Energía
Musk ganaría la carrera de las AI con computación espacial
Musk ganaría la carrera de las AI con computación espacial si consigue que la apuesta por los satélites se convierta en la solución a la crisis energética de los centros de datos terrestres. En este escenario, la red de naves y cohetes que ya domina las órbitas bajas pasaría a ser también la gran autopista del cómputo de próxima generación.
De la IPO a la infraestructura orbital
SpaceX se prepara para una salida a bolsa en 2026 con una valoración objetivo de alrededor de 1.5 billones de dólares, lo que la colocaría entre las ofertas públicas más grandes de la historia y le permitiría captar más de 30 mil millones de dólares para financiar su expansión. No se busca únicamente sostener más lanzamientos, sino consolidar una infraestructura orbital de comunicaciones y cómputo que coloque a la compañía en el centro del ecosistema de inteligencia artificial.
Elon Musk ha confirmado que estos planes de oferta pública son consistentes con la hoja de ruta interna y, al mismo tiempo, impulsa xAI, su empresa de inteligencia artificial, diseñada para aprovechar de forma preferente la red satelital y los futuros servicios de procesamiento en órbita. Esta combinación de financiación, cohetes reutilizables y una marca tecnológica global configura el marco en el que Musk aspira a disputar el liderazgo en infraestructura de IA.
Starlink V3 y los futuros data centers
La infraestructura actual se apoya en Starlink, la megaconstelación que ofrece internet de alta velocidad desde órbita baja y que ya cuenta con miles de satélites operativos alrededor del planeta. En su siguiente fase, Musk ha planteado que la nueva generación Starlink V3 podría evolucionar hacia una plataforma de cómputo espacial, capaz de albergar chips de procesamiento y gestionar grandes volúmenes de datos en tiempo casi real.
En este diseño, cada satélite funcionaría como un nodo de data centers distribuidos en el espacio, con enlaces láser de alta capacidad y alimentación solar prácticamente continua. La visión se apoya en la idea de que, al operar fuera de la atmósfera, estos sistemas evitarían parte de las limitaciones de la red eléctrica terrestre y reducirían la necesidad de complejos sistemas de refrigeración que hoy condicionan el crecimiento de los centros de datos.
La crisis energética de la IA como palanca
Mientras tanto, grandes tecnológicas como Microsoft, Google, Amazon y Oracle lidian con el aumento explosivo del consumo eléctrico de sus data centers dedicados a modelos de IA de gran escala. Informes financieros y análisis sectoriales muestran inversiones multimillonarias en infraestructura energética y de refrigeración, junto a tensiones crecientes con redes eléctricas locales que ya operan cerca de su límite.
Estudios recientes advierten que la demanda de energía de los centros de datos podría aumentar más de 100% hacia 2030 respecto a niveles actuales, impulsada sobre todo por la IA. Frente a este panorama, Musk propone trasladar parte de la computación fuera del planeta: en la práctica, convertir el espacio en una nueva “zona industrial” para el procesamiento masivo de datos, alimentado por energía solar y desconectado de los cuellos de botella terrestres.
Una carrera por la computación espacial
La idea de usar órbita baja para cómputo no es exclusiva de Musk, pero la posición de partida de SpaceX es singular. Su flota de cohetes reutilizables y la constelación de Starlink le dan una ventaja de años frente a competidores que apenas comienzan a plantear proyectos similares. Para muchos analistas, si logra desplegar una red funcional de cómputo orbital, podrá ofrecer su capacidad como servicio a gigantes de la IA que no resuelvan sus problemas energéticos en tierra.
En ese escenario, Musk ganaría la carrera de las AI con computación espacial al convertirse en proveedor estructural de capacidad de cómputo para actores como OpenAI, Google o Microsoft, más allá de la batalla por los modelos concretos. El riesgo es que una parte crítica de la infraestructura digital global quede en manos de una sola empresa, lo que abre un debate sobre competencia, soberanía tecnológica y regulación en una era donde los data centers podrían dejar de estar anclados al suelo.
Implicaciones y debates que vienen
Elon Musk se aleja así de la imagen de simple empresario de cohetes para presentarse como arquitecto de la próxima capa física de la computación. La computación espacial combina promesa tecnológica con interrogantes sobre seguridad, costos reales, basura espacial y gobernanza de infraestructuras críticas más allá de las fronteras nacionales.
Mientras Musk acelera el despliegue de satélites y prepara la IPO de SpaceX, gobiernos y reguladores tendrán que decidir cómo responder a un modelo en el que servicios esenciales podrían residir en órbita, operados por un puñado de actores privados. El desenlace de esta carrera definirá no solo quién lidera el negocio de la inteligencia artificial, sino también quién controla los cimientos físicos sobre los que se ejecutará.
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La apuesta geotérmica de PEMEX toma fuerza

La apuesta geotérmica de PEMEX entra en escena
La apuesta geotérmica de PEMEX arranca en pozos que ya dieron petróleo y hoy guardan calor a miles de metros de profundidad. Mientras la petrolera carga con deudas y presión por emisiones, un grupo de ingenierías y geociencias decidió meter mano a esa infraestructura para convertirla en generación eléctrica a partir de energía geotérmica. En medio de la transición energética, la empresa productiva del Estado prueba si ese calor puede sostener un nuevo negocio que hable de menos combustóleo y más electrones limpios.
Detrás del giro hay un dato incómodo: en México la geotermia apenas aporta entre 1.5 y 2 por ciento de la electricidad, pese a que el país figura entre las seis naciones con mayor potencial del mundo. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) calculan que esa capacidad podría duplicarse si se aprovechan mejor los recursos ya identificados y se articulan nuevas tecnologías, incluida la reconversión de pozos petroleros.
El proyecto que une a Pemex, IMP, INEEL y UNAM
El punto de quiebre llegó con el primer proyecto conjunto de geotermia para transición energética, impulsado por el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) junto con Petróleos Mexicanos (PEMEX), el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) y la UNAM. El anuncio, realizado en enero de 2026, marcó un hito: por primera vez estas cuatro instituciones se alinean en un proyecto que no busca extraer más crudo, sino calor para sostener la red eléctrica.
En el arranque, la directora del IMP, Elizabeth Mar Juárez, recordó que durante años cada organismo caminó por su cuenta y dejó proyectos a medias o con poco alcance. Ahora, el objetivo es soldar capacidades científicas, de diseño de equipos y operación de campos en un solo frente, con respaldo directo de la Secretaría de Energía.
Pozos viejos, calor nuevo
La apuesta geotérmica de PEMEX se sostiene en una cifra que pesa: más de 10 mil pozos maduros o abandonados en su portafolio que podrían revisarse como fuente de calor aprovechable. Un análisis técnico plantea que reutilizar esa infraestructura, en lugar de perforar desde cero, recorta entre 30 y 40 por ciento el costo de capital de un proyecto geotérmico típico.
El esquema consiste en evaluar la integridad mecánica del pozo, medir gradiente térmico y caudal disponible y después conectarlo a una planta binaria de ciclo Rankine orgánico (ORC). La instalación de intercambiadores de calor y nuevas tuberías permite extraer el fluido caliente, pasar la energía a un fluido de trabajo y devolver el recurso al subsuelo, con tiempos de recuperación de inversión que pueden bajar de seis años y tasas internas de retorno por encima de 15 por ciento.
Coproducción y vínculo con CFE
Además de los pozos abandonados, en Pemex se mira la posibilidad de “coproducir” hidrocarburos y electricidad geotérmica en campos que siguen en operación. La idea es usar el gradiente térmico del reservorio para alimentar pequeñas unidades de generación o procesos de calor industrial, sin frenar el flujo de petróleo o gas que ya sostienen la economía de esas regiones.
Los planes estratégicos de la empresa prevén que parte de esa electricidad limpia se coloque en manos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en un esquema donde ambas empresas del Estado se reparten tareas: Pemex aporta calor y gestión de campos, mientras CFE se enfoca en transmisión, despacho y operación de centrales. Si ese puente se consolida, la geotermia pasaría de ser un experimento casi invisible a un componente reconocible de la matriz eléctrica mexicana.
Un tablero regulatorio en movimiento
El relanzamiento geotérmico ocurre mientras el gobierno afina cambios a la Ley de Geotermia y su reglamento para simplificar permisos y dar espacio a proyectos que reconvierten pozos petroleros. Entre los ajustes se discuten reglas específicas para reasignar áreas, reconocer proyectos de reconversión y establecer incentivos fiscales para quienes se atrevan a entrar a este terreno.
En este tablero, Pemex carga con la presión de reducir emisiones y, al mismo tiempo, de no romper la producción que sostiene las finanzas públicas. De cómo funcione esta apuesta dependerá si los pozos viejos terminan como fierros oxidados o como nodos de una red geotérmica que empuje la transición.
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UNAM apoyará a Campeche ante derrames petroleros

Pemex regresa a la BMV con nueva presión de calendario
Pemex regresa a la BMV en un momento en que el reloj de sus vencimientos empieza a empujar con fuerza. La empresa prepara una emisión de certificados bursátiles en el mercado local con la que busca cambiar deuda de corto plazo por obligaciones de mayor plazo, en un intento por despejar un 2026 cargado de pagos y dudas. La operación se vuelve una especie de termómetro: mide qué tanto espacio le queda a la petrolera en la mesa de los inversionistas mexicanos.
Una emisión para respirar en 2026
El plan parte de un programa de certificados bursátiles que permite levantar hasta 100 mil millones de pesos a lo largo del tiempo, pero el primer golpe será una colocación de hasta 31 mil 500 millones de pesos en varias series que van de cinco a diez años. Ese tramo inicial apunta a refinanciar pasivos que vencen en los próximos meses y a estirar un poco la cobija financiera. Para Pemex, cada año que gana en plazos significa menos sobresaltos en su flujo de efectivo y más margen para atender operaciones, impuestos y proyectos.
En el aviso al mercado se precisa que los recursos se usarán para sustituir deuda de corto plazo, no para expandir de manera agresiva el gasto o la inversión. Ese matiz importa: habla de una empresa que no corre, sino que intenta no tropezar con el calendario. El regreso de Pemex regresa a la BMV combina, así, un mensaje de continuidad financiera con la urgencia de apagar incendios inmediatos.
La mirada de las calificadoras y del mercado
El acompañamiento de Moody’s Local México y HR Ratings se vuelve parte de la historia. Ambas agencias han dado a las nuevas emisiones calificaciones en la parte alta de la escala local, apuntaladas por el respaldo del gobierno federal y por la expectativa de que la empresa contará con apoyo si la marea se levanta más. Esa lectura no borra los niveles de deuda, ni los costos operativos, ni los retos en producción, pero sí abre una ventana para que fondos de pensiones, aseguradoras y otros jugadores institucionales compren estos papeles sin violar sus propios mandatos de riesgo.
En el piso de remates, la pregunta es cuánta tasa exigirá el mercado para tomar ese riesgo y por cuánto tiempo. Pemex regresa a la BMV en un entorno en el que los inversionistas ya conocen su historial de refinanciamientos, atrasos operativos y rescates fiscales; no llegan a ciegas, llegan con memoria y calculadora.
Una vuelta sin acciones, pero con mensaje político
El movimiento no implica vender partes de Petróleos Mexicanos (PEMEX) al sector privado: no hay acciones en juego, ni la empresa deja de ser totalmente propiedad del Estado. Lo que sí ocurre es que el gobierno usa de nuevo a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) como escaparate para mostrar que la petrolera puede salir al mercado local, colocar deuda y conseguir recursos sin recurrir de inmediato a más apoyo presupuestal. Para la administración federal, el éxito de la emisión puede leerse como una validación de su estrategia energética; para los inversionistas, será una prueba de si el riesgo que cargan vale la tasa ofrecida.
En los próximos meses, el desempeño de estas series, su liquidez y la respuesta de los compradores dirán si este regreso se convierte en una puerta abierta para nuevas emisiones o queda como una maniobra puntual para pasar un año incómodo.
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Semarnat aprueba parque solar en Ticul

Semarnat aprueba parque solar en Ticul: así se gestó el proyecto
Semarnat aprueba parque solar en Ticul después de un proceso de evaluación ambiental que se examinó el predio donde se levantará el Parque Solar Kukuul, entre los municipios de Ticul y Sacalum. El expediente técnico describe una planta fotovoltaica sobre unas 230 a 235 hectáreas, de las cuales cerca de 224 quedarán ocupadas por paneles, subestaciones y caminos de servicio, en un corredor que ya empieza a llenarse de estructuras orientadas al sol.
La autorización llegó tras revisar la Manifestación de Impacto Ambiental en modalidad regional y un paquete de medidas de mitigación que incluyen monitoreos de flora y fauna, manejo de residuos y exclusión de zonas arqueológicas detectadas por el INAH. Semarnat aprueba parque solar en Ticul bajo la condición de que la empresa cumpla con este plan de vigilancia durante toda la vida útil de la planta, calculada en unos 35 años, con un frente de obra que se extenderá alrededor de año y medio.
Un megaproyecto fotovoltaico en el sur de Yucatán
El Parque Solar Kukuul se construirá a la altura del kilómetro 2.7 de la carretera Muna–Felipe Carrillo Puerto, sobre terrenos privados que antes se usaron para agricultura y vegetación secundaria de selva baja caducifolia. La empresa promotora, Parque Solar Kukuul, S. de R. L. de C. V., llevará la generación al mercado eléctrico mayorista, en una zona donde la demanda crece y la red peninsular ha resentido cuellos de botella en temporadas de calor y turismo.
En términos técnicos, la central fotovoltaica está diseñada con una potencia instalada cercana a 95.83 megawatts y una potencia neta de unos 71 megawatts en corriente alterna, que saldrán a la red como energía aprovechable. La planta de Parque Solar Kukuul considera la instalación de cerca de 163,800 módulos solares de unos 585 watts cada uno, conectados a inversores tipo “string”, centros de transformación y una subestación elevadora que concentrará la energía antes de enviarla hacia la infraestructura nacional.
Conexión al Sistema Eléctrico Nacional y rol de la CFE
El corazón eléctrico del proyecto estará en la subestación que enlazará la planta con el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) a través de una línea de transmisión de 115 kilovoltios que llegará hasta la subestación Ticul II, operada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Desde ahí, la energía solar se mezclará con el resto de la generación que alimenta a la Península, una región que hasta ahora ha dependido en buena medida de centrales térmicas y del gas que llega por ductos desde otras zonas del país.
El diseño incluye un sistema de almacenamiento con baterías para suavizar los altibajos diarios de la radiación solar y entregar una curva de generación más manejable para los operadores de la red. Esta combinación de generación y almacenamiento busca reducir las variaciones bruscas en el despacho y recortar la necesidad de respaldo con combustóleo o gas en ciertas horas del día, una demanda recurrente de especialistas y usuarios en Yucatán.
Territorio, ambiente y transición energética
Los dictámenes ambientales señalan que el polígono se ubica sobre vegetación secundaria y parcelas agrícolas, lo que reduce el golpe directo sobre ecosistemas considerados primarios, aunque el paisaje cambiará por completo con las hileras de paneles y caminos internos. Dentro del área de proyecto no se detectaron especies en categoría de riesgo, pero se establecieron programas de rescate y reubicación de fauna, junto con la obligación de respetar zonas no intervenibles marcadas por el INAH y por derechos de vía ya existentes.
Con su aprobación, el Parque Solar Kukuul se suma al corredor de parques solares que ya operan o están en desarrollo en Yucatán, como Chemax Solar y Tebacal, y refuerza el giro de la Península hacia una matriz con más generación renovable y menos peso para los combustibles fósiles. El proyecto coloca a Ticul en el mapa energético nacional y abre nuevas discusiones locales sobre quién gana, quién carga con los cambios en el territorio y cómo se reparte la energía en un sistema que todavía busca equilibrio.
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