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TRAZAR EL RUMBO DE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA : OBJETIVO EN LA INICIATIVA DE LA REFORMA ELÉCTRICA (2021)

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A través de la CFE el Estado intenta con la Iniciativa de Reforma recuperar su papel estratégico en la industria eléctrica y en el Sistema Eléctrico Nacional

 

 

El presente artículo intenta destacar la importancia de planificar la transición energética en México para no caer en una crisis energética como está ocurriendo en la Unión Europea (UE) y por la que atravesó el estado de Texas en febrero de 2021, eventos en apariencia diferentes pero con algunos elementos comunes.

Para ello proponemos como tesis que han  sido factores como: la falta de planeación en el sector eléctrico, la ideología de mercado, el poder alcanzado por las trasnacionales energéticas, el dominio regulatorio-supranacional de Bruselas y el impacto de los climas extremos los que, entre otros, dan cuenta de la crisis que ocurre en la UE,  suceso que México busca evitar a partir de retomar el control estratégico de la industria eléctrica y el diseño de la transición energética, bajo una perspectiva de seguridad energética.

La punta del iceberg de la crisis energética en varios países de la UE es el problema de la asequibilidad de los precios de los combustibles que significa no sólo que aumentan, sino que se hacen inaccesibles al nivel de vida de las poblaciones. El 5 de octubre 2021, el MW/h en España se colocaba en  204€ , después de haber alcanzado 208€ el MW/h; en tanto que el precio del gas se cotizó en U.S.$100 MMBtu y; el precio del petróleo se colocó en U.S.$81d/b en una clara tendencia que alcanzará  los U.S.$100d/b; mientras que en el Reino Unido hay colas enormes en las gasolinerías intentando cargar el tanque, llevando al gobierno británico a emplear a sus soldados para cubrir el déficit de camioneros, problema derivado del BREXIT.

Un nivel más profundo de esta problemática permite ver la falta de la planeación energética que la UE debió implementar al desmantelar capacidad de producción de la energía nuclear y de combustibles fósiles en un afán de alcanzar un sistema energético renovable, un 100% para el 2035 o antes. Meta que ha minimizado la característica fundamental de las energías eólicas y solar como es el problema de la intermitencia mismo que está pasando factura al Reino Unido ante la falta de viento que no impulsa la gran capacidad construida para aprovechar la energía eólica, y que fue la primera tecnología de generación que falló en el pasado mes de febrero en Texas, considerando la expectativa de generación, debido al congelamiento de los aerogeneradores. Favorecer a la mano invisible del mercado sin la suficiente ponderación de la importancia de las energías de respaldo a las intermitentes, está pasando un alto costo social a los gobiernos en turno en países de la UE.

En concordancia con la preminencia del mercado como modelo económico está el dominio trasnacional que impone sus objetivos de maximización de ganancia en el manejo de la energía, por encima de objetivos sociales y que, en caso de la industria eléctrica española, se concentra en cinco empresas que utilizan una regulación que manipula los costos de generación tomando como referente el precio más alto para generalizarlo al resto de combustibles en la determinación de la tarifa con lo que se garantizan altas ganancias en la medida en que incorpora siempre un combustibles de precio alto. Marginar es la forma en que el neoliberalismo siempre logra maximizar ganancias, aun cuando abandera el declinante costo de las fuentes intermitentes en su promoción. Es así como en España han  cuadruplicado las tarifas en poco tiempo. La agenda 2050 que promete el 100% de energías renovables (intermitentes) sin duda elevará las tarifas de los consumidores europeos, siendo esta la cara poco amable de la transición verde.

La UE es un continente dependiente de los recursos fósiles del exterior, si bien cuenta con una importante capacidad de generación nuclear, del carbón y gas natural, tiene el problema, para fincar una seguridad energética en el largo plazo, en el hecho de que el modelo de mercado no gusta de la planeación en un contexto que hoy  trata de desmantelar las capacidades de generación a partir de combustibles fósiles, por ser considerados la causa del calentamiento global. El problema es que sin garantizar el almacenamiento para las energías intermitentes, implementa un desmantelamiento apresurado de la capacidad existente, lo cual deriva en problemas de suministro y o de confiabilidad en la generación de electricidad. Ante la histórica dependencia de la UE de los recursos energéticos del exterior parece inminente su dependencia del GNL de los EUA , del gas natural ruso (Nord Stream2) y del carbón, es decir energías fósiles. Ante esta experiencia ¿Qué hará que en México no terminemos en una crisis de esta naturaleza?

Frente a esta experiencia y la preeminencia de los objetivos de la 4T para garantizar la seguridad energética de México (a partir de la disponibilidad, la confiabilidad y la asequibilidad del precio de la electricidad) y la transición energética que tiene un papel fundamental para el sector energético y el resto de la economía nacional es que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha presentado una iniciativa de Cambio Constitucional al Congreso, para su deliberación y eventual aprobación en materia eléctrica  ¿Cuáles propuestas de la iniciativa de Reforma Constitucional coadyuvarían a planificar una transición energética armoniosa, firme y exitosa? Intentamos responder a partir de la mencionada Iniciativa.

A través de la CFE el Estado intenta con la Iniciativa de Reforma recuperar su papel estratégico en la industria eléctrica y en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Fortalecer y eficientar a la CFE a partir de restituir la integración vertical y horizontal que le permita sobrevivir en un entorno de mercado en donde también participará la generación privada con un 46% de la misma, dejando el restante para la CFE.

A través de esta reforma se busca restablecer el sistema de planeación, históricamente exitoso en el caso de la CFE, y que fue desmantelado con la Reforma Energética del 2013, de tal manera que se pueda armonizar la oferta y demanda de energía sin poner en peligro por desajustes, como actualmente existe, la confiabilidad del sistema, particularmente en algunas regiones.

La transición energética es un aspecto central de la Iniciativa. Si bien se reconoce que en este año la CFE ya alcanzó el objetivo de generar el 35% de la electricidad con fuentes renovables, persiste la meta de reducir los gases efecto invernadero y con ello mitigar el cambio climático en las  centrales de generación de CFE, a partir de 10 plantas de generación hidroeléctrica y la construcción de un parque fotovoltaico en el estado de Sonora. Al estar el talón de Aquiles a nivel mundial en el sector transporte debido a la imposibilidad actual de sustituir las gasolinas y otros combustibles líquidos, el futuro se diseña con una mayor participación para los autos eléctricos y una mayor digitalización en los sistemas. Es por ello que la Iniciativa declara la importancia de mantener la propiedad del estado mexicano en el manejo de los recursos de litio y minerales estratégicos como componentes necesarios en estos dos últimos, de la transición energética.

Un giro a la regulación del modelo neoliberal que permitirá que no se disparen, las tarifas eléctricas en la Iniciativa,  como ocurre en la UE, es a partir de que CFE maneje el despacho económico considerando los costos totales de producción y privilegiando el mérito económico, dejando atrás el criterio de incorporar los costos variables y marginando los costos de los combustibles de generación a partir de la tecnología de mayor costo con ganancias extraordinarias a la generación privada, sobre todo trasnacional, en México. Así CFE garantizará la asequibilidad a partir de mantener el control en la determinación de las tarifas, cumpliendo con el objetivo de mantener el acceso a la electricidad en calidad de un derecho humano.

Por lo anterior, consideramos que la Iniciativa de Reforma Constitucional (octubre 2021), garantiza a México la posibilidad de evitar crisis energéticas como las que actualmente ocurren en otras latitudes y permitirá una transición suave hacia un futuro sustentable.

 

(1)  *Investigadora en el CISAN y Profesora en el Posgrado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Doctora en Ingeniería energética.

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Incidente en Salina Cruz reaviva alertas en Pemex

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Incidente en Salina Cruz reaviva alertas en Pemex

La noche del 21 de junio se registró un incidente con fuego visible en el entorno operativo de la refinería Antonio Dovalí Jaime, en Salina Cruz, Oaxaca, en una franja cercana a la colonia Aviación y al corredor que conecta la planta con la terminal marítima. Horas después, Petróleos Mexicanos (Pemex) informó que controló una fuga de combustóleo en el kilómetro 2+500 del ducto de 16 pulgadas Refinería-Terminal Marítima, mientras autoridades locales y corporaciones de auxilio mantuvieron presencia en la zona.

De acuerdo con la información oficial disponible, personal especializado de Pemex acudió al punto de la pérdida de contención, localizó la filtración, la eliminó y comenzó la recolección del producto expuesto. La empresa precisó que el material recuperado fue llevado a la propia refinería para su manejo bajo sus procedimientos internos y añadió que mantendría vigilancia en el perímetro.

Fuga de combustóleo en zona de Aviación

El episodio generó inquietud entre habitantes de Salina Cruz porque el resplandor y el fuego fueron perceptibles desde distintos puntos de la ciudad, especialmente en áreas cercanas a la colonia Aviación. En esa misma zona se ubica parte del tendido de ductos que enlaza a la refinería con la terminal marítima, una franja industrial sensible por su cercanía con sectores habitados.

En los reportes recabados tras el hecho, Protección Civil indicó de manera preliminar que una hipótesis apuntaba a un manejo inadecuado del drenado de combustible dentro de la instalación, aunque esa versión debía quedar sujeta a revisión técnica. Más tarde, voceros de la refinería señalaron que no se trató de una emergencia mayor, sino de una maniobra controlada de desfogue vinculada con tareas de limpieza, una explicación que buscó desactivar la percepción de riesgo inmediato entre la población, aunque no disipó del todo las dudas públicas sobre el origen del evento.

Antecedentes de incidentes en 2026

El caso no ocurrió en aislamiento. El 9 de junio, Pemex informó sobre otra pérdida de contención en Salina Cruz y señaló que suspendió la operación del sistema de transporte para despresurizar la línea afectada, además de desplegar personal especializado para la atención del evento. En ese episodio, la empresa evitó calificar formalmente el hecho como derrame, aunque imágenes difundidas públicamente mostraron escurrimientos de líquido oscuro sobre una vialidad de la zona.

Antes de ello, el 11 de mayo, la refinería enfrentó un incendio o explosión que dejó seis personas lesionadas, según reportes periodísticos. Posteriormente, Pemex confirmó que uno de los trabajadores heridos falleció, lo que colocó de nuevo en el centro del debate las condiciones de seguridad industrial dentro del complejo.

La repetición de contingencias en un lapso corto coloca presión sobre la gestión operativa del complejo y sobre la capacidad institucional para prevenir eventos mayores. También abre una discusión sobre la calidad del mantenimiento, la integridad de ductos y equipos, y los protocolos de comunicación con la ciudadanía cuando las instalaciones colindan con zonas urbanas.

Refinería estratégica del Pacífico mexicano

La refinería Ing. Antonio Dovalí Jaime fue inaugurada el 4 de agosto de 1979 y, durante décadas, figuró entre las instalaciones clave del sistema nacional de refinación en la costa del Pacífico. La cobertura consultada refiere que ocupa 767 hectáreas, cuenta con 56 áreas de proceso y procesa en promedio alrededor de 240 mil barriles diarios.

Además de abastecer operaciones de refinación, la infraestructura de Salina Cruz se conecta con una terminal marítima que participa en el movimiento de hidrocarburos hacia mercados internacionales. Esa condición vuelve particularmente delicado cualquier incidente en ductos o plantas de proceso, porque sus efectos potenciales abarcan seguridad industrial, continuidad operativa, impacto ambiental y percepción social en una ciudad que convive cotidianamente con instalaciones petroleras.

Rehabilitación, producción y riesgo

En años recientes, Pemex ha insistido en la rehabilitación del Sistema Nacional de Refinación para elevar proceso y disponibilidad de plantas. Sin embargo, la secuencia de eventos registrada en Salina Cruz durante 2026 sugiere que la discusión no puede limitarse al volumen procesado, sino que debe incorporar con más fuerza variables de confiabilidad, mantenimiento preventivo y gestión del riesgo.

Para el debate público, el punto de fondo no es solo si el incidente del 21 de junio resultó un incendio asociado a una contingencia o un desfogue controlado. La cuestión de mayor relevancia es si la empresa puede ofrecer evidencia técnica suficiente para acreditar que sus maniobras, sus ductos y sus sistemas de seguridad operan sin poner en riesgo recurrente a trabajadores y poblaciones vecinas, especialmente en un corredor como el de Aviación, donde los incidentes ya dejaron de percibirse como hechos aislados.

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EE. UU. e Irán: negociaciones rotas y Ormuz cerrado

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EE. UU. e Irán: negociaciones rotas y Ormuz cerrado

Las negociaciones entre Washington y Teherán han entrado en su fase más crítica. Con conversaciones suspendidas en Suiza, un estrecho estratégico bloqueado y amenazas cruzadas entre las dos potencias, el mundo contiene la respiración ante un conflicto que podría redefinir el mapa energético global.

La diplomacia entre Estados Unidos e Irán atraviesa una encrucijada sin precedentes en la era Trump 2.0. Los intentos por convertir una tregua provisional en un acuerdo duradero han chocado contra una muralla de desconfianza mutua, presiones domésticas y agendas que, por ahora, parecen irreconciliables. En el centro del tablero, el Estrecho de Ormuz, por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en la principal ficha de negociación y, al mismo tiempo, en el mayor riesgo para la estabilidad energética internacional.

El colapso de la mesa de Suiza y la escalada en Ormuz

Las conversaciones directas que se llevaban a cabo en territorio suizo quedaron en suspenso cuando la delegación iraní abandonó las negociaciones en respuesta a declaraciones públicas del presidente Donald Trump contra la República Islámica, según indicaron fuentes cercanas al proceso. El episodio reveló la fragilidad del canal diplomático: aun con mediadores activos, una sola declaración presidencial basta para desestabilizar semanas de avances.

El contexto es particularmente volátil. Días antes, los gobiernos habían presentado lo que describieron como un progreso significativo: un alto el fuego temporal y una reapertura parcial del Estrecho de Ormuz. Sin embargo, ese entendimiento se deterioró con rapidez. Teherán decretó un nuevo cierre del paso marítimo como represalia por ataques registrados en Líbano, y Trump respondió advirtiendo que Washington podría imponer sus propias medidas unilaterales sobre esa ruta si las negociaciones fracasaban definitivamente.

El Estrecho de Ormuz, con apenas 33 kilómetros en su punto más angosto, es el mayor cuello de botella energético del planeta. Según la Agencia Internacional de Energía, por él transita alrededor del 20% del petróleo comercializado a escala global. Un cierre prolongado dispararía los precios del crudo, golpearía a economías importadoras de Asia y Europa, y pondría en jaque a los propios países exportadores del Golfo, que también dependen de ese corredor para sus ingresos.

Tres ejes de conflicto que bloquean cualquier acuerdo

Los equipos negociadores han identificado al menos tres nodos de tensión que han resultado imposibles de desanudar hasta ahora.

El primero es el control del Estrecho de Ormuz. Washington exige garantías de libre tránsito energético bajo supervisión internacional, mientras Teherán sostiene que cualquier mecanismo de ese tipo equivaldría a ceder soberanía sobre aguas que considera estratégicas. Para Irán, la capacidad de cerrar Ormuz no es solo una herramienta militar: es su principal carta de disuasión frente a la superioridad convencional estadounidense.

El segundo eje es el programa nuclear y de misiles. La administración Trump ha insistido en que cualquier alivio de sanciones debe ir acompañado de inspecciones amplias y restricciones al enriquecimiento de uranio, así como límites al desarrollo de misiles balísticos de largo alcance. Teherán rechaza estas condiciones señalando que atentan contra su seguridad estratégica, especialmente en un momento en que su aparato de defensa está debilitado por años de guerra y sanciones.

El tercer punto en disputa es la red regional de aliados iraníes. Estados Unidos ha planteado que Irán reduzca su apoyo a Hezbolá y a otras milicias activas en Líbano, Iraq, Yemen y Siria. Para Teherán, sin embargo, ese entramado de actores no estatales representa el núcleo de su doctrina de disuasión ampliada, y su desmontaje en esta etapa equivaldría a negociar desde una posición de debilidad total.

La mediación de Pakistán y el fracaso del “pacto limitado”

Tras un mes y medio de escalada militar en Oriente Medio, ambas potencias acordaron un alto el fuego de dos semanas y abrieron un canal negociador. Las primeras conversaciones se realizaron en Omán, país que históricamente ha actuado como puente entre Washington y Teherán, y posteriormente el proceso pasó a manos de Pakistán, que mantiene vínculos históricos con ambas partes y alberga la mayor comunidad shií fuera de Irán.

Esa primera ronda concluyó sin acuerdo, lo que obligó a reducir las ambiciones: en lugar de un entendimiento integral, los negociadores intentaron construir un “pacto limitado” centrado exclusivamente en el cese de hostilidades y en garantizar el tránsito por Ormuz, dejando para una fase posterior los asuntos estructurales —programa nuclear, sanciones, influencia regional—. Pero incluso ese formato mínimo ha encontrado obstáculos: los dos gobiernos discrepan sobre el calendario de alivio de sanciones, el alcance de las inspecciones y los mecanismos de verificación en el estrecho.

Estados Unidos ha reforzado su presencia naval en el Golfo Pérsico e impuesto un bloqueo a puertos iraníes, combinando presión militar y económica para forzar concesiones. Irán, por su parte, utiliza el ritmo de su programa nuclear y el cierre de Ormuz como señales de que puede escalar el costo si Washington no cede en puntos clave. En el plano interno, el gobierno iraní necesita mostrar ante su base política que cualquier acuerdo representa un alivio económico tangible tras una guerra devastadora, no una rendición ante las demandas estadounidenses.

Tres escenarios que marcan el horizonte

Los analistas que siguen el proceso identifican tres trayectorias posibles en el corto plazo.

El primero es una escalada controlada: el cierre de Ormuz y las provocaciones cruzadas podrían derivar en incidentes navales o en ataques indirectos en terceros países, manteniendo la tensión elevada pero sin desencadenar un choque frontal mientras continúa una negociación intermitente. Este escenario es el más probable en el corto plazo, pero el más peligroso si alguno de los dos lados calcula mal.

El segundo es un congelamiento con “pacto mínimo”: Washington y Teherán podrían terminar aceptando un entendimiento muy acotado —garantías básicas de tránsito en Ormuz y mecanismos elementales de verificación— que estabilice la situación militar sin resolver ni el expediente nuclear ni la disputa regional. Sería un alivio temporal para los mercados energéticos, pero dejaría pendiente una bomba de tiempo diplomática.

El tercero, y el más disruptivo, es la ruptura abierta: si Irán sostiene el cierre del estrecho y Estados Unidos decide pasar de las amenazas a acciones contundentes —forzar el paso de convoyes navales o atacar infraestructura iraní—, el marco negociador colapsaría y la crisis se extendería a los mercados globales de energía con consecuencias impredecibles.

La comunidad internacional, encabezada por China e India —los dos mayores compradores de crudo de la región—, observa con alarma una dinámica en la que las señales de distensión duran horas y las de escalada, días. El tiempo de las salidas fáciles parece haberse agotado.

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PEMEX y Petrobras firman un memorando de entendimiento

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PEMEX y Petrobras firman un memorando de entendimiento

Diversas fuentes oficiales y periodísticas coinciden, se trata de un acuerdo de entendimiento o memorando de entendimiento entre PEMEX y Petrobras. La presidenta Claudia Sheinbaum ha descrito reiteradamente que se firmará “un acuerdo de entendimiento” en junio de 2026, orientado a la exploración de aguas profundas y a la eventual explotación mixta en el Golfo de México.

Análisis sectoriales especializados precisan que se concretó un Memorándum de Entendimiento (MoU) enfocado en cooperación técnica, transferencia tecnológica y estudios conjuntos, y subrayan que el instrumento es no vinculante en términos comerciales hasta que se deriven contratos posteriores. Medios como Imagen del Golfo detallan que el convenio es un MoU de cooperación que no supone privatización ni integración empresarial, sino un marco para compartir conocimientos y tecnologías.

Alcances técnicos: aguas profundas, campos maduros y biocombustibles

El eje central del MoU es abrir un canal formal de cooperación en exploración y producción en aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, aprovechando la experiencia de Petrobras, considerada líder mundial en este segmento. La mandataria mexicana ha insistido en que busca aprovechar metodologías brasileñas para perforar en tirantes superiores a 500 metros y analizar el potencial remanente en yacimientos como Cantarell.

Un segundo pilar es la optimización de campos maduros mediante técnicas de recuperación secundaria y terciaria que Petrobras ya aplica en Brasil para encontrar petróleo a mayor profundidad debajo de yacimientos agotados en apariencia. El análisis de Energy News México destaca que el MoU se concentra precisamente en aguas profundas/ultraprofundas del Golfo y en la optimización de campos maduros, con potencial de detonar entre 8,000 y 15,000 millones de dólares de inversión offshore incremental hacia 2030, sujeto a que se concreten contratos derivados.

De forma complementaria, tanto las declaraciones oficiales como la prensa económica señalan posibles colaboraciones en refinación, gas natural y biocombustibles, particularmente biodiésel y etanol a partir de caña, en línea con la agenda más amplia de energía y transición que dialogan México y Brasil.

Declaraciones del gobierno mexicano

En conferencias matutinas, Claudia Sheinbaum ha explicado que el acuerdo se firmaría en junio de 2026, tras una propuesta directa del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva para una alianza PEMEX–Petrobras en el Golfo de México. Sheinbaum ha insistido en que Petrobras es “experto en exploración y producción de aguas profundas” y en una técnica particular para analizar si en campos maduros, como Cantarell, existen reservas a mayor profundidad.

La plataforma oficial Proyectos México recoge la mención de la conferencia del 2 de junio de 2026, donde la presidenta reitera que se va a firmar un acuerdo con Petrobras precisamente por su especialización en aguas profundas y en la revalorización de campos maduros. En la cobertura de Bloomberg Línea, se confirma que el gobierno prevé firmar en junio un acuerdo de entendimiento sobre exploración de aguas profundas, como respuesta a la caída de producción de PEMEX y la necesidad de reponer reservas.

En notas previas, como las de El País y otros medios nacionales, se documenta que desde marzo la mandataria analizaba la propuesta de Lula para una alianza estratégica PEMEX–Petrobras en aguas profundas del Golfo, con visitas técnicas programadas en abril y mayo para evaluar la viabilidad. Esta secuencia refuerza que el MoU es la formalización de un proceso de acercamiento político y técnico que inició meses antes.

Visión desde Petrobras y el lado brasileño

Del lado brasileño, la presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, ha detallado en medios que se prevé firmar un memorando de entendimiento y acuerdos de confidencialidad con PEMEX. Según sus declaraciones, esto permitiría iniciar estudios conjuntos en áreas de tecnología, exploración, producción y refinación, con la visita del director de PEMEX a Brasil para formalizar estos primeros instrumentos.

Coberturas de medios brasileños señalan que Petrobras espera cerrar el memorando con PEMEX “aún este mes de junio”, destacando que el documentos listará diversas áreas de cooperación, intercambio de datos y evaluación de nuevas oportunidades de negocios. Informes económicos apuntan a que la alianza se inscribe en una estrategia de Petrobras para aprovechar la mayor demanda global de crudo y derivados, diversificando sus socios en América Latina.

En conjunto, la narrativa brasileña confirma que el primer paso es un MoU acompañado de acuerdos de confidencialidad, indispensable para compartir información técnica sensible y evaluar proyectos sin compromisos comerciales inmediatos.

Naturaleza jurídica y límites actuales del MoU

Hasta la fecha de las notas consultadas, no hay referencia pública a un texto íntegro del convenio disponible en Gaceta Parlamentaria, Diario Oficial de la Federación o anexos públicos de comunicados oficiales. Los medios y fuentes oficiales hablan del memorando “a firmar” o “recién firmado”, pero no enlazan a la versión PDF ni a anexos técnicos.

Especialistas citados en análisis sectoriales subrayan que el instrumento es un Memorándum de Entendimiento: no es un contrato de operación conjunta, ni una joint venture accionaria, ni implica cesión de campos. Se trata de un marco de cooperación no vinculante que establece objetivos generales, áreas de trabajo y mecanismos de intercambio de personal y metodologías, cuya materialización exige contratos específicos posteriores, sujetos a aprobación de autoridades como CNH y SENER.

Además, algunas notas destacan que el MoU es confidencial en su fase inicial, especialmente en lo relativo a intercambio de datos sísmicos, información geológica y términos de posibles esquemas de explotación mixta. Por ello, es probable que solo cuando se deriven contratos concretos (servicios técnicos, farm-ins, contratos mixtos) se publiquen expedientes con mayor detalle en los canales regulatorios mexicanos.

Implicaciones para el offshore mexicano hacia 2030

Según el análisis de Energy News México, la firma del MoU llega en un momento en que la producción de hidrocarburos líquidos de PEMEX ronda 1.61 millones de barriles diarios (enero–octubre 2025), por debajo de la meta de 1.8 millones al 2030 fijada en su Plan Estratégico 2025–2030. El documento sostiene que la cooperación con Petrobras puede destrabar entre 8,000 y 15,000 millones de dólares de inversión offshore incremental al 2030, siempre que el MoU se traduzca en contratos operativos efectivos.

El mismo análisis estima un potencial de producción incremental atribuible a proyectos habilitados por la tecnología de Petrobras de entre 150,000 y 230,000 barriles diarios hacia 2030, aproximadamente 10–15% de la meta nacional de producción. Áreas como el Cinturón Plegado Perdido (proyecto Trión y descubrimientos contiguos), Campeche Oriente y campos maduros como Cantarell y Ku‑Maloob‑Zaap aparecen como los principales beneficiarios.

La cooperación se alinearía con el uso del vehículo de inversión de 250,000 millones de pesos administrado vía Banobras para financiar proyectos energéticos estratégicos y con la figura de contratos mixtos que el gobierno evalúa para varios proyectos. No obstante, el impacto real dependerá de factores como la disponibilidad de equipos especializados, la situación financiera de PEMEX, la capacidad de ejecución interna y la coordinación regulatoria.

¿Existe el texto íntegro del convenio en abierto?

Con la información disponible hasta el 20 de junio de 2026, no hay evidencia de que el texto íntegro del MoU PEMEX–Petrobras se haya publicado en fuentes oficiales abiertas. Ni las notas de prensa, ni Proyectos México, ni los medios financieros citan o enlazan a un documento completo en formato PDF o similar, lo que sugiere que el acuerdo se mantiene como instrumento técnico–confidencial en esta fase.

Es razonable suponer que, si del MoU se derivan contratos específicos de exploración, producción o inversión, estos deberán pasar por los cauces regulatorios mexicanos (CNH, SENER, posiblemente Hacienda), donde sí se generan expedientes públicos con versiones íntegras o testadas de los documentos. Mientras tanto, quienes requieran revisar el texto con fines jurídicos o periodísticos podrían recurrir a una solicitud de información vía Plataforma Nacional de Transparencia dirigida a PEMEX o SENER, pidiendo el “Memorando de Entendimiento y/o acuerdos de confidencialidad firmados entre PEMEX y Petrobras en 2026”.

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