Energía
Pasa al Senado, aprueban reforma eléctrica de AMLO
La iniciativa del Presidente de México avala el despacho prioritario de la generación de la CFE sobre privados
El pleno de la Cámara de Diputados aprobó, en lo general y particular, la reforma a la Industria Eléctrica propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador desde el 1 de febrero pasado.
Con 289 votos a favor, 152 en contra y una abstención, el dictamen que busca beneficiar a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en el despacho de la energía eléctrica y regresar la soberanía energética al Estado Mexicano, fue enviada al Senado de la República para seguir con su discusión y votación.
La iniciativa que entró al Congreso de la Unión como preferente, obliga a los colegisladores a debatir, y en su caso, aprobar la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica en no más de 31 días naturales, como lo hicieron sus homólogos a 22 días de recibir la propuesta presidencial.
El dictamen que discutieron los diputados en tribuna y que suscribe el titular del Ejecutivo federal, prioriza la energía que genera la CFE para alimentar más de 35 millones de hogares con luz.
Según la minuta enviada al Senado, el orden de despacho beneficiará primero a las plantas hidroeléctricas, seguidas de las geotérmicas, termoeléctricas, nuclear de Laguna Verde y demás centrales de la CFE, relegando hasta el final a la producida en centrales eólicas, solares y de ciclo combinado privadas.
El proyecto de ley también faculta a la Comisión Reguladora de Energía (CRE) para revocar permisos de autoabastecimiento y sus modificaciones, de detectarse actos presumibles de fraude a la ley.
Además, obliga a revisar la legalidad y rentabilidad de los contratos con Productores Independientes de Energía (PIE), mientras elimina la obligación de comprar energías vía subastas para reducir los costos de generación y permite adquirir Certificados de Energía Limpias (CEL) sin importar la propiedad o la fecha de operaciones comerciales de las centrales eléctricas.
Acompañado de la mayoría legislativa, el presidente de la Comisión de Energía, Manuel Rodríguez González, estimó conveniente su aprobación porque “plantea el rescate y fortalecimiento de la CFE garantizando la calidad y seguridad del Sistema Eléctrico Nacional, manteniendo tarifas bajas inclusive reduciéndolas”.
“De ninguna manera implica la concesión de un trato preferencial a la CFE en detrimento de los competidores privados del Mercado Eléctrico Mayorista, que en 2020 tuvieron una participación del 60.6 por ciento y así continuarán”, argumentó al presentar el dictamen en tribuna.
Garantizan tarifas de luz bajas
Frente al pleno y en compañía de todo el grupo de Morena, el diputado presidente de la Comisión de Energía, Manuel Rodríguez González, estimó conveniente su aprobación porque la iniciativa presidencial “plantea el rescate y fortalecimiento de la CFE garantizando la calidad y seguridad del Sistema Eléctrico Nacional, manteniendo tarifas bajas inclusive reduciéndolas”, dijo.
“En las consideraciones se deja muy claro que los cambios propuestos de ninguna manera implican la concesión de un trato preferencial a la CFE, en detrimento de los competidores privados del mercado eléctrico mayorista, que en 2020 tuvieron una participación del 60.6 por ciento y así continuarán, por lo tanto es falso que tenga la intención de impedir la libre competencia. El fondo de la iniciativa es recuperar la función rectora y de planeación del Estado en una área estratégica como la eléctrica para garantizar la seguridad energética y nacional”, argumentó al presentar el dictamen en tribuna.
Confrontación en el Pleno
En el debate Morena y sus aliados de los partidos PT, PES y del Verde Ecologista defendieron la necesidad de recuperar la soberanía del Estado frente a los intereses de la iniciativa privada, al acusar que los gobiernos anteriores entregaron la electricidad a extranjeros por encima de los intereses de la nación.
En tanto, el bloque opositor integrado por los partidos PAN, PRI y MC argumentaron que la propuesta producirá energía más cara y más contaminante en detrimento del bolsillo de los mexicanos, así como que se pondrá freno al desarrollo de proyectos renovables y a la inversión, a la par de posibles conflictos internacionales.
“Estamos ante una encrucijada. En el esquema actual, pierde México y perdemos como Estado, y desde otro punto de vista, hoy ganan los privados y se cuida el medio ambiente (…) Algunos dirán, sigamos como estamos, llenándole el bolsillo a privados y desollando nuestra industria eléctrica, otros dirán demos vuelta atrás y explotemos nuestra industria para generar nuestra propia riqueza, aún cuando se perjudique el medio ambiente”, ilustró el diputado del PES, Edgar Guzmán Valdez.
En su oportunidad, Enrique Ochoa Reza, exdirector de la CFE, sostuvo que el 80 por ciento del costo por generar energía eléctrica depende del precio del combustible que se utilice, por lo que si la ley obliga al despacho de energía con diésel y combustóleo, los costos de generación de la CFE van a subir, “y por lo tanto, o suben los recibos que pagarán las familias mexicanas o va a tener que aumentar la próxima legislatura el subsidio para pagar la insuficiencia tarifaría, por la diferencia entre el costo elevado del combustible y la tarifa baja que se va a tratar de mantener”.
El diputado del PRD, Antonio Ortega, advirtió que los daños probables por esta reforma ascienden los 300 mil millones de pesos entre subsidios que pagará el gobierno para mantener las tarifas eléctricas, las pérdidas que tendrá la CFE por generar energía con ciclos combinados y por el pago de indemnizaciones y sanciones por incumplimientos de contratos.
El diputado del PT, Gerardo Fernández Noroña, apuntó que el 60 por ciento de la electricidad en México se genera con gas natural importado de Estados Unidos y que solo se ocupa siete por ciento el carbón para generar electricidad en México, frente a 16 por ciento en el vecino país del norte y 23 por ciento en Alemania.
Desde la plataforma virtual del Congreso, el diputado de Morena, Porfirio Muñoz Ledo, sostuvo que “hablar contra el petróleo es una moda”, ya que este país “era enormemente orgulloso del derecho a la expropiación petrolera”.
“El petróleo existirá mucho tiempo. Como dice el secretario general de la ONU, las piedras existirán aunque se acabe la edad de piedra. Se acabará la edad del petróleo y haremos un uso de sus elementos y componentes de manera más adecuada como la petroquímica. No se corrige un curso energético de un país del mundo injuriando a los jefes de Estado, no se discute a gritos se razona con la ciencia. Estamos en la razón trabajamos uno de los instrumentos que hemos creado”, concluyó.
Energía
Política energética, Cuba y Guaymas en la mira de Sheinbaum

Política energética, Cuba y Guaymas en la mira de Sheinbaum
En el puerto de Guaymas, Sonora, la escena parecía rutinaria: un anuncio de obra, cifras de inversión y promesas de empleo. Pero Política energética, Cuba y Guaymas en la mira de Sheinbaum se juntaron en el mismo mensaje cuando la presidenta ligó el proyecto gasífero del noroeste con la decisión de enviar ayuda humanitaria a la isla en plena presión desde Washington. Desde el templete, no sólo habló de ductos y barcos; también colocó a México como país que intenta sostener a La Habana mientras sortea las medidas del gobierno de Donald Trump y sus aranceles al suministro de crudo.
El anuncio de que “esta semana” saldrá un cargamento de víveres y otros insumos hacia Cuba, a través de la Secretaría de Marina (SEMAR), deja ver un movimiento calculado: mantener la mano tendida al pueblo cubano, pero mover el foco del combustible hacia la asistencia en especie. En esa misma línea, la presidenta amarró su mensaje a una tradición diplomática mexicana que presume independencia frente a Estados Unidos, aun cuando el costo político y económico pueda sentirse en casa.
Guaymas como nodo energético estratégico
Guaymas ya no se presenta sólo como puerto pesquero e industrial, sino como centro de un proyecto de gas natural que conecta a Sonora con el mercado global. La presidenta Sheinbaum habló de una inversión privada de alrededor de 130 mil millones de pesos para un gasoducto desde Hermosillo y una planta de licuefacción, orientada a exportar gas hacia Asia y a surtir al sur del país por vía marítima. La operación convertiría al puerto en una pieza que concentra gas que llega desde Texas, lo procesa y lo reparte, con impacto directo en tarifas, seguridad de suministro y planeación de infraestructura.
En esa apuesta, Política energética, Cuba y Guaymas en la mira de Sheinbaum se cruzan de nuevo: mientras defiende la soberanía en el trato con La Habana, la mandataria quiere mostrar que México no depende sólo de refinerías y petróleo crudo, sino que también carga una agenda de gas, puertos y rutas comerciales que se mueven a escala continental. El mensaje implícito es que un país con puertos fuertes y gas asegurado aguanta mejor las sacudidas externas.
Cuba, Trump y la presión desde Washington
El otro eje del discurso se ubica a miles de kilómetros, en la Casa Blanca. La orden de Donald Trump que castiga con aranceles a quienes surtan petróleo a Cuba empuja a México a una zona incómoda: si mantiene los envíos, se expone a sanciones; si los frena, debilita a un aliado histórico. Claudia Sheinbaum insiste en que nunca anunció la suspensión del crudo y que los contratos de Pemex siguen un cauce propio, pero al mismo tiempo empuja la ayuda humanitaria al frente del escenario.
Mientras Trump presume que “pidió” detener el flujo de petróleo y que su solicitud fue atendida, la presidencia mexicana niega que ese tema haya entrado a la llamada que sostuvieron. En medio de esa versión cruzada, aparecen reportes de cargamentos no realizados y dudas sobre hasta dónde llega la autonomía de las decisiones energéticas mexicanas. Lo que se juega no sólo es una ruta de suministro, sino la imagen de un gobierno que quiere mostrarse firme frente a Washington sin romper con su vecino más cercano.
Un equilibrio frágil entre energía y solidaridad
Al usar Guaymas como telón de fondo, la presidenta Sheinbaum intenta tejer dos hilos que pesan: un puerto que aspira a competir en el mapa energético global y una Cuba que resiente cada barco que se retrasa. México no renuncia a su papel de aliado, pero tampoco deja de mirar los riesgos que cargan las sanciones y las disputas con Estados Unidos. El equilibrio se sostiene, por ahora, con barcos de ayuda humanitaria, contratos que se revisan uno a uno y discursos que cambian de tono según el público.
En los próximos meses, los movimientos de barcos, los anuncios sobre nuevos proyectos de gas y las reacciones de Washington mostrarán si esta estrategia aguanta la presión o se raja por algún lado.
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Cox apuesta fuerte por México sostenible

Cox apuesta fuerte por México sostenible y se planta en el centro del mapa energético privado con un plan que mezcla electricidad, agua y nuevos servicios para la industria que no quiere frenar por falta de energía. Esto en un momento en que el país vive el choque entre una demanda eléctrica que crece a toda velocidad y redes que no siempre alcanzan para sostenerla.
Cox apuesta fuerte por México sostenible: de desarrollador solar a utility
Cox Energy América, nació como desarrollador de energía solar con proyectos en México, Chile, Colombia, Panamá y el Caribe, enfocada en contratos de largo plazo con clientes industriales y comerciales. Con el tiempo, el grupo dejó de pensar solo en megawatts instalados y se movió hacia un modelo de utility integrada: generación, suministro, soluciones de infraestructura sostenible y gestión del agua en el mismo portafolio. La compra de activos, la entrada a nuevos negocios y una estructura corporativa más pesada respondieron a esa decisión.
La compra de Iberdrola México cambia el tablero
El giro definitivo llegó cuando Cox decidió comprar el 100% de los activos de Iberdrola México, un paquete de 15 plantas y 2.6 gigawatts que incluye ciclos combinados, cogeneración y parques eólicos y solares. La operación, cercana a los 4,200 millones de dólares, incorpora también a la mayor suministradora privada de electricidad del país, con cerca de una cuarta parte del mercado de usuarios calificados y ventas por arriba de 20 teravatios-hora al año. Para Cox, esa base de clientes industriales y comerciales se vuelve un piso firme desde el cual ofrecer contratos de largo plazo, soluciones a la medida e incluso servicios de eficiencia y respaldo.
En el centro de esta jugada aparece la figura de Enrique Riquelme, presidente de la compañía, quien en entrevistas recientes ha dejado claro que México será el principal mercado del grupo en los próximos 15 años. El mensaje es claro: la apuesta no se agota en la compra de Iberdrola ni en una sola ronda de inversión, sino en una presencia de largo aliento en un sistema eléctrico que todavía arrastra cuellos de botella en transmisión y reservas de capacidad.
Un plan de inversiones que mezcla energía y agua
Sobre la plataforma heredada de Iberdrola, Cox lanzó un plan de inversión de 5,500 millones de euros entre 2026 y 2028, de los que 2,600 millones se quedarán en México. El portafolio anunciado combina 1.7 GW solares, 250 megawatts eólicos, 500 MW de gas, 6.3 gigawatt-hora de baterías y 350 millones de euros para reforzar infraestructura de transmisión en zonas industriales. El objetivo es claro: reducir el riesgo de apagones para grandes usuarios, bajar costos con contratos de largo plazo y abrir espacio a tecnologías de almacenamiento que permitan aprovechar mejor la generación renovable.
En paralelo, Cox afina una estrategia global de 6,400 millones de dólares hasta 2028 para proyectos de agua y energías renovables, donde México vuelve a ocupar un lugar central. Desalinización, tratamiento y distribución de agua se suman al negocio eléctrico como una pieza más en la seguridad hídrica de regiones con estrés creciente. Ahí se cruzan las necesidades de la industria, los límites físicos de las cuencas y la presión social sobre el uso del recurso.
La alianza con Finsolar y el salto a la generación distribuida
La apuesta no se queda en grandes centrales. A finales de 2025, la climate tech mexicana Finsolar anunció una alianza con Cox para detonar hasta 450 MW equivalentes en proyectos solares y sistemas de almacenamiento para clientes comerciales e industriales. El acuerdo contempla 250 millones de dólares y una cartera que combina alrededor de 30 proyectos de gran escala con hasta 400 plantas pequeñas de generación distribuida bajo contratos PPA y modelos de “energy as a service”. El mapa de destino incluye el sur–sureste, el occidente, el Bajío y los corredores industriales del norte, donde la combinación de crecimiento económico y saturación de la red ya se siente en la operación diaria de muchas plantas.
En ese terreno, conceptos como energía solar detrás del medidor, almacenamiento en sitio y contratos diseñados para aplanar picos de consumo dejan de ser términos técnicos y se vuelven decisiones de sobrevivencia para empresas que no pueden detener líneas de producción cada vez que la red se tensa.
Un gigante privado en la transición mexicana
Desde su discurso corporativo, Cox presenta este conjunto de movimientos como una estrategia “100% sostenible” que junta acceso a energía limpia, gestión eficiente del agua y trabajo con comunidades locales. En la práctica, la expansión del grupo abre una pregunta incómoda para el ecosistema mexicano: cómo se acomodarán reguladores, CFE y grandes usuarios frente a un jugador privado que quiere ocupar un espacio decisivo en la transición energética del país. En esa tensión entre inversión, control estatal y urgencia climática se juega buena parte de lo que vendrá para la matriz eléctrica mexicana.
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Lo energético merma crecimiento del país advierte Fitch

Lo energético merma crecimiento del país advierte Fitch Ratings, la alerta que cruza oficinas de gobierno, juntas de gobierno empresarial y salas de guerra. Detrás de la advertencia late una economía que intenta avanzar mientras carga con un modelo energético que no termina de asentarse y que con cada día que pasa sin acercarse a los objetivos propuestos se vuelve más caro.
Un país que camina con el freno de mano puesto
Lo energético merma crecimiento del país advierte Fitch Ratings cada vez que revisa la calificación de México y se topa con el mismo muro: un sector petrolero y eléctrico que exige recursos constantes del presupuesto, pero que no obtiene el impulso que se espera. Petróleos Mexicanos (Pemex) aparece en el centro de esa tensión, con deuda alta, proyectos costosos y una producción que ya no cubre con holgura las expectativas fiscales de hace una década. Cada peso que Hacienda destina a sostener a la empresa del Estado mexicano es un peso menos para infraestructura, innovación y políticas industriales que podrían disparar nuevas ramas productivas. La situación se vuelve peor al considerar que Pemex se supone es el motor del país, el encargado de poner los recursos para todo ello.
CFE, respaldada por el Estado, pero a qué costo
En el lado eléctrico, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se mantiene como columna vertebral del sistema, con respaldo irrestricto del gobierno y calificaciones que incorporan la idea de que el Estado no la dejará caer. Ese soporte, sin embargo, no es gratis. Requiere transferencias periódicas, garantías y decisiones de inversión que muchas veces siguen criterios políticos. La expansión de la red, la modernización de plantas y la entrada de más renovables compiten con la necesidad de mantener tarifas contenidas para hogares y empresas, un equilibrio que suele resolverse con más presión sobre las finanzas públicas.
Regulación concentrada y señales confusas para los inversores
El diseño institucional actual refuerza el papel del Estado como árbitro y jugador al mismo tiempo. La Secretaría de Energía (SENER) concentra facultades que antes estaban repartidas entre órganos reguladores con mayor autonomía, lo que envía señales contradictorias a los inversionistas privados. Autorizaciones que tardan, cambios de criterio sobre contratos y ajustes en reglas del mercado eléctrico hacen que las empresas duden en comprometer capital a 20 o 30 años. El resultado es una inversión privada que llega a cuentagotas, sobre todo en proyectos renovables y de infraestructura de transmisión.
Efecto dominó en empleo, industria y nearshoring
Cuando la energía se vuelve un factor incierto, la industria resiente el golpe. Costos eléctricos menos competitivos, dudas sobre la estabilidad del suministro y cuellos de botella en gas y líneas de transmisión pesan en las decisiones de plantas manufactureras que miran a México como posible destino de nearshoring. Algunos proyectos llegan, otros se quedan a medio camino o migran a lugares donde la combinación de tarifas, regulación y seguridad del suministro luce más clara. Lo energético merma crecimiento del país advierte Fitch Ratings también por esa vía: fábricas que no se instalan, empleos que no se crean y cadenas de valor que toman otros rumbos.
Un modelo que requiere ajustes según Fitch Ratings
La apuesta por un modelo eminentemente estatal en petróleo y electricidad responde a una idea clara de soberanía y control. Pero ese diseño choca con la necesidad de capital fresco, tecnología y velocidad de ejecución que suele aportar la inversión privada. El presupuesto intenta cubrirlo todo: rescatar a la petrolera, sostener a la empresa eléctrica, extender redes, subsidiar tarifas y, al mismo tiempo, cumplir metas de déficit acotado. En esa tensión se diluye el margen para que la energía sea un motor de desarrollo y no un peso que arrastra al resto de la economía. El reto no es menor: desmontar inercias sin provocar un apagón financiero ni energético.
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