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Gas Natural

Usar fracking en México podría resultar costoso

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Usar fracking en México podría resultar costoso

Usar fracking en México podría resultar costoso para el erario y el territorio

El gobierno de Claudia Sheinbaum abrió formalmente la puerta a extraer gas y petróleo de yacimientos no convencionales mediante fractura hidrológica. El reducir la dependencia del gas importado desde Estados Unidos, que hoy representa alrededor del 75% del consumo nacional es el motivo. Petróleos Mexicanos y la Secretaría de Energía trabajan ya en una hoja de ruta para destinar recursos a estos yacimientos como condición para cumplir metas de producción al final del sexenio.

Lo que el gobierno no detalla con la misma claridad son los números detrás de esa apuesta.

El precio de cada pozo

Cada pozo de fractura hidrológica o fracking en México puede costar entre 20 y 25 millones de dólares, según estimaciones de organizaciones ambientales y estudios especializados. Eso incluye la complejidad técnica, el número de etapas de fractura y la infraestructura de apoyo. Para comparar: en campos convencionales, Petróleos Mexicanos (PEMEX) extrae un barril a un costo que ronda los 14 o 15 dólares, muy por debajo de lo que exige cualquier proyecto de lutitas.

Además, por cada unidad de energía que se invierte en fracking, se recuperan aproximadamente cinco. En proyectos tradicionales, esa relación llega a 20. Es decir, se gasta mucho más para sacar menos.

Agua escasa, pozos sedientos

Usar fracking en México podría resultar costoso también en términos hídricos. Cada pozo consume millones de litros de agua mezclados con arena y químicos para fracturar la roca a profundidades de entre 1,000 y 5,000 metros. El problema: buena parte del potencial no convencional del país se concentra en el norte y noreste, zonas que ya cargan con estrés hídrico. Ahí, el agua compite con el consumo humano, la agricultura y la industria.

A eso se suman los riesgos documentados de contaminación en mantos acuíferos por fugas, cementaciones deficientes o manejo descuidado de las aguas de retorno, cargadas con químicos y metales. También se registran emisiones de metano y compuestos orgánicos volátiles que deterioran el aire.

Comunidades en el camino

En estados como Tamaulipas, Veracruz y la cuenca Tampico-Misantla, organizaciones como la Alianza Mexicana contra el Fracking documentaron resistencia social desde que Pemex recibió asignaciones en esas zonas. Los conflictos no son abstractos: se traducen en retrasos de proyectos, litigios, compensaciones y trabajo constante de contención. Eso también se paga.

Estudios en México describen potenciales afectaciones a la salud pública por exposición a químicos, aumento de tráfico pesado, ruido y polvo en zonas rurales. Las comunidades cercanas a proyectos similares reportan enfermedades respiratorias y dermatológicas.

Quedamos en que no, pero al final sí

Claudia Sheinbaum reconoció públicamente que el fracking es una técnica dañina y tóxica. Aun así, avaló la exploración de yacimientos no convencionales bajo el argumento de la soberanía energética. El gobierno anunció un comité científico para evaluar tecnologías de menor daño ambiental antes de activar proyectos, pero los críticos señalan que los costos estructurales no desaparecen con mejores prácticas.

Cada peso que va al fracking es un peso que no llega a infraestructura renovable, que tiene costos operativos menores, no depende del gas natural importado y reduce emisiones. Esa es la cuenta que el gobierno todavía no presenta.

¿Cuántos pozos necesitaría Pemex para mover la aguja en producción, y a qué precio por barril cerrarían esos proyectos sin subsidios?

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Gas Natural

La posibilidad de un fracking sostenible para extraer gas natural en México

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La posibilidad de un fracking sostenible

La posibilidad de un fracking sostenible para extraer gas natural se planteó ayer miércoles 8 de abril de 2026, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum abrió la puerta a la fractura hidráulica con una condición: que los impactos ambientales se reduzcan al máximo.

“Si vamos a hacer explotación de gas no convencional, tiene que ser de una manera sustentable”, dijo Sheinbaum en su conferencia matutina. La declaración no cerró ninguna puerta, pero sí fijó un umbral técnico que su gobierno deberá justificar ante la comunidad científica y ante quienes ya cuestionan que esa combinación sea viable.

Un comité decide en dos meses

La presidenta anunció la creación de un comité de especialistas nacionales e internacionales con un encargo concreto: determinar si existen métodos de fractura hidráulica que no provoquen los daños de esquemas anteriores. El grupo tiene alrededor de dos meses para entregar recomendaciones técnicas y económicas.

Lo que el gobierno pone sobre la balanza son cuatro ajustes operativos: usar agua salobre o de mar en lugar de agua dulce para las inyecciones; reciclar el agua empleada en los pozos; sustituir los químicos tradicionales por sustancias menos agresivas, incluso orgánicas; y aplicar estándares de monitoreo más estrictos. Ninguno de esos cambios elimina la técnica, pero el gobierno los presenta como suficientes para hablar de fracking con otro perfil ambiental.

La posibilidad de un fracking sostenible frente a la dependencia del gas

El trasfondo es una cifra que Pemex expuso en la misma conferencia: México importa alrededor del 75% del gas que consume, la mayor parte desde Texas. Reducir esa dependencia es el eje de la estrategia de gas natural hacia 2030, que proyecta elevar la producción total hasta más de 8,600 millones de pies cúbicos diarios en una década para acercarse al consumo nacional actual de 9,000 millones.

En meses anteriores, el titular de CENAGAS, Cuitláhuac García, estableció la certeza técnica de un fracking menos agresivo. El Centro Nacional de Control del Gas Natural (CENAGAS) administra la red de transporte que hoy mueve buena parte de ese gas importado; cualquier aumento sostenido en producción propia reordenaría los flujos que ese organismo opera. La Cuenca de Burgos, que se extiende entre Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, concentra las reservas de gas no convencional más estudiadas del país y sería el territorio más probable para las primeras pruebas.

Lo que dicen quienes no están convencidos

Organizaciones ambientales y varios especialistas citados en prensa rechazan que la técnica admita un adjetivo verde. Señalan que aunque cambien los insumos (agua salobre, químicos orgánicos) los riesgos a acuíferos, las emisiones fugitivas de metano, los sismos inducidos y las afectaciones sociales no desaparecen: se reducen en el mejor de los casos, pero no se cancelan.

El fracking, dicen, sigue siendo intensivo en recursos y produce impactos acumulativos que ningún protocolo de monitoreo borra del mapa. Sheinbaum no respondió directamente a esas objeciones; delegó la respuesta al comité.

Renovables no salen de la ecuación

La presidenta insistió en que el giro hacia el gas no convencional no abandona la apuesta por energías limpias. Su gobierno prometió seguir incrementando la capacidad renovable y reducir el uso de combustóleo en la generación eléctrica. El gas, en su lectura, es un puente hacia la soberanía energética mientras las renovables escalan.

Si el comité avala algún modelo técnico, la decisión formal llegará en poco más de dos meses. Hasta entonces, la pregunta queda sin respuesta concreta: ¿qué tan sostenible puede ser un método que fractura roca para soltar gas?

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Gas Natural

Aumenta riesgos en México por gas natural ante tensión geopolítica

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Aumenta riesgos en México por gas natural

México carga con una dependencia que no eligió

Hoy, más del 75% del gas con el que México produce electricidad llega desde Estados Unidos. No hay reservas estratégicas. No hay plan B activado. Y el mundo, en estos meses, se sacude. Esto es un hecho ya bien sabido.

La guerra en Medio Oriente presiona los mercados globales de energía. El país no enfrenta hoy un desabasto masivo, pero los márgenes se estrechan y los avisos se acumulan.

Aumenta riesgos en México por gas natural: qué tan cerca está el límite

El sistema tiene tres puntos de quiebre.

Primero: los inventarios. México almacena gas equivalente a apenas 2.4 días de consumo, distribuidos en tres terminales de gas natural licuado. La terminal de gas natural licuado de Altamira, junto con las de Manzanillo y Costa Azul, concentra esa reserva mínima. La meta oficial era llegar a cinco días de almacenamiento para 2026; ese objetivo no se alcanzó por ahora.

Segundo: el precio. La Secretaría de Energía (SENER) proyectó escenarios de hasta 8 dólares por MMBtu para este año, un nivel que encarece la generación eléctrica y empuja los subsidios al límite. Las coberturas financieras de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) protegen alrededor del 60 al 65% del consumo diario frente a picos de precio, pero no blindan contra la escasez física.

Tercero: el corredor de abasto. Si Estados Unidos redirige volúmenes de gas natural a Europa o Asia —algo que los analistas consideran posible si la tensión en torno al estrecho de Ormuz escala y reconfigura los flujos globales de GNL—, México recibirá menos y pagará más, sin alternativas reales a corto plazo.

Lo que ya pasó y lo que puede repetirse

Durante la tormenta invernal de 2026, CFE reconoció en comunicados internos que las bajas temperaturas en el sur de Estados Unidos podían interrumpir entregas y elevar el precio del gas de un día para otro. No fue una alerta teórica: fue operativa, directa y sin margen de maniobra, el SISTRANGAS fue declarado en alerta crítica y se tuvo que recurrir a apagones escalonados.

La Península de Yucatán, que depende de un gasoducto único, ya vivió apagones por fallas en el suministro. Ese patrón no desapareció; solo espera condiciones para repetirse.

El gobierno reconoce el problema

La presidencia señaló públicamente que el gas natural es hoy la gran “pendiente” de la soberanía energética. CFE tiene más de 28 mil MW de capacidad que no usa gas —hidroeléctricas, nuclear, carbón, renovables— y eso da margen ante cortes parciales. Pero la generación basada en gas sigue creciendo, y el almacenamiento estructural no avanza al mismo ritmo.

Sin nuevas terminales de regasificación, sin gasoductos hacia fuentes alternas y sin reservas suficientes, el sistema aguanta mientras el clima coopera y los mercados no se disparan. Cuando alguna de esas condiciones falla, el margen desaparece rápido.

México produce electricidad mayoritariamente con gas. Y ese gas llega de un solo vecino, por gasoductos que cruzan zonas climáticamente inestables. Así están las cosas.

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Gas Natural

México seguirá dependiendo del gas natural texano varios años más

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México seguirá dependiendo del gas natural texano

México seguirá dependiendo del gas natural texano

Cada día, alrededor de 6.4 mil millones de pies cúbicos de gas cruzan la frontera desde Texas hacia México. Esa cifra —máximo histórico registrado entre 2024 y 2025— este solo un dato es el termómetro real de cuánto depende el sistema eléctrico mexicano de decisiones que se toman al otro lado del río Bravo.

El clima en Texas, sus precios, su política energética: todo eso ya dicta buena parte del pulso eléctrico de México. Y la mitad de la electricidad que se genera en el país sale precisamente de plantas que queman ese gas importado.

México seguirá dependiendo del gas natural texano varios años más, y el gobierno lo sabe

La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos: México importa alrededor del 75% del gas que consume desde Texas. Frente a eso, su gobierno colocó la reducción de esa dependencia como prioridad del PROSENER 2025-2030, el programa sectorial que traza la hoja de ruta energética para lo que resta de la década.

El plan busca subir la producción nacional de gas de los actuales 3.8 mil millones de pies cúbicos diarios a cerca de 5 mil millones hacia 2030. Para lograrlo, el gobierno mete mano en campos como Ixachi, Quesqui y Lakach, y evalúa técnicas no convencionales —incluyendo variantes de fracking— con promesas de supervisión ambiental.

El problema: aun si Petróleos Mexicanos (PEMEX) cumpliera esa meta de producción, México seguiría necesitando importar entre 3 y 4 mil millones de pies cúbicos diarios para cubrir una demanda que no para de crecer. La soberanía energética México la persigue, pero los números no cuadran para 2030.

Paradoja de los gasoductos

Mientras el gobierno dice que quiere importar menos gas texano, al mismo tiempo empuja la construcción de nuevos gasoductos desde Texas: Puerta al Sureste, ampliaciones al Bajío y al occidente, extensiones hacia la península de Yucatán. Infraestructura diseñada, precisamente, para traer más gas del norte.

Eso no es una contradicción accidental. Es la lógica de un sistema que necesita asegurar suministro hoy, aunque eso ate más al país a Texas mañana.

Tres rutas para recortar la dependencia

El gas natural como energético dominante no desaparece antes de 2030; lo que sí podría moverse es su peso dentro de la matriz. Los especialistas identifican tres frentes concretos:

Más producción nacional. Acelerar campos terrestres ricos en gas asociado y abrir espacio a inversión privada en almacenamiento y procesamiento reduciría la brecha entre lo que produce Pemex y lo que el país consume.

Renovables en serio. Un salto de la participación eléctrica renovable a 35–40% podría ahorrar hasta 1,600 millones de dólares anuales en importaciones de gas. El PROSENER actual no fija metas claras para lograrlo.

Almacenamiento estratégico. México prácticamente no cuenta con reservas subterráneas de gas. Las heladas de Texas en 2021 lo dejaron expuesto; sin cavidades salinas o campos agotados habilitados, ese riesgo persiste.

¿Qué tan libre podría estar México en 2030?

En el escenario más optimista —producción interna cerca de 5 mil millones de pies cúbicos, renovables cubriendo 35–40% de la electricidad— las importaciones podrían bajar de 76% a alrededor de 50–55% del consumo. En el escenario inercial, la dependencia se mantiene por encima de 70%, incluso si Pemex produce más, porque la demanda también sube.

Para 2030, México muy probablemente seguirá siendo importador neto de gas texano. Lo que está en disputa es si ese gas sigue siendo la columna vertebral del sistema o solo una pieza dentro de una matriz más repartida.

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