Energía
Primer data center de AI del país será en Durango
Primer data center de AI del país será en Durango marca un nuevo capítulo para la relación entre energía e infraestructura digital en México. El proyecto se levanta sobre gasoductos, plantas eléctricas y una apuesta de largo plazo por la inteligencia artificial.
Primer data center de AI del país será en Durango
Primer data center de AI del país será en Durango, no es solo un gran anuncio, es un giro estratégico en la manera en que el estado del norte se inserta en la economía digital global. Concebido como un campus de hiperescala, el complejo estará dedicado a procesar cargas masivas de inteligencia artificial, con una capacidad proyectada de hasta 250 megawatts de TI para entrenamiento y operación de modelos avanzados. Al centro del plan aparece el corredor energético de Durango, que deja de ser un territorio de paso para convertirse en el corazón de un polo de datos.
El proyecto se articula en torno a Fermaca Digital City, el nombre con el que se ha bautizado el nuevo campus de centros de datos y que aprovechará la experiencia del grupo en transporte de hidrocarburos y generación eléctrica. A diferencia de otros desarrollos, el complejo se concibe desde el primer trazo como un ecosistema integrado: infraestructura energética propia, conectividad de alta capacidad y un diseño pensado para albergar equipos de cómputo de última generación, con miras a atraer a firmas globales de tecnología y servicios en la nube.
Un proyecto que nace desde lo energético
Desde su concepción, el primer data center de AI del país será en Durango se ha presentado como un proyecto que pone la energía en el centro de la ecuación. Más allá de las salas blancas y los racks de servidores, la clave está en asegurar un suministro estable, continuo y competitivo de electricidad para sostener operaciones que no pueden detenerse. Por eso, el desarrollo se apoya en una planta de ciclo combinado y en la red de transporte de gas natural que el grupo ha tendido a lo largo de la región.
Esta estructura permite reducir la dependencia de la red pública tradicional y blindar al complejo frente a variaciones de precio o disponibilidad en el mercado eléctrico. En la práctica, el campus funcionará como un gran ancla de demanda para el sistema energético local, comparable a industrias pesadas, pero orientada a un nuevo tipo de “producción”: la ejecución continua de algoritmos que requieren enormes cantidades de energía y capacidad de enfriamiento.
Gas, ciclo combinado y la nube de datos
El diseño del proyecto contempla gasoductos propios, infraestructura de compresión y generación eléctrica dedicada para alimentar tanto a los centros de datos como a otros proyectos industriales asociados. Bajo este esquema, la empresa Fermaca convierte su experiencia en transporte y suministro en una ventaja competitiva para el naciente hub digital duranguense. El objetivo es claro: garantizar que la energía no sea un cuello de botella para las aplicaciones de IA.
El Gobierno de Durango, que ha presentado el complejo como el futuro data center más grande de Latinoamérica, ve en esta infraestructura una oportunidad para posicionar al estado como nodo energético-digital. A través de la plataforma oficial del Gobierno de Durango, la administración estatal ha subrayado que el proyecto se sostiene sobre una combinación de innovación tecnológica y aprovechamiento de recursos energéticos que ya se venían desarrollando en la entidad.
IA soberana y seguridad energética
En la narrativa del proyecto se ha incorporado un componente de soberanía tecnológica vinculado a la inteligencia artificial y a la protección de datos estratégicos. La visión es que los modelos que se entrenen y operen en el campus puedan alimentar plataformas nacionales, entre ellas sistemas de monitoreo y análisis que, a nivel federal.
En ese contexto, contar con un entorno controlado para alojar datos sensibles y ejecutar algoritmos complejos exige algo más que potencia de cómputo: requiere una base energética segura y robusta. La soberanía tecnológica que se invoca en los discursos alrededor del proyecto pasa, en buena medida, por la soberanía en el suministro eléctrico que permitirá que estas plataformas funcionen sin depender de decisiones ajenas al ecosistema que se construye en Durango.
Nueva geografía energética-digital del país
Más allá de los indicadores de empleo y derrama económica, el proyecto perfila una reconfiguración del mapa productivo de Durango. La combinación de centros de datos, infraestructura energética y proyectos industriales asociados crea un corredor donde la energía deja de ser solo insumo para fábricas tradicionales para convertirse también en motor de la economía de los datos. La apuesta es que, a partir de este nodo, el estado pueda atraer a desarrolladores de IA, empresas de nube y compañías que requieran alta capacidad de procesamiento.
La forma en que se gestione esta transición marcará un precedente para futuros desarrollos de infraestructura digital en México. Si el modelo funciona, Durango podría convertirse en referencia de cómo articular gas, electricidad, cómputo avanzado y política pública en un mismo territorio.
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Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite

El recorte sacude al sistema financiero mexicano
Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite del grado de inversión después de reducir la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, el peldaño más bajo antes de caer a categoría especulativa. La decisión arrastra consigo a la Comisión Federal de Electricidad y a las instituciones financieras más grandes del país, en un movimiento que reordena el mapa de riesgo de la economía mexicana.
La agencia cambió simultáneamente la perspectiva de negativa a estable, lo que indica que no anticipa más recortes inmediatos, siempre que no haya nuevos choques en las finanzas públicas.
La CFE: fortaleza operativa, talón de Aquiles fiscal
La deuda senior no garantizada en moneda extranjera de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) bajó de Baa2 a Baa3. Moody’s mantuvo su evaluación crediticia base en ba3, reconociendo que la empresa conserva músculo operativo, pero señala que ese músculo está atado a la salud financiera del gobierno federal.
El vínculo entre la CFE y el soberano es el problema de fondo. Cada peso que el gobierno destina a sostener a la empresa presiona la deuda pública; cada deterioro fiscal se traslada directamente a la calificación de la paraestatal. Moody’s pone a CFE y ocho bancos en el límite precisamente porque ese cordón umbilical no tiene señales de cortarse.
En términos prácticos, la empresa seguirá consiguiendo financiamiento en mercados internacionales, pero a un costo más alto y con menos margen de maniobra.
Los ocho bancos que bajaron un escalón
La rebaja alcanzó a las principales instituciones financieras del país. BBVA México y Santander México figuran entre los ocho bancos afectados, junto con Citibanamex, Banorte, HSBC México, Scotiabank México, Inbursa y Banco Regional.
La lógica de la agencia es directa: el riesgo de los bancos está amarrado al riesgo del país. La calidad de su cartera, la capacidad del gobierno para sostener al sistema financiero y la exposición a deuda soberana y paraestatal determinan su calificación tanto como sus propios balances.
El recorte es de un escalón en las notas de emisor o deuda en moneda extranjera. No los saca del grado de inversión, pero estrecha el margen antes de que eso ocurra.
Qué cambia para los bancos
El fondeo internacional se encarece de forma moderada. La sensibilidad del sistema bancario a cualquier deterioro adicional en las finanzas públicas sube. Los inversionistas institucionales que tienen límites para mantener posiciones en emisores cerca del grado especulativo empezarán a mirar con mayor atención.
Lo que dice Moody’s sobre México
La agencia cita tres factores para el recorte soberano: deterioro de la posición fiscal, presiones de gasto crecientes —incluidos los apoyos a CFE y Pemex— y debilidad en los marcos institucionales y de política pública.
El cambio a perspectiva estable es una señal de pausa, no de alivio. Moody’s acota que el margen para errores en política fiscal y energética es escaso. Cualquier caída de ingresos, recesión o crisis en el sector energético puede traducirse en mayor deuda o en recortes de gasto que vuelvan a tensar las calificaciones.
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La infraestructura que México requiere para las AI

Querétaro concentra hoy el mayor número de centros de datos del país. Las grúas no paran, los anuncios de inversión se acumulan y los titulares hablan de un boom. Pero detrás del ruido, hay un número que lo corta todo: México opera alrededor de 279 megawatts de capacidad instalada y necesita llegar a 1,500 para ser un destino serio de inteligencia artificial. Eso es quintuplicar lo que existe hoy.
Energía, el primer muro
Sin electricidad suficiente, barata y estable, no hay centro de datos que funcione. Para las cargas de IA —entrenamiento de modelos, procesamiento masivo de datos— se requieren decenas o cientos de megawatts por campus, con suministro continuo. La Comisión Federal de Electricidad (CFE) tendría que respaldar una expansión que la industria estima en al menos 1,200 MW adicionales, con una inversión en infraestructura eléctrica de unos 8,800 millones de dólares.
El problema va más allá de los números: más de 70% de la electricidad en México sale de fuentes fósiles. Eso encarece la operación, frena cualquier argumento de sostenibilidad y aleja a empresas que ya operan bajo compromisos de carbono neto cero.
La infraestructura que México requiere para las AI también depende del agua
Las instalaciones de alta densidad computacional consumen agua en sus sistemas de enfriamiento. Querétaro y el Bajío ya cargan con presión hídrica antes de que lleguen más centros de datos. Si la expansión ocurre sin inversión proporcional en tecnologías de enfriamiento eficientes, el conflicto social no tarda.
H3: Conectividad y talento, los otros dos huecos
La demanda de ancho de banda entre centros de datos podría multiplicarse por seis en los próximos cinco años. México necesita redes de fibra óptica capaces de mover 400 a 800 gigabits por segundo por enlace, con latencias bajas entre nodos.
El talento es el cuello más silencioso. No hay suficientes ingenieros eléctricos, mecánicos ni operadores de centros de datos para construir y sostener la infraestructura proyectada. La propia industria lo reconoce: los proyectos de nearshoring tecnológico se topan con escasez de perfiles antes de que se pongan la primera piedra.
Lo que está en juego
México ya ocupa el segundo lugar en el mercado latinoamericano de centros de datos. Hay inversiones directas proyectadas por más de 9,000 millones de dólares y efectos indirectos que superan los 27,000 millones. Si la infraestructura se construye, el país podría alojar cargas de IA para el mercado estadounidense y el latinoamericano desde una posición geográfica que ningún otro país de la región tiene.
Si no se construye, esas inversiones se van a mercados con energía abundante y verde —algunos estados de Estados Unidos, Canadá, países con excedentes hidroeléctricos en Sudamérica. México se quedaría pagando los costos del boom sin capturar sus beneficios.
Lo que pide la industria
La Asociación Mexicana de Data Centers: MEXDC ha señalado de forma directa que sin un plan nacional de energía con metas claras, regulaciones que agilicen permisos de fibra y programas acelerados de formación técnica, México no consolida su posición. No como advertencia, sino como condición.
Cuarenta y tres por ciento de los nuevos centros de datos en el país tendrá que destinar su capacidad a cargas de trabajo de inteligencia artificial. Eso ya no es una proyección: es la dirección que toman los contratos y las decisiones de inversión hoy.
La pregunta no es si México quiere ser hub de IA. La pregunta es si puede armar en tiempo la cadena eléctrica, hídrica, de fibra y de talento que eso exige. Los proyectos anunciados para 2030 tienen fecha. La infraestructura, todavía no.
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Aumentan los apagones en el Sureste por el calor
El calor que apagó al Sureste
Aumentan los apagones en el Sureste por el calor y la causa no es un evento aislado. Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo registran cortes de luz que van desde horas hasta noches enteras, justo cuando las temperaturas escalan a niveles que hacen insostenible vivir sin aire acondicionado. La demanda de energía eléctrica en la región rompió máximos históricos en semanas recientes, según datos del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), el organismo que opera y vigila el sistema eléctrico nacional en tiempo real.
Cuando la demanda rebasa la generación disponible y ya no quedan reservas, CENACE declara emergencia operativa y aplica cortes controlados para evitar un colapso total. Eso es lo que ocurrió.
Gas, transmisión y plantas viejas: tres nudos en el mismo cable
El problema del gas en Nuevo Pemex
El Sureste depende del gas natural que alimenta ciclos combinados y cogeneraciones vinculadas a Pemex. En un episodio reciente, la Comisión Federal de Electricidad explicó que un problema técnico de alta humedad en el suministro proveniente de la central Nuevo Pemex impidió operar con normalidad. Los combustibles alternos que se activaron no alcanzaron para sostener la carga. Los apagones llegaron esa misma tarde.
La Red Nacional de Transmisión, saturada
Aunque en el papel existe capacidad instalada en otras regiones del país, las líneas que conectan esa energía con el Sureste no crecieron al ritmo de la demanda. La Red Nacional de Transmisión acumula rezagos en expansión y modernización que convierten a la región en una especie de isla eléctrica parcial: lo que no se genera localmente, difícilmente llega desde afuera cuando los corredores ya van al tope.
Plantas en mantenimiento, justo en el pico
En los periodos de calor más intenso, varias centrales entran a mantenimiento o registran fallas. La capacidad térmica vieja —combustóleo y diésel— se reserva para emergencias, pero si entra tarde o el combustible escasea, el déficit se descarga primero sobre las zonas más vulnerables. El Sureste lleva años en esa lista.
Aumentan los apagones en el Sureste por el calor y no es novedad
El patrón se repite desde hace años. El Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y centros de análisis han advertido que detrás de los cortes hay causas estructurales: inversión insuficiente en nueva generación, retrasos regulatorios, parálisis de proyectos privados y redes sin modernizar. El sistema aprendió a operar con márgenes de reserva muy bajos, confiando en que nada saldría mal. El cambio climático y las olas de calor cada vez más intensas ya no permiten esa apuesta.
La planeación del sector priorizó que la CFE recuperara participación en la generación nacional, lo que frenó la entrada de nueva capacidad privada —sobre todo renovable— que pudo haber reducido los picos de demanda en el Sureste.
El gobierno federal atribuye los cortes al calor extraordinario y anuncia que nuevas plantas resolverán el problema en los próximos meses. Las cámaras empresariales y especialistas apuntan a un patrón más profundo: apagones ligados tanto al calor como a fallas en gasoductos y en la red de transmisión, con años de acumulación.
¿Cuántas olas de calor más aguanta una red que ya iba al límite?
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