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Energía

Multa con 15 millones a Endesa por liberar partículas radiactivas en una central nuclear

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La Audiencia Nacional ha confirmado cuatro multas impuestas a Endesa por una batería de “infracciones graves” cometidas en la central nuclear de Ascó I (Tarragona), a raíz de una liberación de “partículas radiactivas” en 2007. Según consta en una sentencia del pasado 18 de marzo, la Sala de lo Contencioso-administrativo rechaza el recurso presentado por la empresa contra la orden del Ministerio de Industria, que castigó a la energética a pagar 15,3 millones de euros, la calificada entonces como la sanción más alta impuesta a una instalación de estas características. El entonces Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) acusó a la compañía de “ocultar” información sobre el incidente.

El fallo del tribunal, de 54 páginas, llega después de una intensa batalla judicial, con múltiples frentes. Por un lado, se abrió la vía penal contra varios directivos de la central nuclear, a los que se investigó por delitos de riesgo catastrófico vinculado con la energía nuclear, delitos contra los derechos de los trabajadores y falsedad documental. Una causa que la Audiencia Provincial de Tarragona archivó en marzo de 2020. Pero ese carpetazo supuso la reactivación de la vía contencioso-administrativa, que se encontraba paralizada a la espera de que se resolviera la penal.

Ahora, tras estudiar el caso y los múltiples informes técnicos incorporados al proceso, la Audiencia Nacional resuelve que Endesa debe pagar los 15,3 millones de euros por incumplir la Ley de Seguridad Nuclear. La fuga se produjo el 26 de noviembre de 2007 durante el volcado de agua y lodo radiactivo en una piscina de combustible, “sin que los operarios que realizaron esta operación” se percataran de que una parte del líquido entró por las “rejillas de aspiración del sistema de ventilación”.

Los magistrados confirman así el contenido de la orden del Ministerio, dictada en 2009 y que preveía cuatro infracciones graves. La primera de ellas, castigada con el abono de 7,5 millones, supuso la “emisión de partículas radiactivas con potencial de superación de los límites de dosis normativamente establecidos”. Además, una vez descubierto el incidente, la empresa no “estableció el control de contaminación externa del personal”; y no “clasificó, señalizó y delimitó radiológicamente las zonas de libre acceso de la central nuclear tras la detección de partículas radiactivas en dichas zonas”.

Otras dos infracciones, castigadas con tres millones cada una, se imponen por no haber notificado el hallazgo de las partículas hasta el 4 de abril de 2008 —cinco meses después del suceso— y por “no haber proporcionado” a la inspección “información pronta y veraz sobre la contaminación”. La cuarta multa, que asciende a 1,8 millones, se dictó por incumplir el Manual de Protección Radiológica de la Central, “al no haber dejado constancia en los registros de vigilancia de la contaminación encontrada en zonas de libre acceso”.

La energética puede recurrir el fallo de la Audiencia Nacional en un plazo de 30 días, según recoge la propia sentencia. Según la web del actual Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, Endesa posee el 100% de Ascó I. La empresa también ostenta el 85% de Ascó II —que comparte con Iberdrola, que suma el 15%—. En 2017, la Audiencia Nacional ya condenó a los responsables de Ascó al pago de 1,1 millones por actuar con “negligencia” en la gestión de fuentes radiactivas en desuso: dos inspectoras del Consejo de Seguridad Nuclear descubrieron en 2011 que la central perdió o traspapeló 233 residuos radiactivos.

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Energía

IA y la transición energética: ¿Cómo la inteligencia artificial está redefiniendo la demanda eléctrica global?

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IA y la transición energética

La IA y la transición energética se han convertido en dos procesos estrechamente vinculados que están transformando el sistema energético mundial. De acuerdo con el informe The 2026 Energy Security Scenarios: Challenges to the transition, elaborado por Shell, la expansión de la inteligencia artificial será uno de los principales factores de crecimiento de la demanda eléctrica hacia mediados del siglo.

El documento proyecta que para 2050 el consumo energético asociado a la IA alcanzará alrededor de cinco mil terawatts-hora, equivalentes a 20 exajoules. Esta cifra representa cinco veces el consumo actual de la infraestructura digital y cerca del 8 por ciento de la electricidad total a nivel global.

Este aumento plantea nuevos retos para los sistemas eléctricos, que deberán adaptarse a una demanda más intensa en un contexto de transición energética y presión climática creciente.

¿Por qué la IA impulsa el crecimiento de la demanda energética?

El informe señala que la inteligencia artificial no solo incrementa el consumo eléctrico por su propia infraestructura, sino también por los efectos económicos que genera. La expansión de centros de datos, redes de transmisión, sistemas de aprendizaje automático y aplicaciones de IA generativa requiere grandes volúmenes de energía de forma constante.

A esto se suma el impacto indirecto de la IA en la electrificación de sectores productivos. El crecimiento económico inducido por el uso de estas tecnologías acelera la adopción de procesos eléctricos en la industria, el transporte y los servicios, lo que amplía aún más la demanda energética global.

Este fenómeno coloca a la IA como un factor central en la planeación energética de las próximas décadas.

¿Cómo afecta la IA a los sistemas eléctricos y las energías renovables?

Según el análisis de Shell, la expansión de la inteligencia artificial ejercerá una presión sin precedentes sobre las redes eléctricas. La necesidad de suministro continuo y confiable para los centros de datos obliga a reforzar la generación, el almacenamiento y la transmisión de electricidad.

¿Cómo afecta la IA a los sistemas eléctricos y las energías renovables?

Al mismo tiempo, la IA desempeña un papel clave en la integración de energías renovables. El informe destaca que estas tecnologías permiten gestionar mejor la intermitencia de fuentes como la solar y la eólica, optimizando el balance entre oferta y demanda.

La inteligencia artificial facilita el uso de sistemas de almacenamiento en baterías y la implementación de respuestas inteligentes de consumo en hogares y fábricas, lo que contribuye a una operación más eficiente del sistema eléctrico.

¿La IA puede acelerar la transición energética?

La IA y la transición energética avanzan de forma paralela, pero no sin tensiones. Aunque la inteligencia artificial permite una mejor gestión de las redes y una mayor eficiencia energética, su crecimiento también obliga a realizar inversiones aceleradas en infraestructura.

El informe advierte que este proceso ocurre en un momento crítico, cuando el mundo se aproxima al umbral de 1.5 grados Celsius de calentamiento global. La necesidad de cubrir la nueva demanda eléctrica sin aumentar las emisiones se convierte en uno de los principales desafíos para los gobiernos y las empresas energéticas.

¿Qué papel jugará la energía nuclear en este escenario?

Ante la presión creciente sobre los sistemas eléctricos, Shell anticipa un renovado interés por la energía nuclear. En particular, los reactores modulares pequeños surgen como una opción para abastecer de electricidad estable a grandes centros de datos vinculados a la IA.

Este posible regreso de la energía nuclear se suma a otros cambios estructurales del sector, como la producción modular de paneles solares, baterías y sistemas energéticos, impulsada por procesos de ensamblaje asistidos por inteligencia artificial.

¿Desaparecerán los combustibles fósiles con el avance de la IA?

El informe señala que, pese al avance tecnológico, los combustibles fósiles no desaparecerán en el corto plazo. El gas natural continuará siendo un respaldo clave para las energías renovables, mientras que el consumo de petróleo podría seguir creciendo hasta la próxima década.

El carbón, aunque en declive, podría mantenerse en el sistema energético incluso después del año 2100. En contraste, el hidrógeno pierde relevancia fuera del sector industrial, mientras que la captura y almacenamiento de carbono se consolida como un componente indispensable para alcanzar los objetivos de emisiones netas cero.

En este contexto, la relación entre IA y la transición energética redefine las prioridades del sector energético global, al combinar innovación tecnológica con desafíos estructurales de largo plazo.

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Energía

La apuesta geotérmica de PEMEX toma fuerza

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La apuesta geotérmica de PEMEX

La apuesta geotérmica de PEMEX entra en escena

La apuesta geotérmica de PEMEX arranca en pozos que ya dieron petróleo y hoy guardan calor a miles de metros de profundidad. Mientras la petrolera carga con deudas y presión por emisiones, un grupo de ingenierías y geociencias decidió meter mano a esa infraestructura para convertirla en generación eléctrica a partir de energía geotérmica. En medio de la transición energética, la empresa productiva del Estado prueba si ese calor puede sostener un nuevo negocio que hable de menos combustóleo y más electrones limpios.

Detrás del giro hay un dato incómodo: en México la geotermia apenas aporta entre 1.5 y 2 por ciento de la electricidad, pese a que el país figura entre las seis naciones con mayor potencial del mundo. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) calculan que esa capacidad podría duplicarse si se aprovechan mejor los recursos ya identificados y se articulan nuevas tecnologías, incluida la reconversión de pozos petroleros.

El proyecto que une a Pemex, IMP, INEEL y UNAM

El punto de quiebre llegó con el primer proyecto conjunto de geotermia para transición energética, impulsado por el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) junto con Petróleos Mexicanos (PEMEX), el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) y la UNAM. El anuncio, realizado en enero de 2026, marcó un hito: por primera vez estas cuatro instituciones se alinean en un proyecto que no busca extraer más crudo, sino calor para sostener la red eléctrica.

En el arranque, la directora del IMP, Elizabeth Mar Juárez, recordó que durante años cada organismo caminó por su cuenta y dejó proyectos a medias o con poco alcance. Ahora, el objetivo es soldar capacidades científicas, de diseño de equipos y operación de campos en un solo frente, con respaldo directo de la Secretaría de Energía.

Pozos viejos, calor nuevo

La apuesta geotérmica de PEMEX se sostiene en una cifra que pesa: más de 10 mil pozos maduros o abandonados en su portafolio que podrían revisarse como fuente de calor aprovechable. Un análisis técnico plantea que reutilizar esa infraestructura, en lugar de perforar desde cero, recorta entre 30 y 40 por ciento el costo de capital de un proyecto geotérmico típico.

El esquema consiste en evaluar la integridad mecánica del pozo, medir gradiente térmico y caudal disponible y después conectarlo a una planta binaria de ciclo Rankine orgánico (ORC). La instalación de intercambiadores de calor y nuevas tuberías permite extraer el fluido caliente, pasar la energía a un fluido de trabajo y devolver el recurso al subsuelo, con tiempos de recuperación de inversión que pueden bajar de seis años y tasas internas de retorno por encima de 15 por ciento.

Coproducción y vínculo con CFE

Además de los pozos abandonados, en Pemex se mira la posibilidad de “coproducir” hidrocarburos y electricidad geotérmica en campos que siguen en operación. La idea es usar el gradiente térmico del reservorio para alimentar pequeñas unidades de generación o procesos de calor industrial, sin frenar el flujo de petróleo o gas que ya sostienen la economía de esas regiones.

Los planes estratégicos de la empresa prevén que parte de esa electricidad limpia se coloque en manos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en un esquema donde ambas empresas del Estado se reparten tareas: Pemex aporta calor y gestión de campos, mientras CFE se enfoca en transmisión, despacho y operación de centrales. Si ese puente se consolida, la geotermia pasaría de ser un experimento casi invisible a un componente reconocible de la matriz eléctrica mexicana.

Un tablero regulatorio en movimiento

El relanzamiento geotérmico ocurre mientras el gobierno afina cambios a la Ley de Geotermia y su reglamento para simplificar permisos y dar espacio a proyectos que reconvierten pozos petroleros. Entre los ajustes se discuten reglas específicas para reasignar áreas, reconocer proyectos de reconversión y establecer incentivos fiscales para quienes se atrevan a entrar a este terreno.

En este tablero, Pemex carga con la presión de reducir emisiones y, al mismo tiempo, de no romper la producción que sostiene las finanzas públicas. De cómo funcione esta apuesta dependerá si los pozos viejos terminan como fierros oxidados o como nodos de una red geotérmica que empuje la transición.

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Energía

UNAM apoyará a Campeche ante derrames petroleros

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Pemex regresa a la BMV con apuesta de deuda

Pemex regresa a la BMV con nueva presión de calendario

Pemex regresa a la BMV en un momento en que el reloj de sus vencimientos empieza a empujar con fuerza. La empresa prepara una emisión de certificados bursátiles en el mercado local con la que busca cambiar deuda de corto plazo por obligaciones de mayor plazo, en un intento por despejar un 2026 cargado de pagos y dudas. La operación se vuelve una especie de termómetro: mide qué tanto espacio le queda a la petrolera en la mesa de los inversionistas mexicanos.

Una emisión para respirar en 2026

El plan parte de un programa de certificados bursátiles que permite levantar hasta 100 mil millones de pesos a lo largo del tiempo, pero el primer golpe será una colocación de hasta 31 mil 500 millones de pesos en varias series que van de cinco a diez años. Ese tramo inicial apunta a refinanciar pasivos que vencen en los próximos meses y a estirar un poco la cobija financiera. Para Pemex, cada año que gana en plazos significa menos sobresaltos en su flujo de efectivo y más margen para atender operaciones, impuestos y proyectos.

En el aviso al mercado se precisa que los recursos se usarán para sustituir deuda de corto plazo, no para expandir de manera agresiva el gasto o la inversión. Ese matiz importa: habla de una empresa que no corre, sino que intenta no tropezar con el calendario. El regreso de Pemex regresa a la BMV combina, así, un mensaje de continuidad financiera con la urgencia de apagar incendios inmediatos.

La mirada de las calificadoras y del mercado

El acompañamiento de Moody’s Local México y HR Ratings se vuelve parte de la historia. Ambas agencias han dado a las nuevas emisiones calificaciones en la parte alta de la escala local, apuntaladas por el respaldo del gobierno federal y por la expectativa de que la empresa contará con apoyo si la marea se levanta más. Esa lectura no borra los niveles de deuda, ni los costos operativos, ni los retos en producción, pero sí abre una ventana para que fondos de pensiones, aseguradoras y otros jugadores institucionales compren estos papeles sin violar sus propios mandatos de riesgo.

En el piso de remates, la pregunta es cuánta tasa exigirá el mercado para tomar ese riesgo y por cuánto tiempo. Pemex regresa a la BMV en un entorno en el que los inversionistas ya conocen su historial de refinanciamientos, atrasos operativos y rescates fiscales; no llegan a ciegas, llegan con memoria y calculadora.

Una vuelta sin acciones, pero con mensaje político

El movimiento no implica vender partes de Petróleos Mexicanos (PEMEX) al sector privado: no hay acciones en juego, ni la empresa deja de ser totalmente propiedad del Estado. Lo que sí ocurre es que el gobierno usa de nuevo a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) como escaparate para mostrar que la petrolera puede salir al mercado local, colocar deuda y conseguir recursos sin recurrir de inmediato a más apoyo presupuestal. Para la administración federal, el éxito de la emisión puede leerse como una validación de su estrategia energética; para los inversionistas, será una prueba de si el riesgo que cargan vale la tasa ofrecida.

En los próximos meses, el desempeño de estas series, su liquidez y la respuesta de los compradores dirán si este regreso se convierte en una puerta abierta para nuevas emisiones o queda como una maniobra puntual para pasar un año incómodo.

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