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Ya hay plan de almacenamiento de gas natural

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Ya hay plan de almacenamiento de gas natural

Ya hay plan de almacenamiento de gas natural, la apuesta es tan simple de enunciar como compleja de ejecutar: pasar de un colchón de apenas 2.5 días de inventarios a una reserva estratégica de al menos 10 días, con la mira puesta en superar con holgura ese umbral en los próximos años. En un sistema donde casi 70% del gas que llega a México depende de los ductos que vienen desde Texas, cada hora sin flujo se traduce en vulnerabilidad para la generación eléctrica y la actividad industrial.​

El Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas) colocó este objetivo en el centro de su Plan Quinquenal Sistrangas 2025-2029, ya en etapa de revisión final por parte de la Secretaría de Energía, con la intención de que el almacenamiento de gas deje de ser el “eslabón débil” de la seguridad energética nacional.​

El giro estratégico: de 2.5 a más de 10 días

El director general de Cenagas, Cuitláhuac García, ha sido claro en el mensaje: el piso mínimo de 10 días es apenas el inicio, la tirada es ir “a más de 10 días, incluso mucho más”, aprovechando la ventana de tiempo antes de que una nueva crisis de precios o un choque geopolítico vuelva a elevar la factura del energético. Hoy, la reserva disponible se sostiene en buena medida en el gas que queda dentro de los ductos, un margen que se agota rápido cuando hay una interrupción en los flujos transfronterizos.​

La ruta técnica ya está trazada: el plan contempla usar yacimientos agotados y cavernas salinas como espacios subterráneos de almacenamiento, tecnologías que otros países han probado durante décadas para amortiguar emergencias, picos de demanda y fallas de infraestructura sin apagar turbinas ni detener plantas industriales.​

Cavernas, yacimientos e inversión

El diseño del nuevo esquema obliga a una mezcla de recursos públicos y privados, porque los proyectos no solo requieren infraestructura nueva, también rehabilitar activos que hoy operan al límite o están subutilizados. Desde el lado federal, el propio Cenagas ha calculado que sólo en ductos, rehabilitaciones y obras complementarias podrían requerirse decenas de miles de millones de pesos en este sexenio, en un contexto de presiones presupuestales y múltiples prioridades compitiendo por el mismo peso.​

El gobierno plantea que el Estado aporte el “lugar” —yacimientos agotados o infraestructura que Pemex conoce bien— y que la inversión privada se concentre en las obras, la tecnología y la operación especializada, bajo reglas que garanticen que el almacenamiento estratégico esté disponible cuando se declare una contingencia.​

Zonas estratégicas y mapa del gas

El Sistrangas, la red pública de ductos operada por Cenagas, también entra en fase de reacomodo para acompañar el plan de almacenamiento y la nueva geografía de la demanda. La expansión se concentrará en regiones donde el apetito industrial va en ascenso o donde hoy la infraestructura es insuficiente: Tamaulipas, como nodo clave de entrada de gas importado, encabeza la lista, seguido de entidades como Puebla, Chiapas, Veracruz y Oaxaca, ligadas al desarrollo del corredor Transístmico y a proyectos logísticos que necesitan energía firme para despegar.​

En el norte, se proyectan refuerzos en los ductos Baja California–Sonora y una conexión adicional en Sonora para acompañar los planes de generación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que ya perfila nuevas centrales de ciclo combinado ancladas al gas. Sobre este telón de fondo, el anuncio realizado durante el Congreso Internacional de Energía Tamaulipas 2025 funcionó como un anticipo político y técnico de hacia dónde se moverá la infraestructura de transporte y almacenamiento de aquí a la próxima década.​

Tres regiones, una misma urgencia

El almacenamiento estratégico ya no se piensa como un solo “gran tanque”, sino como un sistema dividido en tres zonas —norte, centro y sur— para acercar la molécula a más regiones y evitar que un problema en Estados Unidos deje al país entero al borde del apagón. La lógica es sencilla: si una falla en Texas cierra la llave principal, el sistema debe ser capaz de aislar el impacto y atender prioridades críticas —electricidad, hospitales, industria esencial— con el gas que esté resguardado tierra adentro.​

Esta regionalización también busca corregir desequilibrios históricos: mientras el norte ha acumulado gasoductos y proyectos de exportación, el sur-sureste aún padece cuellos de botella para transformar su potencial gasero en suministro fiable y competitivo para la industria local.​

Pemex, producción y la apuesta por el gas nacional

Otro movimiento que juega a favor del nuevo esquema es la reciente recuperación en la producción de gas natural de Pemex, cuyo aporte al Sistrangas habría pasado de alrededor de 34% a 40% en los últimos meses, de acuerdo con el propio Cenagas. Ese incremento no borra la dependencia de las importaciones, pero sí empieza a mover la aguja del balance entre gas importado y gas nacional, abriendo espacio para usar el almacenamiento como una especie de “válvula de equilibrio” entre ambas fuentes.​

Sin embargo, buena parte del gas asociado a la producción petrolera sigue sin aprovecharse por falta de infraestructura para capturarlo y transportarlo, lo que desemboca en quemas en campo y emisiones que podrían haberse evitado. Para corregir ese cuello de botella, Cenagas ha puesto en el radar un proyecto estratégico en el centro de Veracruz que permitiría captar gas que hoy no llega a la red, convertirlo en suministro utilizable y alimentar tanto a la industria como a las futuras cavidades de almacenamiento.​

Prosener, reglas y tiempos

Mientras la Secretaría de Energía concluye la revisión del Plan Quinquenal Sistrangas 2025-2029, el sector energético observa de cerca el siguiente paso clave: la publicación del nuevo Programa de Sector Energético (Prosener), que fijará los criterios de planeación a los que deberá alinearse cada ducto, cada caverna y cada peso invertido. La gran incógnita es el calendario: especialistas advierten que, dependiendo del tipo de infraestructura elegida, alcanzar inventarios de más de 10 días podría tomar entre 5 y 10 años, un horizonte que exige continuidad regulatoria y disciplina en la ejecución.​

En un contexto de electrificación acelerada, competencia por inversiones industriales y señales de mayor volatilidad internacional, el plan de almacenamiento de gas natural se vuelve una prueba de fuego para la política pública: o México consolida un escudo energético propio, o seguirá mirando el termómetro de Texas antes de calcular el riesgo de quedarse sin gas.​

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Gas natural de Pemex toca su mejor nivel desde 2023

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Gas natural de Pemex toca su mejor nivel desde 2023

Entre enero y mayo de 2026, Pemex reportó su mejor arranque de año en producción de gas natural desde 2023, luego de promediar 4,876 millones de pies cúbicos diarios, un incremento de 9.5% frente al mismo periodo de 2025. El impulso proviene principalmente del complejo Ku-Maloob-Zaap, en la Sonda de Campeche, aunque el avance convive con una caída sostenida en la extracción de petróleo de ese mismo activo y con una dependencia estructural del gas natural importado desde Estados Unidos para la generación eléctrica del país.

Cifras clave del repunte de gas natural de Pemex

El promedio de producción de gas natural de Pemex entre enero y mayo de 2026 fue de 4,876 millones de pies cúbicos diarios, frente a los 4,454 millones de pies cúbicos diarios registrados en el mismo lapso de 2025. Ku-Maloob-Zaap, el complejo marino más importante de la petrolera, aportó 830.36 millones de pies cúbicos diarios de gas asociado —aquel que se extrae junto con el petróleo—, consolidándose como uno de los principales motores del incremento.

En el segmento de gas no asociado, es decir, el que se extrae de forma independiente al crudo, el activo de Veracruz lideró la producción nacional con 889.01 millones de pies cúbicos diarios, mientras que Samaria-Luna, en Tabasco, apenas alcanzó 43.56 millones de pies cúbicos diarios en ese mismo rubro, lo que evidencia la disparidad entre regiones productoras.

Qué explica el alza en Ku-Maloob-Zaap

El crecimiento responde sobre todo al mayor volumen de gas asociado que se extrae en Ku-Maloob-Zaap, el complejo de la Sonda de Campeche que continúa operando como un nodo estratégico para Pemex pese a su antigüedad. Parte de esta mejora se explica también por inversiones previas en infraestructura de compresión y aprovechamiento de gas dentro del propio complejo, entre ellas el proyecto anunciado en Ku Alfa, orientado a reducir la quema de gas y sostener los niveles de extracción, según señaló

El contraste: Ku-Maloob-Zaap gana en gas, pierde en petróleo

El repunte gasífero convive con una realidad distinta en el frente petrolero. De acuerdo con un reporte de Bloomberg Línea, el complejo produjo en promedio 542 mil barriles diarios de crudo hasta mayo de 2025, una caída de 38% frente a los 875 mil barriles diarios que extraía en 2018. La misma fuente precisó que las reservas probadas del activo se redujeron de 1,858 millones de barriles de petróleo crudo equivalente en 2018 a 648 millones en 2024, un declive que refleja el agotamiento progresivo del yacimiento pese a su aporte creciente en gas.

Límite estructural: la dependencia del gas importado persiste

Especialistas consultados en la cobertura advirtieron que la mejora en producción no resuelve por sí sola los retos de seguridad energética del país, ya que una parte considerable del gas que extrae Pemex se destina a autoconsumo, reinyección y procesos operativos internos, sin llegar al mercado. Esa limitación es relevante porque el gas natural sigue siendo la columna vertebral del sistema eléctrico mexicano: de acuerdo con datos del Cenace, al cierre de mayo de 2026 el 60.2% de la electricidad generada en el país provino de este combustible.

En ese contexto, el repunte de Ku-Maloob-Zaap y Veracruz resulta relevante para las finanzas y la operación de Pemex, pero no altera de fondo la dependencia de México del gas natural proveniente de Estados Unidos, que continúa cubriendo una porción significativa de la demanda nacional para generación eléctrica.

Un pozo clave para la soberanía energética

El mejor arranque de año en producción de gas natural desde 2023 confirma que Pemex ha logrado sostener e incluso mejorar la extracción en activos clave como Ku-Maloob-Zaap y Veracruz. Sin embargo, la lectura completa del dato exige matices: el mismo complejo que impulsa el gas enfrenta un declive petrolero acelerado, y el país sigue sin resolver su dependencia estructural de las importaciones de gas natural para mantener encendido su sistema eléctrico.

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Combustibles en la mira de las revisiones anuales del T-MEC

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Combustibles en la mira de las revisiones anuales del T-MEC

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) no terminó en una ruptura, pero sí abrió una nueva etapa marcada por evaluaciones anuales que, de acuerdo con el consultor energético Ramsés Pech, podrían convertir a la política energética mexicana en una pieza clave de la negociación comercial trilateral.

Washington decidió no renovar el acuerdo en su forma original, aunque el tratado sigue vigente mientras se resuelven las diferencias pendientes entre los tres países. Para distintos especialistas, ese esquema de revisión periódica coloca al sector de combustibles y a la industria eléctrica mexicana bajo un escrutinio mucho más cercano que en años anteriores.

Una etapa de presión política más que de ruptura comercial

Pech planteó que la postura estadounidense responde más a una estrategia de negociación en año electoral que a una intención real de romper el tratado. El analista sostuvo que Estados Unidos busca conservar margen de maniobra y capacidad de presión sobre México en los temas que considera prioritarios, entre ellos la energía.

El especialista precisó que la vigencia del T-MEC, mientras se resuelven las controversias abiertas, confirma que no existe un riesgo inmediato de terminación del acuerdo. Sin embargo, advirtió que México sí enfrenta un escenario de mayor presión política, comercial y regulatoria en los próximos años, derivado del nuevo mecanismo de revisión.

Permisos, almacenamiento y participación privada, bajo la lupa

De acuerdo con el análisis de Pech, buena parte de las fricciones acumuladas entre México y sus socios comerciales durante los últimos años podría convertirse ahora en parámetros formales para medir el cumplimiento del tratado. El especialista mencionó, entre otros puntos, la participación de empresas privadas en el mercado energético, los permisos para el manejo de combustibles, la infraestructura de almacenamiento, la generación eléctrica y el papel que desempeñan Pemex y la Comisión Federal de Electricidad.

Según su lectura, temas que antes se abordaban como controversias técnicas o regulatorias podrían pasar a evaluarse como indicadores del desempeño de México dentro del tratado. Eso incluiría, señaló, las autorizaciones de importación, los permisos para operar terminales e infraestructura de almacenamiento, y cualquier ajuste regulatorio que afecte a las empresas privadas del sector.

Pech planteó además que la energía podría funcionar como moneda de cambio dentro de la negociación trilateral, es decir, que Washington podría usar el tema energético para obtener concesiones en otros sectores estratégicos, como el automotriz o el agroalimentario.

La dependencia del gas natural estadounidense, un punto sensible

Uno de los factores que más preocupa al consultor es la alta dependencia de México respecto al gas natural que llega desde Estados Unidos, la cual, de acuerdo con su estimación, supera el 70 por ciento del abasto nacional. Para Pech, esa cifra convierte al suministro energético en un elemento especialmente vulnerable ante un periodo prolongado de incertidumbre comercial.

El especialista explicó que un esquema de revisiones anuales podría desincentivar decisiones de inversión en ductos, terminales de almacenamiento y proyectos eléctricos, ya que la falta de previsibilidad regulatoria eleva el riesgo para quienes buscan invertir en infraestructura energética en México.

Sobre el comunicado difundido por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, Pech consideró que debe interpretarse principalmente en clave política. A su juicio, Washington busca mantener vigente el tratado mientras conserva la posibilidad de endurecer su posición una vez concluido el proceso electoral estadounidense.

El reto pendiente: certidumbre regulatoria

De cara a los próximos ciclos de revisión, el consultor estimó que la continuidad del T-MEC dependerá cada vez más de cómo evolucionen los temas considerados estratégicos por ambos gobiernos, con la política energética mexicana entre los más sensibles.

Para Pech, el principal desafío del país consiste en ofrecer mayor certidumbre regulatoria al mercado, reducir los puntos de fricción con sus socios comerciales y fortalecer la infraestructura energética nacional, con el fin de disminuir la exposición de México ante eventuales cambios en la relación bilateral con Estados Unidos.

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México: récord de consumo de gas natural para electricidad 2027

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México: récord de consumo de gas natural para electricidad 2027

Ciudad de México, 29 de junio de 2026. Las proyecciones del sector energético mexicano anticipan que en 2027 el país alcanzará el nivel más alto jamás registrado de gas natural destinado a producir electricidad, con una demanda estimada de 5,203 millones de pies cúbicos diarios (MMpcd) en las plantas de generación. El escenario emerge mientras el sistema eléctrico nacional mantiene una dependencia estructural de los combustibles fósiles y el gobierno avanza, con desigual velocidad, en la ampliación de fuentes renovables.

Las estimaciones oficiales difundidas por autoridades energéticas apuntan a que ese pico representaría un punto de inflexión: si los planes de incorporación de energía solar y eólica avanzan conforme a lo programado, el consumo de gas para la generación podría comenzar a moderarse en los años siguientes. Sin embargo, la materialización de esa curva descendente depende de variables que aún están en disputa: la velocidad de ejecución de proyectos, el financiamiento disponible y la evolución de los precios internacionales del propio gas.

Una dependencia del 75%: el talón de Aquiles energético de México

El trasfondo del posible récord de 2027 no puede entenderse sin considerar la estructura de abasto que sostiene al sector energético mexicano. De acuerdo con datos oficiales divulgados en 2026 por la Secretaría de Energía. Esto es, aproximadamente tres de cada cuatro unidades de gas natural que se consumen en el país provienen del exterior, principalmente de Texas y California, a través de una red de gasoductos de interconexión fronteriza.

Esta proporción cobra especial relevancia cuando se considera que México utiliza alrededor de 9,000 millones de pies cúbicos diarios de gas en su conjunto, y que el sector eléctrico es el consumidor de mayor peso dentro de esa cifra. En términos prácticos, ello significa que cada vez que la demanda de electricidad sube —por temperaturas extremas, por crecimiento industrial o por la sustitución de otras fuentes— las necesidades de gas importado se incrementan de forma proporcional.

México: récord de consumo de gas natural para electricidad 2027, dependencia extrema

El año que viene será el pico

La vulnerabilidad de ese modelo quedó expuesta en febrero de 2021, cuando las tormentas invernales que azotaron Texas interrumpieron el flujo de gas hacia México y provocaron cortes masivos de electricidad en varios estados del norte del país. Ese episodio, conocido como la crisis de Úri, advirtió con claridad sobre los riesgos de depender de una sola fuente de suministro exterior, sin capacidad de almacenamiento estratégico suficiente para absorber interrupciones.

A ello se suma la exposición a la volatilidad del mercado estadounidense. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) prevé que el precio de referencia Henry Hub —el indicador más utilizado para contratos de gas en Norteamérica— se sitúe en torno a los 3.50 dólares por millón de BTU durante 2026 y escale a cerca de 4.60 dólares en 2027, justo el año del pico de consumo proyectado para México. Esa alza potencial en los precios trasladaría costos adicionales a la generación eléctrica. Lo que viene acompañado de posibles repercusiones en tarifas y en las finanzas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

La apuesta por más ductos: 23,289 kilómetros de red para 2030

Como parte de la estrategia para reducir los cuellos de botella que limitan el transporte interno del combustible, el gobierno federal ha planteado un plan de expansión de la red nacional de gasoductos. La información pública presentada en 2026 indica que el país opera actualmente 21,149 kilómetros de ductos para gas natural, y que la meta oficial es ampliar esa infraestructura hasta los 23,289 kilómetros para 2030, con una inversión estimada en 140,904 millones de pesos.

El plan contempla la construcción de once nuevos tramos, además de trabajos de mantenimiento y modernización en los corredores ya existentes. En su ejecución participan la CFE y el Centro Nacional de Control del Gas Natural (CENAGAS), organismo responsable de la gestión del sistema de transporte. Una parte significativa de esa infraestructura nueva entraría en servicio entre 2026 y 2027, lo cual es relevante porque coincide con el periodo de mayor presión sobre la demanda de gas para generación.

Para las regiones industriales del norte y el Bajío, así como para las zonas urbanas con mayor concentración de consumo, la disponibilidad de ductos suficientes marcará la diferencia entre un suministro estable y potenciales restricciones. En ese sentido, la infraestructura no es solo logística: es también una condición habilitadora para que el sistema eléctrico funcione sin interrupciones mientras la transición energética avanza.

La paradoja que señalan analistas del sector es que ampliar la capacidad de transporte de gas podría, al mismo tiempo, incentivar un mayor consumo del combustible en el corto plazo, lo que retardaría el desplazamiento hacia fuentes más limpias. Ese dilema entre seguridad de suministro inmediata y descarbonización estructural define gran parte del debate energético en México y en otros países de la región.

Renovables al alza, pero el gas mantiene el pulso del sistema eléctrico

Las autoridades energéticas mexicanas han insistido en que el máximo de consumo de gas proyectado para 2027 sería una cima temporal, no una tendencia permanente. La Secretaría de Energía ha indicado que la estrategia de largo plazo busca elevar la participación de la generación limpia desde el nivel actual de alrededor del 24% hasta el 38% para 2030. Lo cual se logrará apoyada en la entrada de nuevas plantas solares y parques eólicos.

Ese objetivo implica un cambio estructural de magnitud considerable en un sistema que durante décadas construyó su capacidad instalada sobre termoeléctricas de gas, combustóleo y carbón. La transición, no obstante, enfrenta obstáculos concretos: la lentitud en los procesos de licitación, la incertidumbre regulatoria que ha frenado inversiones privadas en generación renovable desde 2021, y la necesidad de adaptar la red de transmisión para integrar fuentes de generación distribuida y variable.

Desde una perspectiva latinoamericana más amplia, el dilema mexicano es parte de una tensión compartida con otros países de la región: la urgencia de contar con electricidad firme, asequible y confiable en el corto plazo choca con los compromisos de reducción de emisiones asumidos en acuerdos internacionales. El gas natural suele presentarse en esos debates como un combustible de transición —menos contaminante que el carbón, pero no neutro en carbono— cuya vigencia prolongada genera cuestionamientos desde la comunidad científica y organismos como la Agencia Internacional de Energía (AIE), que advierte que ningún nuevo proyecto de combustibles fósiles es compatible con un escenario de cero emisiones netas para 2050.

Lo que viene: infraestructura, precios y renovables como termómetro

Durante los próximos trimestres, tres variables serán determinantes para saber si la proyección de 2027 se confirma y si el pico se convierte en un genuino punto de quiebre hacia una matriz más diversificada.

En primer lugar, el avance concreto de las obras de gasoductos anunciadas: los retrasos en la ejecución de infraestructura energética en México tienen antecedentes documentados, y cualquier demora podría traducirse en restricciones de suministro en el período de mayor demanda previsto. En segundo lugar, la evolución de los precios del gas en el mercado estadounidense determinará el impacto financiero real del pico de consumo para las empresas y para las tarifas eléctricas. Finalmente, la velocidad con que los proyectos de energía solar y eólica entren en operación será la señal más clara sobre si México está efectivamente en camino de reducir su dependencia del gas o si simplemente la difiere hacia años posteriores.

El récord proyectado para 2027 es, en ese sentido, mucho más que una estadística.  Años de decisiones políticas, inversiones postergadas y rezagos estructurales definen la trayectoria energética del país en una década crítica.

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