Irán lleva la negociación a Islamabad con una propuesta de diez puntos
Cuando el canciller Seyed Abbas Araghchi aterrizó en Islamabad, llevaba en la maleta un plan de diez puntos para detener la guerra con Estados Unidos. Lo que no llevaba era margen para ceder en lo que Teherán llama exigencias “maximalistas”: el control del estrecho de Ormuz, el programa de defensa y las sanciones económicas. Donald Trump, desde Washington, declaró que espera una respuesta satisfactoria, aunque los primeros contactos ya tropezaron con las condiciones de la Casa Blanca.
La República Islámica de Irán presentó su plan como una solución “definitiva y duradera”, según palabras del propio canciller Seyed Abbas Araghchi, quien insistió en que Teherán no aceptará ultimátums ni reglas cambiadas al final de la mesa.
El estrecho sigue siendo tema
El estrecho de Ormuz sigue pesando: por ahí pasa una parte central del crudo y el gas natural licuado que mueve la economía global. Bloquearlo, aunque sea parcialmente, dispara la prima de riesgo en los mercados y sacude los ingresos fiscales de países productores del Golfo.
Washington le dio a Teherán un ultimátum de 48 horas para reabrir el paso. Irán respondió con amenazas contra la infraestructura energética de los aliados estadounidenses en la región. Ese pulso —bloqueo contra contraataque— es el núcleo duro de las negociaciones en Islamabad.
La propuesta iraní busca convertir esa palanca militar en moneda diplomática: el plan contempla que Irán mantenga cierto control sobre el estrecho, pero bajo un marco acordado entre ambas partes, no impuesto desde fuera.
Trump espera respuesta satisfactoria de canciller iraní, pero las fricciones siguen
Trump espera respuesta satisfactoria de canciller iraní en una negociación que, según fuentes cercanas a las conversaciones, Estados Unidos ya consideró “factible” en principio. El problema surgió en los detalles: Washington exige compromisos explícitos sobre el programa nuclear y balístico, Israel presiona para que el acuerdo incluya restricciones a la proyección regional de Teherán, y el gobierno iraní responde que su programa nuclear es civil y está protegido por el derecho internacional.
Tres ejes que Irán no abandona
El plan de diez puntos gira en torno a tres grandes bloques:
Primero, derechos soberanos: Irán no renuncia al control parcial de Ormuz ni a la continuidad de su programa nuclear civil.
Segundo, alto el fuego negociado: duración flexible, condicionada al cumplimiento de ambas partes, con mecanismos para frenar ataques contra infraestructura petrolera iraní.
Tercero, alivio económico: cualquier acuerdo duradero pasa, para Teherán, por el levantamiento o la flexibilización de las sanciones sobre sus exportaciones de petróleo y su acceso al sistema financiero internacional.
Movimientos de Pakistán en el tablero
Donald Trump también observa el papel de Islamabad. Si Pakistán consolida su posición como mediador exitoso, podría relanzar el proyecto de gasoducto Irán-Pakistán, que en su momento buscaba cubrir hasta el 20 % de la electricidad del país. Eso tensaría directamente la política de sanciones de Washington.
A corto plazo, cualquier avance que garantice la reapertura segura del estrecho de Ormuz bajaría la presión en los precios del crudo. A mediano plazo, la vuelta gradual del petróleo iraní al mercado reordenaría los equilibrios entre productores del Golfo y afectaría la estrategia de Arabia Saudita y Rusia.
Si las conversaciones fracasan y se reactiva el bloqueo, Ormuz vuelve a ser el punto más frágil del comercio mundial de energía.
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