Energía
Producción nacional: 90% de PEMEX asegura estabilidad energética
Energía y Ecología informa: durante los primeros nueve meses de gobierno, la producción nacional: 90% de PEMEX se mantuvo como eje central de la política energética. Con un promedio mensual de 1 millón 716 mil barriles diarios, la petrolera estatal aportó casi todo el volumen de hidrocarburos líquidos, mientras el resto provino de asociaciones y contratos de rondas previas.
Producción nacional: 90% de PEMEX y nuevos campos
Campos estratégicos como Bakte, Ixachi, Itta, Teotleco y Bricol elevaron su producción conjunta de 113 mil a 157 mil barriles diarios, consolidando la presencia de la empresa en el sector. Este desempeño explica por qué la producción nacional: 90% de PEMEX sigue siendo determinante para el mercado interno.
Además, se licitó un paquete de proyectos mixtos para reactivar 400 pozos cerrados, con una meta de sumar 13 mil barriles diarios adicionales. Estas acciones forman parte del Plan de Trabajo 2025–2030, centrado en modernización, eficiencia y recuperación de capacidad productiva.
Exploración, reservas e ingresos fiscales
En paralelo, se ratificaron ocho descubrimientos en aguas someras y zonas terrestres, con un volumen estimado de 174.61 millones de barriles equivalentes. Estos hallazgos fortalecen las reservas nacionales y respaldan la continuidad de la exploración.
El Estado también recibió 1,549 millones de dólares derivados de contratos de producción compartida, vinculados a 22.9 millones de barriles de petróleo y 9.8 mil millones de pies cúbicos de gas natural. Dichos ingresos reflejan la aportación fiscal de los esquemas heredados y su vigencia en el modelo energético.
Refinación y demanda interna
El fortalecimiento del Sistema Nacional de Refinación (SNR) permitió incrementar el procesamiento de crudo en un 52%, pasando de 731 mil a 1 millón 112 mil barriles diarios. Como resultado, la producción de gasolina creció 71%, en línea con la meta de reducir importaciones y cubrir la demanda local.
Inversión y retos hacia 2030
Petróleos Mexicanos (PEMEX) enfrenta el reto de invertir 1.8 billones de pesos para alcanzar los objetivos de la administración de Claudia Sheinbaum: producir 1.8 millones de barriles de crudo y 5 mil millones de pies cúbicos de gas natural diarios. Del total, 1.6 billones se dirigirán a 12 proyectos estratégicos que aportarán 61% de la producción de hidrocarburos líquidos, mientras 238 mil millones se destinarán a proyectos de gas.
Con este esfuerzo, la petrolera espera ingresos de 6.9 billones de pesos en el mediano plazo. Sin embargo, figuras opositoras y diversos analistas cuestionan la viabilidad de sostener este ritmo de inversión sin generar mayor endeudamiento, afirmando que el límite está por rebasarse o que incluso ya se rebasó y sería irresponsable continuar así.
Información de Revista Guinda.
Energía
Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite

El recorte sacude al sistema financiero mexicano
Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite del grado de inversión después de reducir la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, el peldaño más bajo antes de caer a categoría especulativa. La decisión arrastra consigo a la Comisión Federal de Electricidad y a las instituciones financieras más grandes del país, en un movimiento que reordena el mapa de riesgo de la economía mexicana.
La agencia cambió simultáneamente la perspectiva de negativa a estable, lo que indica que no anticipa más recortes inmediatos, siempre que no haya nuevos choques en las finanzas públicas.
La CFE: fortaleza operativa, talón de Aquiles fiscal
La deuda senior no garantizada en moneda extranjera de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) bajó de Baa2 a Baa3. Moody’s mantuvo su evaluación crediticia base en ba3, reconociendo que la empresa conserva músculo operativo, pero señala que ese músculo está atado a la salud financiera del gobierno federal.
El vínculo entre la CFE y el soberano es el problema de fondo. Cada peso que el gobierno destina a sostener a la empresa presiona la deuda pública; cada deterioro fiscal se traslada directamente a la calificación de la paraestatal. Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite precisamente porque ese cordón umbilical no tiene señales de cortarse.
En términos prácticos, la empresa seguirá consiguiendo financiamiento en mercados internacionales, pero a un costo más alto y con menos margen de maniobra.
Los ocho bancos que bajaron un escalón
La rebaja alcanzó a las principales instituciones financieras del país. BBVA México y Santander México figuran entre los ocho bancos afectados, junto con Citibanamex, Banorte, HSBC México, Scotiabank México, Inbursa y Banco Regional.
La lógica de la agencia es directa: el riesgo de los bancos está amarrado al riesgo del país. La calidad de su cartera, la capacidad del gobierno para sostener al sistema financiero y la exposición a deuda soberana y paraestatal determinan su calificación tanto como sus propios balances.
El recorte es de un escalón en las notas de emisor o deuda en moneda extranjera. No los saca del grado de inversión, pero estrecha el margen antes de que eso ocurra.
Qué cambia para los bancos
El fondeo internacional se encarece de forma moderada. La sensibilidad del sistema bancario a cualquier deterioro adicional en las finanzas públicas sube. Los inversionistas institucionales que tienen límites para mantener posiciones en emisores cerca del grado especulativo empezarán a mirar con mayor atención.
Lo que dice Moody’s sobre México
La agencia cita tres factores para el recorte soberano: deterioro de la posición fiscal, presiones de gasto crecientes —incluidos los apoyos a CFE y Pemex— y debilidad en los marcos institucionales y de política pública.
El cambio a perspectiva estable es una señal de pausa, no de alivio. Moody’s acota que el margen para errores en política fiscal y energética es escaso. Cualquier caída de ingresos, recesión o crisis en el sector energético puede traducirse en mayor deuda o en recortes de gasto que vuelvan a tensar las calificaciones.
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Energía
La infraestructura que México requiere para las AI

Querétaro concentra hoy el mayor número de centros de datos del país. Las grúas no paran, los anuncios de inversión se acumulan y los titulares hablan de un boom. Pero detrás del ruido, hay un número que lo corta todo: México opera alrededor de 279 megawatts de capacidad instalada y necesita llegar a 1,500 para ser un destino serio de inteligencia artificial. Eso es quintuplicar lo que existe hoy.
Energía, el primer muro
Sin electricidad suficiente, barata y estable, no hay centro de datos que funcione. Para las cargas de IA —entrenamiento de modelos, procesamiento masivo de datos— se requieren decenas o cientos de megawatts por campus, con suministro continuo. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) tendría que respaldar una expansión que la industria estima en al menos 1,200 MW adicionales, con una inversión en infraestructura eléctrica de unos 8,800 millones de dólares.
El problema va más allá de los números: más de 70% de la electricidad en México sale de fuentes fósiles. Eso encarece la operación, frena cualquier argumento de sostenibilidad y aleja a empresas que ya operan bajo compromisos de carbono neto cero.
La infraestructura que México requiere para las AI también depende del agua
Las instalaciones de alta densidad computacional consumen agua en sus sistemas de enfriamiento. Querétaro y el Bajío ya cargan con presión hídrica antes de que lleguen más centros de datos. Si la expansión ocurre sin inversión proporcional en tecnologías de enfriamiento eficientes, el conflicto social no tarda.
H3: Conectividad y talento, los otros dos huecos
La demanda de ancho de banda entre centros de datos podría multiplicarse por seis en los próximos cinco años. México necesita redes de fibra óptica capaces de mover 400 a 800 gigabits por segundo por enlace, con latencias bajas entre nodos.
El talento es el cuello más silencioso. No hay suficientes ingenieros eléctricos, mecánicos ni operadores de centros de datos para construir y sostener la infraestructura proyectada. La propia industria lo reconoce: los proyectos de nearshoring tecnológico se topan con escasez de perfiles antes de que se pongan la primera piedra.
Lo que está en juego
México ya ocupa el segundo lugar en el mercado latinoamericano de centros de datos. Hay inversiones directas proyectadas por más de 9,000 millones de dólares y efectos indirectos que superan los 27,000 millones. Si la infraestructura se construye, el país podría alojar cargas de IA para el mercado estadounidense y el latinoamericano desde una posición geográfica que ningún otro país de la región tiene.
Si no se construye, esas inversiones se van a mercados con energía abundante y verde —algunos estados de Estados Unidos, Canadá, países con excedentes hidroeléctricos en Sudamérica. México se quedaría pagando los costos del boom sin capturar sus beneficios.
Lo que pide la industria
La Asociación Mexicana de Data Centers: MEXDC ha señalado de forma directa que sin un plan nacional de energía con metas claras, regulaciones que agilicen permisos de fibra y programas acelerados de formación técnica, México no consolida su posición. No como advertencia, sino como condición.
Cuarenta y tres por ciento de los nuevos centros de datos en el país tendrá que destinar su capacidad a cargas de trabajo de inteligencia artificial. Eso ya no es una proyección: es la dirección que toman los contratos y las decisiones de inversión hoy.
La pregunta no es si México quiere ser hub de IA. La pregunta es si puede armar en tiempo la cadena eléctrica, hídrica, de fibra y de talento que eso exige. Los proyectos anunciados para 2030 tienen fecha. La infraestructura, todavía no.
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Energía
Aumentan los apagones en el Sureste por el calor
El calor que apagó al Sureste
Aumentan los apagones en el Sureste por el calor y la causa no es un evento aislado. Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo registran cortes de luz que van desde horas hasta noches enteras, justo cuando las temperaturas escalan a niveles que hacen insostenible vivir sin aire acondicionado. La demanda de energía eléctrica en la región rompió máximos históricos en semanas recientes, según datos del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), el organismo que opera y vigila el sistema eléctrico nacional en tiempo real.
Cuando la demanda rebasa la generación disponible y ya no quedan reservas, CENACE declara emergencia operativa y aplica cortes controlados para evitar un colapso total. Eso es lo que ocurrió.
Gas, transmisión y plantas viejas: tres nudos en el mismo cable
El problema del gas en Nuevo Pemex
El Sureste depende del gas natural que alimenta ciclos combinados y cogeneraciones vinculadas a Pemex. En un episodio reciente, la Comisión Federal de Electricidad explicó que un problema técnico de alta humedad en el suministro proveniente de la central Nuevo Pemex impidió operar con normalidad. Los combustibles alternos que se activaron no alcanzaron para sostener la carga. Los apagones llegaron esa misma tarde.
La Red Nacional de Transmisión, saturada
Aunque en el papel existe capacidad instalada en otras regiones del país, las líneas que conectan esa energía con el Sureste no crecieron al ritmo de la demanda. La Red Nacional de Transmisión acumula rezagos en expansión y modernización que convierten a la región en una especie de isla eléctrica parcial: lo que no se genera localmente, difícilmente llega desde afuera cuando los corredores ya van al tope.
Plantas en mantenimiento, justo en el pico
En los periodos de calor más intenso, varias centrales entran a mantenimiento o registran fallas. La capacidad térmica vieja —combustóleo y diésel— se reserva para emergencias, pero si entra tarde o el combustible escasea, el déficit se descarga primero sobre las zonas más vulnerables. El Sureste lleva años en esa lista.
Aumentan los apagones en el Sureste por el calor y no es novedad
El patrón se repite desde hace años. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y centros de análisis han advertido que detrás de los cortes hay causas estructurales: inversión insuficiente en nueva generación, retrasos regulatorios, parálisis de proyectos privados y redes sin modernizar. El sistema aprendió a operar con márgenes de reserva muy bajos, confiando en que nada saldría mal. El cambio climático y las olas de calor cada vez más intensas ya no permiten esa apuesta.
La planeación del sector priorizó que la CFE recuperara participación en la generación nacional, lo que frenó la entrada de nueva capacidad privada —sobre todo renovable— que pudo haber reducido los picos de demanda en el Sureste.
El gobierno federal atribuye los cortes al calor extraordinario y anuncia que nuevas plantas resolverán el problema en los próximos meses. Las cámaras empresariales y especialistas apuntan a un patrón más profundo: apagones ligados tanto al calor como a fallas en gasoductos y en la red de transmisión, con años de acumulación.
¿Cuántas olas de calor más aguanta una red que ya iba al límite?
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