Gas Natural
Tormenta Fern es un riesgo real pero limitado
Tormenta Fern es un riesgo real pero limitado para México
La tormenta Fern entró ya al territorio mexicano desde Texas, con un recuerdo que todavía hela: los apagones y el corte al suministro gas en 2021. La tormenta Fern es un riesgo real pero limitado porque llega con una infraestructura ligeramente mejor equipada para aguantar el golpe. Hoy el país depende del gas que cruza la frontera, sobre todo del que sale de los campos texanos y entra a los gasoductos que alimentan generación eléctrica, industria y hogares, pero hay al menos en este momento ya varios planes de acción en caso de que lo peor suceda: que el termómetro se desplome del lado estadounidense y el sistema eléctrico nacional sufra.
En ese escenario, Fern viene con el precedente de la Tormenta Uri, que congeló equipos, cerró pozos y disparó precios en cuestión de horas. En 2021, buena parte del sistema se encontró sin margen de maniobra y con contratos expuestos a una tormenta perfecta de clima, mercado y regulación. La diferencia hoy es que operadores y autoridades ya saben qué se rompe primero cuando el frío daña la infraestructura.
Cambios en Texas y blindajes parciales
Desde aquella crisis, empresas en Texas y transportistas de gas introdujeron medidas de winterization que protegen equipos, ajustan protocolos y acortan tiempos de respuesta ante temperaturas extremas. Estas acciones no blindan por completo la red, pero sí reducen la probabilidad de un congelamiento en cadena como el que dejó sin suministro a múltiples clientes, incluido México. La tormenta Fern es un riesgo real pero limitado porque cae sobre una red que ahora cuenta con más capas de protección física y operativa, aunque todavía frágil frente a eventos muy prolongados.
Las reglas del mercado también tiran en contra de un corte generalizado. El gas que cruza hacia el sur sostiene ingresos para productores, comercializadores y gasoductos del lado estadounidense. Frenar por completo esos flujos no sólo asfixiaría plantas y usuarios en México; también recortaría de tajo una fuente de efectivo para empresas que ya aprendieron cuánto cuesta dejar que el clima arrase sin planes de contingencia.
La respuesta mexicana y los huecos que siguen
Del lado mexicano, la Secretaría de Energía (SENER) activó planes de contingencia junto con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), con más monitoreo en tiempo real y márgenes para redirigir gas hacia los puntos más tensos. En caso de que Fern apriete demasiado, el sistema puede recargar por un tiempo en hidroeléctricas, combustóleo o carbón, mientras se dosifica el gas donde más falta hace. Esta estrategia no es cómoda ni barata, pero permite evitar que un problema de suministros puntuales se transforme en apagones extendidos.
En ese tablero, nombres como Luz Elena González Escobar aparecen al centro de la discusión pública sobre si el gobierno llegó a esta tormenta mejor preparado o sólo con un discurso más afinado. La realidad es que México sigue casi sin almacenamiento estratégico de gas y opera al día, pendiente de lo que suceda cada semana en los campos y gasoductos estadounidenses. Cada evento severo pone contra la pared a industrias intensivas en gas y abre la puerta a picos de precio que se sienten en tarifas y costos de producción.
Un invierno que sigue poniendo presión
Fern no pinta el cuadro de un “apocalipsis gasero”, pero sí exhibe una vez más hasta dónde estira el sistema cuando el clima se sale de libreto. El escenario más probable combina volatilidad de precios, ajustes forzados en el despacho eléctrico y recortes focalizados en algunas regiones, más que un colapso nacional. La pregunta ya no es sólo si esta tormenta pasará sin romperlo todo, sino cuánto tardará México en construir almacenamiento y diversificar su matriz para que el siguiente invierno no vuelva a atraparlo con la guardia abajo.
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Gas Natural
Sempra cancela proyecto de GNL en Topolobampo

Sempra cancela proyecto de GNL: qué se cayó en Topolobampo
Durante años, el proyecto Vista Pacífico GNL se movió como una promesa para convertir al puerto de Topolobampo en una salida directa del gas estadounidense hacia Asia y Europa. En sus reportes financieros más recientes, Sempra Infrastructure confirmó que decidió detener ese plan y terminar el acuerdo de desarrollo que mantenía con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) desde 2022. La decisión se tomó en diciembre de 2025 y se hizo pública semanas después, en un contexto de cambios regulatorios en México y de giros internos en la estrategia de la compañía.
La terminal proyectada incluía infraestructura para licuar, almacenar y exportar gas natural, con capacidad de varios millones de toneladas anuales de gas natural licuado. El plan descansaba en una idea simple: usar gas importado desde Estados Unidos, aprovechar la red de gasoductos de CFE y despachar el combustible hacia mercados de alto precio en el Pacífico. Sobre el papel, el proyecto se veía como una bisagra entre la sobreoferta de gas en Norteamérica y la demanda asiática, en un puerto que ya alberga distintos megaproyectos industriales.
Cómo se derrumbó el proyecto Vista Pacífico GNL
El acuerdo entre CFE y Sempra Infrastructure arrancó con un memorándum de entendimiento que no obligaba legalmente a ninguna de las partes, pero marcaba la ruta para el desarrollo conjunto de la terminal. En paralelo, la francesa TotalEnergies firmó un entendimiento para comprar una parte relevante de la producción futura de Vista Pacífico y tomar una participación minoritaria en el capital del proyecto. Aun así, la iniciativa no pasó del diseño y de los trámites regulatorios, donde empezó a toparse con una pared.
En febrero de 2026, el comité técnico de la autoridad reguladora del sector rechazó una solicitud de permisos para comercializar gas natural vinculados a la planta de licuefacción. Al mismo tiempo, organizaciones civiles, comunidades pesqueras y académicos cuestionaron los impactos ambientales en la bahía y en el ecosistema marino, después de que la propia Manifestación de Impacto Ambiental reconociera decenas de efectos adversos. Entre ellos estaba el dragado de más de 200 mil metros cuadrados del lecho marino para instalar una unidad flotante de licuefacción en una zona poco profunda, con riesgo de pérdida de hábitat y cambios permanentes en la calidad del agua.
Sempra cancela proyecto de GNL y reacomoda su mapa en México
Cuando Sempra cancela proyecto de GNL, también reacomoda la forma en que piensa su presencia en el país. En su informe anual, la empresa atribuyó la decisión a un cambio en las prioridades tanto de la propia Sempra Infrastructure como de la CFE, y detalló que ambas partes acordaron rescindir el contrato de desarrollo asociado con Vista Pacífico. La compañía recordó que el marco jurídico mexicano de 2025 otorga a las autoridades amplias facultades para suspender o revocar permisos de importación, exportación, almacenamiento y transporte de hidrocarburos, lo que aumenta el riesgo para nuevos proyectos.
Al mismo tiempo, Sempra ajusta otras piezas: la firma informó que modificó su contrato de transporte con CFE para desviar una parte del gasoducto Guaymas–El Oro, en territorio yaqui, con el objetivo de que vuelva a operar hacia 2029. El proyecto Vista Pacífico GNL estaba pensado para aprovechar esa red de ductos en Sonora y Sinaloa, de modo que la cancelación obliga a redefinir qué hacer con la capacidad disponible y con los compromisos de transporte. El giro llega en un momento en que la empresa refuerza activos ya operativos y evalúa otras oportunidades menos expuestas a choques regulatorios y sociales en la región.
Qué queda para Topolobampo y el corredor de gas
La salida de Vista Pacífico deja a Topolobampo sin una de las apuestas más visibles para usar el gas que cruza la frontera norte rumbo al Pacífico. Sin esa terminal, el puerto mantiene otros megaproyectos industriales en marcha, pero pierde una pieza que habría reforzado su papel como puerta de entrada y salida del gas natural licuado en el noroeste. La cancelación también envía una señal al resto de la cartera de proyectos de GNL en México, donde desarrolladores y autoridades toman nota del peso que pueden tener permisos, oposición social y cambios en la política energética.
El caso deja preguntas abiertas para los próximos años: qué uso se dará a la infraestructura ya construida, cómo se ajustarán los contratos entre empresas y Estado, y hasta dónde México quiere depender de la exportación de gas como apuesta de largo plazo.
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Gas Natural
La presidenta afirma que se evitarán impactos por gas natural

La presidenta afirma que se evitarán impactos por gas natural
Desde Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum respondió a una pregunta incómoda: ¿El frenazo en la producción de gas natural licuado en Qatar, en medio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, terminará golpeando el recibo de gas y combustibles en México? La presidenta afirma que se evitarán impactos por gas natural y repite que la prioridad es mantener a raya cualquier sobresalto en los precios que llegue desde el Golfo Pérsico.
No es una promesa, es una respuesta que aterriza en un contexto de alarma global: Qatar decidió suspender parte de su producción en Ras Laffan, un nodo que sostiene cerca de una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado. El movimiento encendió tableros en Europa y Asia, donde los contratos reaccionaron con saltos de hasta 20 o 30 por ciento en pocos días, sobre saliendo los aumentos en el mercado europeo que alcanzó el 50%. En ese clima tenso, el mensaje de Sheinbaum busca mandar una señal de calma al mercado interno antes de que la volatilidad internacional se cuele en las tarifas mexicanas.
Qué dijo Sheinbaum sobre el precio del gas en México
Al ser cuestionada sobre un posible aumento en el precio del gas en México, Sheinbaum fue tajante: “no se prevé un alza”. Aclaró que su equipo ya trabaja con la Secretaría de Energía y, de forma directa, con la Comisión Federal de Electricidad para contener cualquier traslado de los choques externos al consumidor final.
La presidenta afirma que se evitarán impactos por gas natural y repite que el objetivo es proteger la economía de las familias mexicanas, incluso si los precios internacionales siguen en ascenso. Esa postura se apoya en un diagnóstico específico: en el caso del petróleo y sus derivados, explicó, la mayor parte del consumo nacional se cubre con producción interna; aunque México todavía importa gasolinas y turbosinas, el grueso se obtiene en el país.
Producción interna, IEPS y blindaje frente a la tormenta
El mensaje presidencial se sostiene en dos pilares: producción nacional y escudos fiscales. Por un lado, Sheinbaum recordó que el sistema de refinerías —incluyendo instalaciones como Dos Bocas y Deer Park— permite que México dependa menos del exterior para abastecer combustibles, lo que da un margen de maniobra cuando el mercado se sacude por conflictos geopolíticos.
Por otro lado, la presidenta detalló que existe un mecanismo fiscal para amortiguar los sobresaltos: el ajuste al IEPS, el impuesto que grava gasolinas y diésel. Si las cotizaciones internacionales rebasan cierto umbral, la Secretaría de Hacienda puede activar un subsidio o una reducción del impuesto para frenar aumentos bruscos en las estaciones de servicio o en el gas de uso doméstico. Sheinbaum lo describió como una “disminución de impuestos” diseñada para que el impacto de la guerra y del recorte en la producción de gas natural de Qatar no se descargue, de golpe, sobre las familias mexicanas.
Qatar, Ras Laffan y el efecto dominó en el mercado del GNL
Fuera de México, el tablero luce mucho menos estable. QatarEnergy anunció que detuvo la producción de gas natural licuado y productos asociados luego de ataques con drones contra sus complejos en la ciudad industrial de Ras Laffan y en Mesaieed. Ras Laffan funciona como corazón logístico del GNL qatarí y uno de los puntos neurálgicos del suministro para Europa y Asia.
La suspensión no sólo retiró del mercado un volumen clave de GNL, también disparó las expectativas de escasez a corto plazo. Las referencias europeas de gas, como el contrato TTF holandés, registraron aumentos de más de 20 por ciento tras el anuncio, alimentadas por la duda sobre cuánto durará el paro y qué tan vulnerables quedan las rutas que cruzan el estrecho de Ormuz. En este entorno, aunque México no compra directamente grandes volúmenes de Gas Natural Licuado qatarí, forma parte de un mercado global donde cada recorte de oferta puede empujar hacia arriba los precios de referencia que influyen en los contratos norteamericanos y, por extensión, en el costo de importación hacia México.
México frente a la tormenta energética
Expertos citados por medios especializados adelantan que el paro gasero en Qatar puede presionar al alza hasta 30 por ciento los precios del hidrocarburo, considerando tanto la escasez temporal como el encarecimiento logístico del transporte marítimo. Para un país como México, importador neto de gas y con una fuerte dependencia del abasto desde Estados Unidos, ese tipo de movimientos suele traducirse en facturas más altas para la generación eléctrica y la industria.
La respuesta de Sheinbaum intenta colocarse un paso antes de ese rebote: insistir en la producción interna, usar el IEPS como colchón y coordinarse con la CFE para que los contratos no se conviertan en aumentos directos al usuario final. Falta ver cuánto dura el cierre en Ras Laffan y qué tanto se prolonga la tensión militar en la región, pero por ahora la instrucción desde la Presidencia es clara: absorber el golpe afuera antes de que llegue a los hogares.
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Gas Natural
Pemex entrega Macavil a Carlos Slim para impulsar producción de gas

Pemex entrega Macavil a Carlos Slim, un buen acuerdo para ambas partes
Pemex entrega Macavil a Carlos Slim a través de un contrato mixto que reparte tareas y riesgos: la petrolera mantiene al menos 40% del proyecto, mientras el socio privado carga buena parte de la inversión y la operación en campo. El yacimiento se ubica en el sur del país, forma parte de un paquete de 11 contratos que buscan apuntalar la producción terrestre y se suma a cinco acuerdos similares que cerraron en diciembre de 2025. Detrás del anuncio aparece una empresa controlada o vinculada al empresario, pero no el nombre legal de la filial ni el monto de recursos que se van a meter bajo ese acuerdo.
Un contrato mixto atado a gas, condensado y tiempos largos
El movimiento de Petróleos Mexicanos (Pemex) llega después de meses de presión por vencimientos de deuda, rezagos en mantenimiento y resultados flojos en campos maduros que ya no dan lo que prometían. En ese escenario, cada proyecto nuevo se vuelve una pieza de respiración: el contrato busca sacar gas y condensados de un área que todavía tiene años de vida útil, con metas de producción que miran hacia 2045 y periodos de inversión que no se recuperan de la noche a la mañana. El diseño del esquema deja al Estado con mayoría operativa y al socio privado con un tramo de riesgo que pocas compañías están dispuestas a cargar.
El campo Macavil aparece en los planes internos como una ficha más de una estrategia que mezcla urgencia fiscal con un intento de mantener la bandera de la “soberanía energética”. El gobierno presume que, con estos acuerdos, reduce compras de combustibles y gas en el extranjero y conserva la llave principal de las decisiones, aunque la delgada línea entre asociación y dependencia de capital privado se hace más visible con cada firma.
Macavil, reservas sobre la mesa y metas ancladas al mediano plazo
Los documentos técnicos perfilan un yacimiento con reservas probadas de millones de barriles de condensado y decenas de miles de millones de pies cúbicos de gas natural, además de recursos posibles que podrían elevar esas cifras si los pozos responden como espera la ingeniería. La proyección empuja hacia una producción acumulada de decenas de millones de barriles y cientos de miles de millones de pies cúbicos de gas hacia mitad de siglo, con un pico de crudo alrededor de 2028. No se trata de un megacampo, pero sí de una pieza que puede sumar cuando la producción total se pelea cada barril.
El diseño del contrato también concentra en la petrolera la comercialización de lo que salga del subsuelo. Ese punto mantiene a Pemex en el centro de la cadena de valor, pero también reproduce un modelo donde los socios dependen de sus tiempos de pago y de sus propias tensiones de liquidez. En una empresa que arrastra adeudos con contratistas y márgenes apretados, esa condición no es un detalle menor.
La ruta de Carlos Slim del Ixachi a Macavil
Para Carlos Slim, este acuerdo no llega en solitario. El empresario ya metió mano en proyectos como Ixachi, donde compañías de su grupo firmaron contratos para perforación y desarrollo de uno de los campos terrestres más sonados de los últimos años. También extendió su alcance hacia proyectos costa afuera como Zama, en una apuesta amplia por el negocio petrolero mexicano, en un momento en que varios jugadores internacionales han recortado su exposición.
La presencia recurrente del grupo del magnate en licitaciones, contratos de servicios y ahora en este esquema mixto dibuja un mapa donde un puñado de corporaciones nacionales se queda con una porción creciente del trabajo alrededor de la empresa productiva del Estado. No es solo una historia de inversión: también es un reacomodo de poder económico alrededor del negocio de los hidrocarburos.
Transparencia corta y preguntas abiertas
El nuevo modelo nació con la promesa de repartir riesgos y acelerar proyectos, pero la información pública todavía se queda corta: se conocen la figura, la zona geográfica, las metas de producción y el nombre del beneficiario político y económico, pero no los términos finos del reparto de utilidades, ni las cláusulas de salida, ni los incentivos específicos. Esa niebla alimenta dudas sobre cuánto gana el Estado, cuánto se embolsa el socio y quién asume los costos cuando los pronósticos no se cumplen.
En medio de finanzas frágiles para Pemex y una mayor concentración de contratos en manos de unos cuantos grupos, Macavil no solo habla de un campo: habla de la manera en que la empresa intenta salir a flote y de quién se sube a ese salvavidas.
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