones manifestó su apoyo absoluto al secretario general Ricardo Aldana, así como a la comisión revisora. Optaron por avalar una nueva prórroga para extender el plazo de estallamiento de la huelga.
¿Qué acusaciones ha hecho el sindicato contra Pemex?
El STPRM ha acusado a la empresa estatal de incumplir más de 100 cláusulas del contrato colectivo. Entre los señalamientos destacan deficiencias en materia de seguridad laboral, fallas en la prestación de servicios médicos y el deterioro de diversas prestaciones de los trabajadores.
En la revisión contractual 2025, las partes acordaron un incremento de 4.5 por ciento. En la revisión salarial 2024-2025 se pactó un aumento global del 7 por ciento.
La propuesta actual de aumento salarial de 3.5% a trabajadores de Pemex se considera insuficiente en comparación con esos precedentes. Las asambleas buscan alcanzar un acuerdo más favorable a través de la continuidad de las negociaciones.
Este viernes sesionarán otras dirigencias locales. Se espera que el proceso de consulta continúe en las secciones restantes para definir la postura final de la organización sindical.
¿Cuál es la postura de la dirigencia nacional del STPRM?
La dirigencia nacional del sindicato petrolero ha marcado la línea de rechazo a la propuesta. Las secciones locales han respaldado de manera mayoritaria esta posición durante las asambleas realizadas.
Los trabajadores decidieron extender el plazo de estallamiento de la huelga, que vencía a finales de este mes. El objetivo es continuar las negociaciones con la empresa y lograr un acuerdo satisfactorio para la base laboral.
El apoyo a Ricardo Aldana y a la comisión revisora se reiteró en las reuniones. Las secciones expresaron su respaldo unánime a la estrategia de negociación planteada por la dirigencia.
El proceso de consulta se desarrolla de manera ordenada en las distintas regiones del país. Cada asamblea general extraordinaria ha permitido a los trabajadores conocer los avances de la revisión salarial y emitir su voto.
La propuesta de Pemex incluye el aumento salarial de 3.5 por ciento más un 2 por ciento en prestaciones. Sin embargo, la mayoría de las secciones consultadas hasta el momento la han desestimado.
El sindicato mantiene el diálogo abierto con la empresa estatal. La prórroga del emplazamiento a huelga busca generar espacio para nuevas rondas de negociación que contemplen mejores condiciones.
Las deficiencias señaladas en seguridad laboral y servicios médicos forman parte de las demandas recurrentes. El STPRM insiste en el cumplimiento integral del contrato colectivo de trabajo.
Los antecedentes de incrementos superiores en revisiones previas sirven de referencia para la base trabajadora. El 4.5 por ciento de 2025 y el 7 por ciento global de 2024-2025 contrastan con la oferta actual.
La consulta se realiza en línea con la postura de la dirigencia nacional. Las secciones han actuado de manera coordinada al rechazar la propuesta y respaldar la extensión del plazo de huelga.
Este viernes se sumarán más asambleas al proceso. El resultado final dependerá de la votación en el conjunto de las 36 secciones que integran el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana.
La negociación salarial 2026-2027 se encuentra en una etapa decisiva. El rechazo mayoritario al aumento salarial de 3.5% a trabajadores de Pemex obliga a la empresa a reconsiderar su postura inicial.
Los trabajadores petroleros buscan preservar su poder adquisitivo frente a la inflación. La decisión de las asambleas refleja la preocupación por las condiciones económicas actuales.
La prórroga aprobada permite que las conversaciones continúen sin la presión inmediata del estallamiento de huelga. Ambas partes tendrán oportunidad de presentar nuevas propuestas en los próximos días.
El secretario general Ricardo Aldana cuenta con el respaldo expresado en las asambleas. La comisión revisora mantiene el mandato de negociar en representación de la base laboral.
El proceso de consulta sigue abierto en varias secciones. Los resultados de este viernes podrían consolidar aún más la posición de rechazo a la oferta presentada por la empresa.
La revisión salarial forma parte de los mecanismos periódicos de actualización de condiciones laborales en el sector petrolero. El desenlace de estas asambleas definirá el rumbo de las negociaciones con Petróleos Mexicanos.
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Petróleo
Ormuz en el borde: señales de escalada militar

Ormuz en el borde: señales de escalada militar inminente. El 3 de agosto de 2026, la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) informó que su sistema de defensa aérea derribó un dron estadounidense MQ-9 Reaper sobre el estrecho de Ormuz, en un día en el que el tráfico marítimo por ese corredor se redujo a apenas un puñado de embarcaciones menores y ningún gran petrolero o buque metanero logró cruzarlo. El episodio se suma a dos ataques contra buques comerciales registrados entre el 1 y el 2 de agosto y ocurre en el marco de la guerra de Irán de 2026, el conflicto que desde finales de febrero enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Teherán y que ha convertido a este cuello de botella marítimo en uno de los puntos más peligrosos del planeta.
Origen de la crisis: de los ataques contra el liderazgo iraní al bloqueo del estrecho
La actual fase de tensión arrancó el 28 de febrero de 2026, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron una ofensiva aérea combinada —bautizada por Washington como Operación Epic Fury— contra instalaciones militares, nucleares y de mando en Irán. Esa acción derivó en la muerte del entonces líder supremo, Ali Jamenei, y de otros altos mandos iraníes. Teherán respondió en cuestión de horas con oleadas de misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses en el Golfo y varios países aliados de Washington en la región, al tiempo que ordenó a la IRGC restringir el paso de buques por Ormuz.
Desde entonces, la Casa Blanca ha sostenido en repetidos comunicados que su objetivo es impedir que Irán obtenga armas nucleares y garantizar la libre navegación por el estrecho. En un mensaje reciente recogido en su sitio oficial, la administración estadounidense afirmó mantener un control naval total sobre la zona, mientras que el Departamento de Defensa detalló que despliega escoltas militares para intentar que embarcaciones comerciales puedan salir del Golfo Pérsico pese a las hostilidades.
El derribo del dron y los ataques a buques que encendieron las alarmas
La secuencia de incidentes de los últimos días ilustra el deterioro acelerado de la situación. El 31 de julio, un buque metanero cargado con gas natural licuado catarí resultó impactado por un proyectil no identificado en aguas cercanas a la entrada sur del estrecho, frente a las costas de Omán, lo que le provocó daños severos en su sala de máquinas y lo dejó a la deriva sin propulsión, aunque sin víctimas ni derrames reportados. Un día después, el 2 de agosto, una explosión adicional fue reportada cerca de otro petrolero en la zona oriental del paso marítimo, sin que se registraran heridos.
El derribo del MQ-9 Reaper, confirmado por la propia IRGC a través de su vocería castrense, representa uno de varios episodios similares ocurridos desde el estallido del conflicto, en los que ambos bandos han reportado la pérdida de aeronaves tripuladas y no tripuladas sobre el Golfo. Funcionarios iraníes vinculados al Consejo Supremo de Seguridad Nacional han advertido públicamente que exigirán autorización previa para cualquier tránsito por el estrecho y que endurecerán las restricciones si continúa lo que califican como un bloqueo naval estadounidense contra sus propios puertos.
Qué está en juego: el peso económico y energético del estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz mide apenas 34 kilómetros en su punto más angosto y separa las costas de Irán y Omán. Se trata del único acceso marítimo desde el Golfo Pérsico hacia mar abierto y, en condiciones normales, por ahí transitaba cerca de una quinta parte del petróleo transportado por vía marítima a escala global, además de un porcentaje significativo del gas natural licuado producido por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Catar con destino principal a Asia, de acuerdo con estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
Desde finales de febrero, ese flujo se ha visto interrumpido de forma reiterada. Organismos de seguridad marítima han documentado episodios en los que miles de marinos y cientos de embarcaciones quedaron varados dentro del Golfo Pérsico, mientras las aseguradoras especializadas en riesgo de guerra elevaron de forma considerable sus tarifas para cualquier buque que pretenda cruzar la zona. Los precios internacionales del petróleo han fluctuado con fuerza durante toda la crisis, con picos que en las fases más álgidas del conflicto superaron ampliamente los niveles previos a la guerra, para luego moderarse cada vez que se anuncian avances diplomáticos y volver a dispararse tras cada nuevo incidente armado.
Diplomacia interrumpida: entre ultimátums y treguas rotas
La crisis ha estado marcada por múltiples intentos de negociación que, hasta ahora, no han logrado consolidarse. Washington y Teherán llegaron a firmar un memorando de entendimiento a mediados de junio para poner fin a las hostilidades y reabrir el estrecho, un acuerdo que se rompió semanas después tras nuevos ataques contra buques comerciales. A finales de julio y principios de agosto, el propio mandatario estadounidense reconoció haber cancelado una ofensiva de gran escala que, según describió, habría estado entre las más amplias emprendidas por su país en décadas, luego de que aliados del Golfo Pérsico —entre ellos Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar— intercedieran para evitar una escalada mayor.
Irán, por su parte, ha negado sostener negociaciones directas con Estados Unidos y ha precisado que sus contactos se limitan a Omán, país que funge como intermediario para explorar una posible ruta segura y temporal para el tránsito comercial. El gobierno iraní, a través de sus canales oficiales, ha insistido en que cualquier arreglo debe respetar lo que considera su soberanía sobre el estrecho, mientras Washington mantiene que se trata de una vía internacional que debe permanecer abierta para todos los países.
El riesgo de una escalada mayor
La combinación de ataques contra embarcaciones civiles —incluido un buque metanero—, el derribo de una aeronave de reconocimiento estadounidense, un tráfico comercial prácticamente congelado y amenazas cruzadas de control militar sobre el estrecho configura, para analistas de seguridad regional, un escenario de alto riesgo. Ambas partes mantienen fuerzas navales y aéreas en estado de alerta máxima en una zona donde cualquier malentendido durante una operación de escolta, un intento de abordaje o la respuesta a un nuevo derribo podría desencadenar una confrontación directa de mayores proporciones.
Mientras tanto, los muchos buques varados, el encarecimiento de los seguros marítimos y la volatilidad de los precios energéticos siguen golpeando a las economías que dependen del flujo de crudo y gas por Ormuz, incluidas aquellas alejadas del Golfo Pérsico que resienten el impacto en los mercados internacionales de combustibles. La situación continúa cambiando hora con hora, y tanto la comunidad marítima internacional como los gobiernos de la región vigilan de cerca cada movimiento en un punto del mapa donde la diplomacia y la disuasión militar avanzan, por ahora, a la par.
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Petróleo
Un millón de barriles de crudo mexicano llegan a Japón

Un petrolero procedente del Golfo de México tiene previsto tocar puerto japonés este viernes 17 de julio de 2026, con un millón de barriles de crudo a bordo destinados a las refinerías de Cosmo Oil. Se trata del primer cargamento de petróleo mexicano que recibe Japón desde que, a finales de febrero, estalló el conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán y derivó en el bloqueo del estrecho de Ormuz, según confirmó el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón (METI).
La operación fue confirmada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien explicó que Pemex Internacional será la filial encargada de canalizar las exportaciones hacia el país asiático durante un periodo que, hasta ahora, no ha sido precisado por el gobierno mexicano.
Una ruta marítima inusual para esquivar el conflicto
Para llegar a su destino, el buque tuvo que abandonar las rutas comerciales tradicionales. En lugar de cruzar por Medio Oriente, la embarcación bordeó el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, un trayecto considerablemente más largo y costoso, pero que reduce la exposición a las zonas de mayor tensión bélica.
El cargamento arribará primero a la refinería de Yokkaichi, en el centro de Japón, y posteriormente será trasladado a la planta de Chiba, cerca de Tokio. Ambas instalaciones pertenecen a Cosmo Oil, subsidiaria del consorcio Cosmo Energy, y cuentan con sistemas de coquización y desulfuración capaces de procesar crudos pesados como el Maya, la mezcla insignia de la producción mexicana.
El cierre de Ormuz dispara la búsqueda de proveedores alternativos
El origen de esta operación está directamente ligado a la guerra que estalló a finales de febrero de 2026 entre Estados Unidos, Israel e Irán. El bloqueo del estrecho de Ormuz —ruta por la que transita aproximadamente una quinta parte de la demanda mundial de crudo— provocó un repunte superior al 22% interanual en los precios del petróleo Brent y encendió las alarmas en Tokio.
Antes del conflicto, Japón dependía de Medio Oriente para cerca del 94% de sus importaciones petroleras, y hasta un 70% de todo su suministro debía transitar obligatoriamente por Ormuz. La interrupción de ese corredor dejó al país asiático ante un riesgo real de desabasto, lo que obligó a sus autoridades energéticas a buscar, de forma urgente, fuentes alternas de crudo, entre ellas México.
El pacto entre Sheinbaum y Takaichi que hizo posible el envío
El antecedente político del cargamento se remonta a abril de 2026, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum y la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sostuvieron una conversación en la que acordaron reforzar la cooperación energética bilateral como medida de seguridad nacional para Japón. De acuerdo con la mandataria mexicana, el gobierno de Takaichi ya había manifestado previamente a Pemex su interés en importar crudo mexicano.
Ese acercamiento se tradujo, meses después, en el primer embarque concreto: un millón de barriles operados comercialmente por PMI Comercio Internacional, brazo de Pemex responsable de colocar petróleo mexicano en mercados de América, Europa, India y Asia.
¿Cuánto crudo puede exportar México sin afectar el mercado interno?
La magnitud del envío también abrió el debate sobre su impacto en el abasto nacional. Sheinbaum situó la producción petrolera del país en alrededor de 1.8 millones de barriles diarios, de los cuales 1.4 millones se destinan al procesamiento en refinerías mexicanas, dejando un excedente exportable de entre 400 mil y 500 mil barriles diarios —principalmente hacia Estados Unidos—. Cifras oficiales más recientes, sin embargo, ubican la producción nacional en un nivel más ajustado, cercano a 1.65 millones de barriles diarios, lo que reduce el margen disponible para operaciones extraordinarias como esta.
El millón de barriles enviado a Japón equivale a una porción considerable del excedente exportable diario del país, por lo que el gobierno mexicano ha insistido en que se trata de un apoyo puntual y no de un compromiso de suministro permanente.
Una jugada de diplomacia energética con beneficios para ambas partes
Para Pemex, la operación representa la oportunidad de colocar volumen adicional en un mercado asiático donde la escasez ha elevado los precios. Para el gobierno mexicano, el episodio se presenta como una muestra de la capacidad del país para actuar como proveedor confiable en momentos de crisis internacional, fortaleciendo los lazos con uno de sus principales socios comerciales en Asia, una relación que además se sostiene con fuertes inversiones japonesas en el sector automotriz mexicano.
Más allá del alivio inmediato a sus refinerías, para Japón el envío envía una señal política: la de una estrategia de diversificación energética que busca reducir, a mediano plazo, su histórica dependencia de Medio Oriente y explorar alianzas transpacíficas más estables, en un contexto donde persisten las hostilidades en el estrecho de Ormuz.
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