Energía
IA y la transición energética: ¿Cómo la inteligencia artificial está redefiniendo la demanda eléctrica global?
La IA y la transición energética se han convertido en dos procesos estrechamente vinculados que están transformando el sistema energético mundial. De acuerdo con el informe The 2026 Energy Security Scenarios: Challenges to the transition, elaborado por Shell, la expansión de la inteligencia artificial será uno de los principales factores de crecimiento de la demanda eléctrica hacia mediados del siglo.
El documento proyecta que para 2050 el consumo energético asociado a la IA alcanzará alrededor de cinco mil terawatts-hora, equivalentes a 20 exajoules. Esta cifra representa cinco veces el consumo actual de la infraestructura digital y cerca del 8 por ciento de la electricidad total a nivel global.
Este aumento plantea nuevos retos para los sistemas eléctricos, que deberán adaptarse a una demanda más intensa en un contexto de transición energética y presión climática creciente.
¿Por qué la IA impulsa el crecimiento de la demanda energética?
El informe señala que la inteligencia artificial no solo incrementa el consumo eléctrico por su propia infraestructura, sino también por los efectos económicos que genera. La expansión de centros de datos, redes de transmisión, sistemas de aprendizaje automático y aplicaciones de IA generativa requiere grandes volúmenes de energía de forma constante.
A esto se suma el impacto indirecto de la IA en la electrificación de sectores productivos. El crecimiento económico inducido por el uso de estas tecnologías acelera la adopción de procesos eléctricos en la industria, el transporte y los servicios, lo que amplía aún más la demanda energética global.
Este fenómeno coloca a la IA como un factor central en la planeación energética de las próximas décadas.
¿Cómo afecta la IA a los sistemas eléctricos y las energías renovables?
Según el análisis de Shell, la expansión de la inteligencia artificial ejercerá una presión sin precedentes sobre las redes eléctricas. La necesidad de suministro continuo y confiable para los centros de datos obliga a reforzar la generación, el almacenamiento y la transmisión de electricidad.

Al mismo tiempo, la IA desempeña un papel clave en la integración de energías renovables. El informe destaca que estas tecnologías permiten gestionar mejor la intermitencia de fuentes como la solar y la eólica, optimizando el balance entre oferta y demanda.
La inteligencia artificial facilita el uso de sistemas de almacenamiento en baterías y la implementación de respuestas inteligentes de consumo en hogares y fábricas, lo que contribuye a una operación más eficiente del sistema eléctrico.
¿La IA puede acelerar la transición energética?
La IA y la transición energética avanzan de forma paralela, pero no sin tensiones. Aunque la inteligencia artificial permite una mejor gestión de las redes y una mayor eficiencia energética, su crecimiento también obliga a realizar inversiones aceleradas en infraestructura.
El informe advierte que este proceso ocurre en un momento crítico, cuando el mundo se aproxima al umbral de 1.5 grados Celsius de calentamiento global. La necesidad de cubrir la nueva demanda eléctrica sin aumentar las emisiones se convierte en uno de los principales desafíos para los gobiernos y las empresas energéticas.
¿Qué papel jugará la energía nuclear en este escenario?
Ante la presión creciente sobre los sistemas eléctricos, Shell anticipa un renovado interés por la energía nuclear. En particular, los reactores modulares pequeños surgen como una opción para abastecer de electricidad estable a grandes centros de datos vinculados a la IA.
Este posible regreso de la energía nuclear se suma a otros cambios estructurales del sector, como la producción modular de paneles solares, baterías y sistemas energéticos, impulsada por procesos de ensamblaje asistidos por inteligencia artificial.
¿Desaparecerán los combustibles fósiles con el avance de la IA?
El informe señala que, pese al avance tecnológico, los combustibles fósiles no desaparecerán en el corto plazo. El gas natural continuará siendo un respaldo clave para las energías renovables, mientras que el consumo de petróleo podría seguir creciendo hasta la próxima década.
El carbón, aunque en declive, podría mantenerse en el sistema energético incluso después del año 2100. En contraste, el hidrógeno pierde relevancia fuera del sector industrial, mientras que la captura y almacenamiento de carbono se consolida como un componente indispensable para alcanzar los objetivos de emisiones netas cero.
En este contexto, la relación entre IA y la transición energética redefine las prioridades del sector energético global, al combinar innovación tecnológica con desafíos estructurales de largo plazo.
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Energía
Récord de consumo eléctrico y apagones ponen a prueba a México

Récord de consumo eléctrico y apagones ponen a prueba a México. El sistema eléctrico mexicano atraviesa una de sus etapas más exigentes en años recientes. La demanda de electricidad ha alcanzado marcas históricas durante los últimos veranos, al tiempo que crecen los reportes de cortes de luz y fallas de suministro en distintas regiones del país. A esa presión se suma un dato menos visible pero igual de revelador: el propio sector de agua, electricidad y gas ha mostrado señales de retroceso en su actividad productiva, lo que sugiere que el problema no se limita a un exceso de consumo, sino que también involucra rezagos de infraestructura e inversión.
De acuerdo con estimaciones del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) y distintos reportes del sector, México superó los 50 mil megawatts (MW) de demanda máxima en los veranos de 2023 y 2024, y las proyecciones para 2026 apuntan a un pico que podría ubicarse entre 54 mil y 55.6 mil MW. En paralelo, cifras compiladas para el país indican que el consumo eléctrico total pasó de 324,662 gigawatts hora (GWh) en 2023 a 343,008 GWh en 2024, confirmando una tendencia de crecimiento sostenido.
Un consumo eléctrico que no deja de subir
El aumento en la demanda responde a varios factores que se combinan: el crecimiento poblacional, la expansión de la actividad industrial, impulsada en buena medida por el fenómeno del nearshoring, y, de manera muy marcada, el mayor uso de aires acondicionados durante las temporadas de calor extremo. En los momentos de mayor tensión, el sistema ha llegado a rozar sus límites históricos: entre mayo y junio de 2024 se registraron picos de 51,595 MW, mientras que para el verano de 2026 CENACE anticipó un periodo especialmente ajustado, con una demanda récord cercana a los 54 mil MW.
Este comportamiento no es exclusivo de México, pero adquiere particular relevancia porque coincide con una infraestructura de transmisión y distribución que, según especialistas del sector, no ha crecido al mismo ritmo que la demanda.
Récord de consumo eléctrico y apagones ponen a prueba a México: el repunte de los apagones y sus causas
Los reportes más recientes documentan un incremento en las interrupciones del servicio eléctrico. Durante junio de 2026, medios especializados registraron fallas, variaciones de voltaje y apagones en al menos 20 entidades del país, con afectaciones particulares en Yucatán, Tabasco, Nuevo León, Coahuila y Veracruz, entre otras regiones.
A esto se suma un dato preocupante sobre la calidad del servicio: en 2025, los usuarios de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) acumularon en promedio 15.396 minutos sin suministro por causas atribuibles a la propia empresa, una cifra que representó un incremento de 42.3% respecto a 2024. La frecuencia de las interrupciones también aumentó de forma considerable en el mismo periodo.
Autoridades federales han señalado que buena parte de estos cortes no obedece a una falta de generación eléctrica a nivel nacional, sino a presiones concentradas en las redes de transmisión y distribución: transformadores saturados, equipos con años de operación y fallas puntuales en centrales o líneas específicas. Dicho de otra forma, un mayor consumo no provoca automáticamente un apagón, pero sí incrementa la probabilidad de que ocurra cuando la infraestructura no logra absorber la presión adicional.
La caída del sector de agua, electricidad y gas
El panorama se complica al observar el comportamiento reciente del sector de agua, electricidad y gas dentro de la actividad económica nacional. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este bloque registró una contracción mensual de 1.9% en enero de 2026 y un nuevo descenso de 0.5% en mayo del mismo año, lo que confirma una debilidad persistente en el sector.
Este retroceso no es un fenómeno aislado. Entre 2018 y 2023, la actividad conjunta de electricidad, gas y agua se contrajo 26.8%, de acuerdo con datos citados por medios especializados, un desempeño que se ubicó como el más débil registrado en varios sexenios. Especialistas consultados por distintos medios han advertido que el crecimiento de la actividad industrial, la escasez de agua en varias regiones del país y el rezago histórico en inversión están presionando de forma simultánea tres frentes: la red eléctrica, el abasto de agua y el suministro de gas.
Una misma fragilidad, tres síntomas
Analistas del sector energético coinciden en que los tres fenómenos —récords de consumo, aumento de apagones y caída del sector de servicios básicos— no deben leerse de forma aislada, sino como manifestaciones de un mismo problema estructural: una red de infraestructura que crece por debajo del ritmo de la demanda y que arrastra años de inversión insuficiente.
En términos prácticos, esto significa que cada ola de calor intensa pondrá a prueba, cada vez con menos margen, la capacidad del sistema para sostener el suministro sin interrupciones. La discusión pública, señalan especialistas, se ha desplazado en los últimos meses de la pregunta sobre si México genera suficiente electricidad hacia una más específica: si la red de transmisión y distribución del país está en condiciones de sostener picos de demanda cada vez más altos.
Energía
Irán reivindica la explosión de dos petroleros en Ormuz; EE.UU. lo niega

Dos petroleros habrían estallado en llamas al cruzar un campo minado al sur del estrecho de Ormuz, según un comunicado difundido por los Guardianes de la Revolución de Irán. Washington respondió de inmediato calificando la versión de falsa, sin ofrecer una explicación alternativa. El episodio se suma a una cadena de incidentes navales que, desde hace meses, alimenta tanto la confrontación militar como la disputa por el relato entre Teherán y Estados Unidos en una de las rutas petroleras más sensibles del planeta.
Versiones encontradas: lo que asegura Teherán y lo que niega Washington
La Guardia Revolucionaria iraní sostuvo que las dos embarcaciones se incendiaron al intentar cruzar una zona minada, y atribuyó el episodio a maniobras de inteligencia estadounidense que, según su relato, habrían empujado a los buques hacia esa área. El comunicado no precisó banderas, tipo de carga ni si hubo víctimas.
Horas más tarde, el cuerpo militar amplió su versión al afirmar que había interceptado a cuatro embarcaciones adicionales mediante una operación conjunta de misiles y drones, a las que describió como vinculadas a Washington.
El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) rechazó la versión iraní a través de un mensaje breve publicado en la red social X, en el que la calificó de falsa, aunque tampoco entregó una explicación propia de lo sucedido con esos buques. Esta dinámica de acusaciones cruzadas ya se ha repetido en otros incidentes recientes en Ormuz: Washington sostiene que Teherán exagera o manipula la información para justificar restricciones al tráfico marítimo, mientras Irán denuncia operaciones encubiertas y provocaciones occidentales. Días antes de este episodio, Estados Unidos había responsabilizado a Irán de atacar tres buques mercantes en la zona, lo que derivó en bombardeos estadounidenses contra objetivos iraníes.
Al no existir datos verificables sobre nacionalidades, daños o confirmaciones de aseguradoras marítimas u organismos de tráfico naval, el episodio se mantiene, por ahora, como un hecho disputado más que como un incidente plenamente corroborado.
Un estrecho bajo fuego: la crisis abierta en Ormuz
El incidente ocurre en el contexto de la guerra abierta entre Irán, Estados Unidos e Israel, que en distintos momentos de 2026 ha derivado en el cierre parcial o total del estrecho de Ormuz. Analistas describen la situación como un punto muerto: Teherán endurece los controles sobre el tránsito marítimo y cobra peajes considerados ilegales a cambio de garantizar el paso seguro, mientras Washington sostiene un bloqueo naval que limita la salida de petróleo iraní.
En algún momento del conflicto, Irán llegó a anunciar el cierre total del estrecho tras sufrir ataques estadounidenses, utilizando su control sobre esta vía como instrumento de presión tanto económica como militar. En ese marco se entiende la insistencia de la Guardia Revolucionaria en presentar cada nuevo incidente como una muestra de que está “restableciendo el orden” frente a embarcaciones que asocia con intereses estadounidenses.
Ataques previos y el peso económico del estrecho
Este no es un hecho aislado. Desde marzo y abril de 2026 se han registrado varios ataques contra petroleros en la zona: lanchas de la Guardia Revolucionaria dispararon contra al menos dos buques, obligando a alguno a retroceder o cambiar de ruta tras recibir advertencias. Medios regionales reportaron además que dos petroleros con banderas de Botsuana y Angola fueron forzados a dar marcha atrás cuando Teherán reimpuso controles estrictos sobre el paso. A esto se suman ataques con proyectiles contra tres buques mercantes, atribuidos por Washington a fuerzas iraníes, que motivaron represalias militares estadounidenses. El patrón recuerda al llamado “incidente del golfo de Omán” de 2019, cuando una serie de explosiones en petroleros elevó la tensión entre ambos países, aunque en aquel momento la confrontación no había escalado a una guerra declarada como la actual.
El estrecho de Ormuz es, además, un punto neurálgico para la economía mundial: por esta vía transita cerca de una quinta parte del petróleo que se consume globalmente, por lo que cualquier ataque, cierre o amenaza repercute de inmediato en los precios internacionales. En la crisis actual, el barril de petróleo Brent ha vuelto a superar los 100 dólares, y países como Irak han cerrado preventivamente sus puertos petroleros ante el temor de que el conflicto se extienda. Se calcula que el bloqueo y la guerra generan pérdidas diarias de cientos de millones de dólares para la economía iraní, mientras Estados Unidos enfrenta el riesgo de presiones inflacionarias y una posible desaceleración económica global derivadas de la volatilidad energética.
Las batallas también se pelean en el relato
El comunicado de la Guardia Revolucionaria cumple varias funciones políticas a la vez: busca mostrar que Irán mantiene el control sobre las zonas minadas y puede impedir el paso de embarcaciones vinculadas a Estados Unidos, refuerza la narrativa de que su bloqueo es una respuesta legítima frente a la agresión estadounidense, y envía una advertencia a las navieras que consideren desafiar sus restricciones. Las referencias a supuestas maniobras de inteligencia estadounidense y a una operación con misiles y drones también buscan proyectar capacidad tecnológica y superioridad táctica en el terreno marítimo.
Del otro lado, Estados Unidos opta por desmentir sin entrar en detalles, una estrategia que le permite evitar legitimar el relato iraní y mantener el foco en que es Teherán el responsable de la inestabilidad en el estrecho. Para la cobertura periodística del conflicto, este tipo de episodios pone en primer plano la dificultad de verificar de forma independiente lo que ocurre en Ormuz, un elemento central para cualquier análisis que busque ir más allá de la simple descripción de los comunicados oficiales.
Energía
Trump reactiva bloqueo a Irán y cobra 20% en Ormuz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes 13 de julio de 2026 el restablecimiento del bloqueo naval a los puertos iraníes en el estrecho de Ormuz y confirmó que su gobierno cobrará una tasa del 20% sobre la carga de todos los barcos que reciban protección estadounidense en esa vía marítima. El anuncio se produjo en medio de una escalada militar entre Washington y Teherán que ha dejado 23 muertos desde el miércoles previo.
El anuncio: bloqueo naval y una tasa de “guardián”
A través de Truth Social, Trump afirmó que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto “con o sin Irán” y que Washington asumirá el control de la seguridad de esa vía, mientras anticipaba el cobro de una tasa del 20% sobre toda la carga transportada como compensación por esa tarea. El mandatario explicó que Estados Unidos pasará a ser conocido como el “guardián del estrecho de Ormuz” y que, en esa condición, recibiría un reembolso equivalente al 20% del valor de la carga para cubrir los costos de brindar seguridad en la zona. Aseguró además que el proceso comenzaría de inmediato, aunque no detalló cómo se implementaría el cobro ni qué organismo lo recaudaría.
El mandatario precisó que el llamado “bloqueo iraní” solo impedirá el ingreso o salida de embarcaciones iraníes o de sus clientes, mientras que el resto de los países podrá usar el estrecho de forma libre. En una entrevista con Fox News, insistió en que Estados Unidos está tomando el control del estrecho de Ormuz.
El colapso de la tregua de abril
La medida se inscribe en una escalada sin precedentes desde el alto el fuego alcanzado el 8 de abril de 2026, que se rompió luego de que fuerzas iraníes atacaran buques comerciales en Ormuz. Los ataques cruzados recientes en la zona han dejado 23 muertos desde el miércoles anterior al anuncio, mientras el precio del crudo subió más de 3,5% y se acercó a los 79 dólares ante la amenaza al suministro global. Trump había señalado la semana previa que la tregua “terminó” a raíz de esos ataques contra embarcaciones en el estrecho.
Según relató el propio Trump, líderes iraníes mantuvieron negociaciones de once horas con Washington en las que “todo quedó acordado”, pero después exigieron cambios, lo que -dijo- justificó los últimos ataques estadounidenses en la región. El vocero de la Cancillería iraní, Esmail Baqai, sostuvo en Teherán que el acuerdo está en crisis, pero remarcó que Irán nunca ha sido el primero en incumplir sus compromisos.
Reacciones de Irán y aliados regionales
El ejército iraní advirtió que no permitirá que Estados Unidos “interfiera” en la gestión del estrecho, y el vocero del comando militar Khatam Al-Anbiya señaló que cualquier cooperación de un país del Golfo con Washington en ese sentido será considerada un “acto de guerra”. En paralelo, Omán sufrió bombardeos dirigidos a instalaciones con presencia militar estadounidense, Baréin interceptó misiles y acusó a Irán de atentar contra población civil, y Kuwait activó sus sistemas de defensa ante objetivos aéreos hostiles. Las gestiones diplomáticas con Catar, Pakistán y Omán como mediadores continúan con el objetivo de evitar una mayor escalada.
Impacto en los mercados energéticos
Por Ormuz transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial en condiciones normales, por lo que cualquier alteración en la ruta repercute de inmediato en los precios internacionales. El Brent avanzaba 2,51% hasta 77,92 dólares por barril, mientras el WTI subía 2,73% hasta 73,36 dólares tras el anuncio. La CEPAL había estimado que en 2026 el precio promedio del petróleo podría ubicarse entre 20% y 25% por encima del de 2025, lo que añadiría entre 0,3 y 4,6 puntos a la inflación anual en países de América Latina y el Caribe.
Un porvenir negro petróleo
El anuncio combina presión militar y económica en un punto donde Washington ya había ordenado un bloqueo similar en abril, tras el fracaso de negociaciones en Islamabad. La nueva tasa del 20% se suma a esa estrategia como un mecanismo adicional de presión, en momentos en que persisten los canales diplomáticos con mediadores regionales. Analistas consultados por medios internacionales advierten que, si bien el bloqueo podría tener un efecto limitado a corto plazo -ya que buena parte del tráfico marítimo se había desviado tras la escalada bélica-, una prolongación del conflicto profundizaría la presión sobre los mercados energéticos globales.
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